Opinión

“Río Candelaria o de Santa Candelaria y Azopardo son las principales toponimias de Otón Gustavo de Nordenskjöld. Las de lago Solier, lagunas Suecas y río Joffre andan en aguas de borrajas”, nos explica Juan E. Belza en su tan sugestivo como imprescindible libro Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1978. Recordemos que en toda la zona Norte de Tierra del Fuego argentina tan sólo existían dos reducidos núcleos de población: los caseríos de “El Páramo” con la comisaría de “San Sebastián” y la “Misión Salesiana de la Candelaria” en la margen izquierda del río Grande, a tres millas de la desembocadura.

Hace más de un siglo que en el mundo nacían centenares de asociaciones gallegas de todo tipo: Instituciones parroquiales, orfeones, asociaciones asistenciales, socorros mutuos, hospitales, periódicos, grupos folclóricos, comisiones pro escuelas, etc. La primera de ellas fue la Sociedad de Beneficencia Naturales de Galicia de La Habana fundada en el año 1871. Luego en 1879 vendría el Centro Gallego de Montevideo y el primer Centro Gallego de Buenos Aires, ese mismo año. Las entidades nacían y crecían en los más diversos países del mundo, especialmente en Argentina, Cuba, Uruguay y Brasil. Cientos de miles de emigrantes protagonizaron varias olas migratorias hasta los años 60 del siglo pasado. Luego el rumbo seria para la propia Europa.

En una foto remitida por Carlos Montenegro Ruiz, leemos acerca del “Chevalier des Coquilles” de Camerino, Italia: “Camerino, Museo Diocesano. Pintura sobre panel de madera que se supone que es de finales del siglo XV, y que se dice proviene de la Iglesia de Sta. María in Via. Se representan 4 episodios del traslado a España del cuerpo de Santiago, entre los cuales figura el Milagro de las Conchas. Esta obra recuerda muchísimo la sección central de la “Predella” del retablo de la capilla de Santiago en la Iglesia de Sta. María de Araceli de Roma, pintado por Giovenale Johanilis, de Orvieto en 1441, y descrito por Miguel de Erce Ximénez, a principios del siglo XVII”.
“Los misioneros salesianos en general y el padre Alberto De Agostini en particular, bautizaron muchos lugares. Hoy persisten los topónimos siguientes: paraje de La Misión, con río y fondeadero homónimo; lagunas Don Bosco, de Los Cisnes y Larga; Misión Fagnano y laguna Taps o de los Pescados; monte y sierra Alvear; sierra Beauvoir, monte y valle Carbajal; sierra Vicinguerra, monte Tonelli y lago De Gásperi”, asevera el distinguido historiador de raíces vascas Juan E. Belza en el capítulo dedicado a la “Misión Salesiana” de su ineludible libro Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1978.

“Como se puede comprobar, en todos los documentos se repite siempre, al modo de un estribillo, que el hecho aconteció en ‘un lugar llamado Bouzas”, afirma Paulino Freire Gestoso en el capítulo VI de su atrayente libro El Cavallero de Bouzas. Un héroe, olvidado, en la Ruta del Apóstol a Galicia, Gráficas Planeta, Vigo, 2006. Ciertamente, casi con idéntica reiteración, aparece asimismo ese lugar llamado Bouzas en la costa de Portugal, pero sin indicarnos una concreta ubicación.

“Julio Pópper fue el primer explorador de la era argentina y, como tal, padre de muchas nomenclaturas. Perduran: El Páramo; río, sierra y valle Cullen; arroyos Alfa, Beta y Gamma; cerro Vanguardia; sierra Carmen Sylva; puntas Basílica, Sinaí y Pópper; ensenada de la Colonia; sierra y río Fuego; cala y río Ladrillero; río Larrazábal; ensenada Piedrabuena; río y punta Azara; península Mitre; sierra Noguera, sierra y río Irigoyen; ríos Laínez, Bove y Sudamérica; monte Beccar, ríos Bompland y López, sierra Sorondo y Mar Argentino”, leemos en las páginas del siempre admirable libro Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, cuyo autor es el impar historiador de raigambre vasca Juan E. Belza, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1978.

