La semana pasada hablábamos de potajes, ollas y cocidos. Y, sin duda, uno de los platos donde se pone a prueba la paciencia y el amor del cocinero, es el caldo, la sopa. Para los antiguos celtas representaba la regeneración y eternidad, muchos de nosotros recordamos la infaltable sopera que, aun vacía, reinaba en el centro de la mesa del comedor.