Opinión

Israel y la rebelión árabe

Con la dinámica de revoluciones en el mundo árabe y a la expectativa de qué será lo que finalmente suceda en la Libia de Muammar al Gadafi, pocos análisis han enfocado en cómo Israel observa los actuales acontecimientos en la región, y cuáles son sus perspectivas a corto y mediano plazo.
Israel y la rebelión árabe
Con la dinámica de revoluciones en el mundo árabe y a la expectativa de qué será lo que finalmente suceda en la Libia de Muammar al Gadafi, pocos análisis han enfocado en cómo Israel observa los actuales acontecimientos en la región, y cuáles son sus perspectivas a corto y mediano plazo.
El prudente silencio y una atenta expectativa parecen ser las posiciones oficiales israelíes hacia lo que sucede actualmente en el mundo árabe. La caída de un aliado estratégico como el presidente egipcio Hosni Mubarak supone obviamente un fuerte obstáculo para los intereses israelíes en el Magreb y Oriente Próximo, pero las perspectivas de que esta oleada revolucionaria también afecte a regímenes incómodos, como el libio de Gadafi o incluso Irán y Siria, balancearían favorablemente para Israel esta dinámica de caída de regímenes prooccidentales en el mundo árabe.
Más allá que los cambios en los regímenes árabes, el gobierno derechista israelí de Benjamín Netanyahu observa con mayor preocupación la eventual potencialidad geopolítica de Irán, principalmente por su programa nuclear. La caída de Saddam Hussein en Irak en el 2003 reforzó esta posición geopolítica iraní, obviamente antagónica para los intereses israelíes. Pero si la oleada revolucionaria en el mundo árabe también alcanza a Irán, con la posibilidad de cambios en su régimen teocrático, esa fortaleza iraní apreciaría evidentes síntomas de debilidad.
Al mismo tiempo, la actual rebelión árabe manifiesta una clara pérdida de peso e influencia en la región por parte de EE UU, principal aliado estratégico israelí. Este escenario obligaría a Tel Aviv y Washington a redimensionar su visión estratégica regional, debido a que las inciertas transiciones en los países árabes, especialmente Egipto, muy probablemente consideren una reorientación geopolítica de estos países hacia una visión menos occidentalizada. Actores externos y escenarios emergentes como China, Asia, América Latina o África, ocuparán el espacio estratégico occidental, principalmente estadounidense.
Todo ello refuerza el prudente silencio israelí hacia lo que sucede actualmente en el mundo árabe, una posición tan coherente como reveladora, debido a que constituye una evidencia más sobre las carencias israelíes y occidentales de afianzar vías alternativas de relación con el mundo árabe que no estén estrechamente ligadas con los aspectos de seguridad. El tiempo y la dinámica de los acontecimientos determinarán si realmente es posible observar un cambio de perspectivas por parte israelí ante lo que está sucediendo en el mundo árabe e islámico.

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