Como nos relata en su ‘Leyenda-Milagro’ el notorio lingüista y etnógrafo Carré Albarellos, justifica así la instauración de la ‘Concha de Vieira’ como símbolo del Peregrino a Santiago de Compostela: “O Cabaleiro dixo aos navegantes, os discípulos de Zebedeo, todas estas causas en como lle acaeceran e amostroulles as vieiras das que ía cuberto, e preguntoulles que lles ía a eles e     que somellaba d’aquelas cousas todas. Eles dixéronlle: ‘Verdadeiramente quer Deus de te facer ora cimar, e Xesús Cristo, por este seu vasalo que aquí nós traguemos nesta barca, quer mostrar por ele o seu poder a ti e mais aos que nesta terra son. Noso Señor Xesús Cristo quiz mostrar por ti aos que ora son, e aos que han vir, que neste seu vasalo quixeren amar e servir, e que o viñesen buscar alí ú el for soterrado, que deben ende traguer cunchas como esas de que tu és cunchado, en maneira de outras taes por sinal e por selo de privilexio”.

“La moderna expedición francesa de ‘La Romanche’, efectuada en 1882 y 1883, salpicó de nuevos nombres al canal de Beagle: islas Becasse, Bridges, Becassine, Martillo, Yunque, Gemelos del Norte y del Sud, Chata, Cigüeña, Petrel, Les Ecláireurs y Mosqueteros y la rada de los Cazadores, cabo Lajarte y bahía D’Arquistade, los montes Martial, Cornú y tal vez el Hyades”, leemos en las páginas del admirable libro Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, cuyo autor es el célebre historiador de raigambre vasca Juan E. Belza, publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1978.

Heme aquí y ahora ante El Cavallero de Bouzas. Un héroe, olvidado, en la Ruta del Apóstol a Galicia, cuyo autor es Paulino Freire Gestoso, con portada de Miguel Ruiz Márquez y maquetación a cargo de ‘Devalocor’, e impreso en ‘Gráficas Planeta’, Vigo, 2006. “A mi padre, Paulino Freire Costas, otro de los grandes Cavalleros de Bouzas en el olvido”, leemos en la dedicatoria de esta obra. “Este libro no pretende ser un trabajo exquisito y de complejas deducciones. Dejaré hablar al corazón con razonamientos simples y honestos –escribe su autor–. Cuando en 1986 José María Pérez me mostró, con gran misterio y picardía, la obra de Carré Albarellos ‘Colección de 120 leyendas gallegas’, supe, antes de leerlo, que algo interesante tenía en sus manos. Cuando lo ojeé, me pareció, más que interesante: increíble. ¡El Apóstol, antes de llegar a su destino definitivo, ya martirizado, había decidido pasar por Bouzas!”.

“Cuando los términos extremos de un país se hallan separados de la metrópoli y ciudad más cercana, por tres mil quilómetros de mar, la Armada se convierte necesariamente en el largo brazo de la Patria, protector de la soberanía, vidas y propiedades. Si a la estimación de la distancia arrimamos los impedimentos del mar patagónico, sus vientos huracanados y constantes, lo ríspido de costas y puertos y el crecimiento enorme de sus mareas, el abrazo materno y el valor de los hombres que lo encarnan adquiere dimensiones heroicas, difíciles de evaluar”, considera el notorio historiador de prosapia vasca Juan E. Belza en su esencial obra Romancero del topónimo fueguino, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1978.

Fueron los romanos –muy conocedores y con gran querencia hacia los vinos– quienes trajeron las viñas a la comarca de Valdeorras en la provincia gallega de Ourense. Extensos viñedos que, a través de los siglos, fueron adquiriendo un significativo sello para todos sus habitantes. Durante la Edad Media estas tierras valdeorresas pertenecieron, en su mayoría, a los Condes de Lemos. Los Reyes Católicos en el siglo XV le otorgaron al Conde de Ribadavia la jurisdicción de esta comarca. A lo largo del tiempo el vino –pues hay que recordarlo– constituyó un bien muy preciado, moneda de cambio, incluso de pago de impuestos así como de milagros ante los santos de todas estas fértiles tierras.

