Si transitamos por las calles de Buenos Aires, la ciudad, con sus puertas y balcones, se asemeja a la urbe que Juan Agustín García denominaba “Ciudad de comerciantes”. Hasta mediados del siglo XIX, se hallaban las “bandolas” –especie de ropavejerías portátiles– donde se mostraban de modo atrayente las baratijas. Simultáneamente, bajo la “recova” del Cabildo, en la que seres humanos aguardaban, a su lado un platillo, la limosna para el sepelio. Aquel Buenos Aires de los viajeros ingleses del inicio del siglo XX –como el de Hudson y Cunninghame Graham, Wilde y Bilbao– estaba algo más arriba de las cejas del transeúnte. El color del jalbegue y de las persianas, al igual que el estilo y clase de la forja de los balcones, eran, desde luego, de distinto gusto, además de viejos.
Desde el lugar más pequeño del mundo se puede observar todo el universo. El escritor Vicente Risco recreaba su erudición situando cada pequeño recuncho de Galicia en el vértice de un cosmos de sueños, ambición e imaginación. Cada rincón del viejo Finisterre se incrusta de sus propias historias, de horizontes singulares, de deseos humanos y ambiciones soñadoras. Un horizonte para un gallego siempre fue un reto insoslayable; lo ha sido en lo físico, en lo geográfico, en lo social y lo es muy singularmente en la creación artística, literaria y plástica.
Estoy delante de eternos ciervos, exactos círculos concéntricos e inextricables laberintos. Paisaje colmado de símbolos cuya significación continúa siendo un sagrado misterio. Así, a simple vista, pudieran ser meras figuras inscritas en las rocas, pero los grabados rupestres constituyen un inefable legado de antiguas civilizaciones. Ciertamente, Galicia es uno de los territorios con mayor riqueza en arte rupestre, superando las 3.400 estaciones catalogadas hasta hoy, específicamente concentradas en las ‘Rías Baixas’, ‘Terras de Montes’ y ‘Baixo Miño’.
El Camino de Santiago es, ante todo, un milagro de pervivencia. A través de los siglos, esta ruta ha sido el gran cauce de la convivencia, el intercambio cultural y el respeto profundo por el otro, valores que hoy, en un mundo convulso, resultan más necesarios que nunca. Al asomarnos al horizonte del Año Santo Jubilar 2027, nos encontramos ante la oportunidad de renovar esa esencia, conjugando la memoria histórica con los desafíos de una modernidad que exige excelencia, sostenibilidad y una visión estratégica de alcance universal.
Entender el alma de una nación a través de sus objetos es una tarea que requiere una mirada experta y, sobre todo, una sensibilidad capaz de leer el devenir de los siglos. El director de las Colecciones Reales, oriundo de tierras lucenses, Víctor Cageao lidera hoy la puesta en valor de un conjunto patrimonial que ha sido, históricamente, el reflejo de la evolución política y estética de la Corona española. Lo hace por decisión de sus majestades Felipe VI y Leticia. Su enfoque, alejado de las visiones anquilosadas, prioriza la accesibilidad y la comprensión profunda de nuestras raíces. En un edificio como la Galería de las Colecciones Reales, donde la arquitectura de Luis Mansilla y Emilio Tuñón dialoga con la historia, Cageao aplica su experiencia en la conservación preventiva para asegurar que piezas únicas no solo se mantengan, sino que hablen con nitidez al público global.
“Este libro no fue escrito para complacer a nadie ni para una posible reedición monumental a costa del municipio; ni para satisfacción personal de ninguna índole. Responde más bien a un deber. Es casi una meditación, al divagar por las calles de un hombre solitario que ni siquiera se ha propuesto un paseo agradable. Un libro, en fin, que pudo no haberse escrito sin que ello dejara ningún vacío en el alma del autor”, nos revela Ezequiel Martínez Estrada en el ‘Prólogo’ de su libro La cabeza de Goliat Microscopia de Buenos Aires, Ediciones de la Revista de Occidente, ‘Cimas de América’ (colección dirigida por Eduardo Caballero Calderón), Madrid, 1970.
“Cada comarca en la tierra/ tiene un rasgo prominente:/ El Brasil su sol ardiente,/ minas de plata, el Perú;/ Montevideo, su cerro;/ Buenos Aires, ¡patria hermosa!,/ tiene la Pampa grandiosa;/ la Pampa tiene el ombú”, así evocamos los inmarcesibles versos del poeta Luis L. Domínguez. Este poema figura al frente del inolvidable libro de relatos El ombú y otros cuentos rioplatenses del narrador de ascendencia británica Guillermo E. Hudson, en la versión española de Eduardo Hillman y publicado por la Editorial Espasa-Calpe Argentina, S. A., Buenos Aires–México, colección Austral, 1ª edición, Buenos Aires, 1941.
Na historia da emigración galega atopamos unha páxina moi especial onde se recollen os éxitos dos que apousaron na Banda Oriental. Desde moi cedo nas terras liberadas polo egrexio Artigas houbo achegas de sangue galego que empurraban polo progreso nun afastado espazo da “costa verdecente” de Galicia. O emigrante Farruco da parroquia de Santa María de Paraños [O Covelo] foi quen aconsellou ao heroe nacional para ingresar en 1797 no “Cuerpo Veterano de Blandengues de La Frontera de Montevideo”.
“Figurémonos una población en tinieblas, con más huecos, zanjas, albañales, estorbos y desperfectos que otra cosa; en que para salir de noche, era preciso hacerlo con linterna, para evitar tropezones y caídas, por cuanto uno que otro farolito en la puerta de alguna esquina, que desaparecía al toque de ánimas, en que todo se cerraba, no suplía la necesidad de alumbrado en las calles. Se hacía indispensable alumbrado público siquiera en la calle principal de San Pedro y en una que otra de lo más poblado”, escribe el narrador y periodista Isidoro de María en su fiel Montevideo antiguo (selección), Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1965.
No hacen falta excusas para convocar a Federico, su Presencia. Pero lo cierto es que estoy escribiendo hoy, 5 de junio, día de su nacimiento en Fuente Vaqueros. Y fue inevitable pensar en el poeta, y sus lazos con Galicia. Pienso que solo la perspectiva de un poeta logra atrapar la imagen invisible, la que pocos ven de personas o paisajes, de hadas y espíritus traviesos. Tratándose de un país que oscila entre lo mágico y lo real con absoluta naturalidad, cuyos habitantes cruzan bancos de niebla cantando, ignoran la lluvia intensa y aman al mar como las gaviotas lo aman, la palabra de un poeta mayor se convierte en guía para descubrir rayos intensos de luz en la espesura de los bosques encantados que algunos caminamos, y otros imaginan como creados por una febril imaginación.
Su paso por la política activa fue breve y marcado por la misma ironía con la que observaba el resto del mundo. Durante una sesión parlamentaria especialmente intensa, donde los discursos ideológicos se encadenaban sin descanso y la retórica inflamaba los ánimos de los diputados, Josep Pla permaneció en su asiento observando el espectáculo con una mezcla de fatiga y distancia. Cuando un compañero de bancada le preguntó qué opinaba de la trascendencia de aquel debate histórico para el futuro de la nación, el escritor, sin retirar la mirada del orador, le respondió que el verdadero problema de aquel país no era la falta de leyes nuevas, sino que los hombres habían olvidado cómo escucharse en silencio alrededor de una mesa.
“Actualmente, en Galicia, hai 141 árbores e 37 formacións catalogadas coma senlleiras, das que 47 árbores e 14 formacións están na provincia de Pontevedra, segundo a última actualización do catálogo realizada en xullo de 2020. Cada unha destas árbores e formacións ten un motivo diferente para a súa catalogación coma senlleira”, explican Ángeles Barros, Pilar Vela y Carmen Salinero, pertenecientes a la Estación Fitopatolóxica ‘Areeiro’ de la Diputación Provincial de Pontevedra. Desde luego que existen árboles célebres y significativos en todo el mundo. Y ello, ya sea por su longevidad y rareza, porte y aspecto, valor histórico, científico o cultural, ya sea, sencillamente, por el afecto popular. Se trata, en definitiva, de admirables monumentos vegetales. Testimonios de nuestra historia y cultura de Galicia que debemos cuidar y preservar.
Así empieza la introducción ‘La magnífica humanidad que Dios ha creado’ y a ella se dirige en reflexión un Santo Padre que ora con sus invocaciones evidentes de buen cristiano, quiere alcanzar a todos con sus reflexiones con su Encíclica Magnifica Humanitas.
“Sobre el tabernáculo está Santiago, a tamaño natural, en plata dorada y con una esclavina del mismo material por encima de sus hombros, ornamentada de piedras preciosas en lugar de conchas… Todo en oro y plata macizos, sentado en una silla, con el bordón en la mano”, leemos en las páginas escritas por Guillaume Manier, en Santiago de Compostela, noviembre de 1726. “La ciudad de Santiago está situada entre grandes montañas, es muy espaciosa y está rodeada por una única muralla con almenas que por una parte están llenas de violetas amarillas, que se ven desde lejos, y por la otra los muros están tan cubiertos de hiedra que parece un bosque: un ancho foso circunda la ciudad y por arriba del muro están las torres cuadradas de antigua fábrica que medían muy poco espacio unas de otras”, así escribe León de Rosmitbal y de Bladua en Santiago de Compostela, el 14 de agosto de 1466.
Non é un cartel, nin un nome. A conmemoración anual do Día das Letras Galegas trascende o persoeiro celebrado, incluso a data, por festiva que sexa, para converterse nun referente da importancia cultural dunha lingua, dunha cultura, dun pobo.
A finais do ano pasado, en Montevideo, o meu vello amigo Xosé Monterroso Devesa publica (pagando do seu peto) Tres mil nomes galegos do Uruguai que sumado aos dous anteriores de 2009 e 2011 (Mil e pico de nomes galegos do Uruguai) son unha triloxía que merece a maior atención porque estamos diante dun rigoroso labor de investigación sobre a emigración galega na República Oriental do Uruguai. Despois de máis de medio século de ininterrompida actividade cultural defendendo a nosa identidade propia, mantén o seu compromiso de poñer en valor a achega dos que acougaron as friaxes na Banda Oriental.