“Pertenece a los misioneros anglicanos una pléyade de nombres originales: Cuevas de Gardiner, isla Gardiner, Gable, Puerto Harberton, Viamonte, Cambaceres, Varela, Relegada, Tierra Mayor, Cinco Hermanos, Flat Top, Pink, No Top; Cerros Guanaco, Bandera, Spion Kop, Hewepen, Jeepenor, Saikoh; río Ewan, Ushuaia y una multitud de toponimias ‘yamanas’ y ‘sélknames’ que esperan resurrección”, nos indica el reconocido historiador de raíz vasca Juan E. Belza en su tan hermoso como imprescindible libro Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1978.
Nos hallamos en el interior de nuestra hermosa Galicia, al noreste de la provincia de Ourense, en el límite de las provincias de León y Zamora. Es una de las comarcas gallegas donde el vino exhibe su historia escrita en lengua latina. Pues, en efecto, la comarca de Valdeorras es la entrada...
“Mientras la primera expedición de la  Beagle  iniciaba el segundo viaje al estrecho, también por disposición de la ‘Real Sociedad Geográfica’ de Londres, el marino británico Henry Foster emprendía una gira de estudios con el fin de precisar la forma de la tierra por medio de...
Entre las muchas preguntas que nos podríamos formular, una de ellas sería: ¿En qué documento se hace referencia a la traslación del cuerpo de Santiago? Hasta la fecha, las noticias más remotas se hallan en unas adiciones al Martirologio de Floro, obispo de Lyon, marcadas a mediados del siglo IX, donde se relata que los restos del Apóstol Santiago, ‘protomártir’, fueron enterrados ‘frente al mar Británico’. Decapitado por Herodes Agripa, los discípulos de Santiago arribaron con su cuerpo a Galicia.

Mi primera experiencia con el llanto de las tipas, real, fue en la acera del restaurante Morriña, sobre el boulevard Olleros, en el barrio de Belgrano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hace una década. Sucedió en una noche de verano, sentado en una de las mesas al aire libre acompañando a un amigo que me visitaba antes del despacho nocturno.

“Las noticias del viaje subantártico del capitán Cook desataron una invasión de balleneros y cazadores de focas en las aguas sureñas. Predominaron ingleses y norteamericanos. Se calcula que un centenar de barcos rondaron por las ‘Georgias del Sur’ en la última década del siglo XIX.

Hace unos años recibí una llamada telefónica desde Madrid, pidiéndome información sobre temas de inmigración. La persona que hablaba conmigo me dijo que era hijo de gallegos. Que residía en Madrid, desde hace más de quince años, que tenía la nacionalidad española y que su hija había llegado desde Buenos Aires ‘escapando’ del gobierno de De la Rúa. En Madrid hacerle la documentación era casi imposible. Hablamos de los pasos a dar, de los documentos que necesitaba.

“Podían ser más o menos preguntas. Si bien es verdad que sería mejor que fueran muchas más aún, pese a que este número es puramente simbólico. Y es que la capacidad de preguntar le confiere al ser humano una parte importante de su propia y específica definición de persona”, leemos en el ‘introito’ del libro titulado 999 preguntas y respuestas… sobre el ‘Camino de Santiago’, cuyos autores son los periodistas José María Íñigo y Antonio Aradillas, director y subdirector, respectivamente, de la revista internacional de turismo ‘Viajes y vacaciones’. La presente obra corresponde a la editorial ‘Viajes y vacaciones’, Madrid, 1992. Una dimensión ‘xacobea’, pues, que se transformó en la raíz y justificación de los Años Santos, una de los cuales tuvo trascendencia durante 1993.

“Cuando por la gloriosa revolución del 25 de mayo de 1810, proclamó el gobernador delegado de la provincia de Buenos Aires general Martín Rodríguez en el decreto del 10 de junio de 1829, se separaron estas provincias de la metrópoli, la España tenía posesión material de las islas Malvinas y de todas las demás que rodean el cabo de Hornos, incluso la que se conoce bajo la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella posesión por el derecho de primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas europeas y por la adyacencia de estas islas al continente que formaba el virreinato de Buenos Aires de cuyo gobierno dependían”, leemos en el decreto del descubridor político argentino de la Tierra del Fuego, el cual no alcanzó en el momento toda la eficacia esperada, ya que los mismos que en septiembre de 1816 habían apresado en la isla de Santa María la Antigua al Almirante Brown, depredado su barco, el ‘Hércules’ y desarmado a la tripulación por haber doblado el cabo de Hornos sin licencia de la Honorable Compañía de la India Oriental, siguieron merodeando –“como lo hacen todavía”– las costas del Atlántico Sur. Episodios como los de Malvinas, de las cartas patentes de pesca –“y otras yerbas”– jalonaron la ruta de los planes de expoliación.