Opinión

Manuel Murguía y ‘o feito diferencial galego’

| 03 de marzo de 2011
Los historiadores del galleguismo dentro de sus diferentes etapas –desde el prenacionalismo hasta el nacionalismo– están de acuerdo en atribuir a Manuel Murguía la paternidad de “la teorización del hecho diferencial gallego”, fundamento teórico del movimiento cultural y político del galleguismo. Ahora bien, digámoslo pronto, ¿qué entendemos por “galleguismo”? La teoría y la “praxis” de un movimiento cultural y político que tiene como meta alcanzar el poder para la comunidad gallega o, dicho sea de otro modo, aquel movimiento que encarna el largo y complejo “proceso de reivindicación política de Galicia como ente diferenciado en el Estado español”.
Mas la construcción teórica de ese “feito diferencial” no es una creación “ex nihilo” puesto que Faraldo y Murguía, Risco y Castelao –por tan sólo mencionar a los singulares intérpretes del “diferencialismo galego”– no inventaron la realidad. Es el pueblo gallego el que habla una lengua propia, el que mantiene usos y costumbres, tradiciones y folclore, el que posee una memoria histórica y una conciencia de ser distinto. Únicamente esperaba a aquel intelectual o pensador que supiera otorgarle forma conceptual a esa “realidade preexistente” en Galicia. No en vano fueron archiveros Murguía y Martínez Salazar, Pérez Constanti y López Ferreiro los primeros que se aproximan a ese “feito diferencial galego”. En los “Xogos Florais” de Tui, en 1891, Manuel Murguía expresa en su sobresaliente discurso: “Pois que somos un povo distinto, debemos selo”. Y prosigue: “Lingua distinta acusa distinta nacionalidade”.
Mas el concepto de identidad, empero, abarca dos aspectos que es preciso distinguir adecuadamente: la identidad cultural y la identidad política. Conviene afirmar que la “identidade cultural” –sostenida por la etnicidad y la historia– es la que vislumbra Faraldo, aquella que Murguía analiza y define dentro de una primera conceptualización. Y la que Vicente Risco y Alfonso Daniel Rodríguez Castelao completan mediante su teorización. ¿Y quiénes fueron los “precursores” de Manuel Murguía? Ya desde el siglo XVIII podemos apreciar manifestaciones individuales en las cuales –si bien de una manera inconexa y escasamente diferenciada– se anticipaban algunos elementos de lo que, “mutatis mutandis”, formará parte del denominado “discurso galeguista”. Nombremos así al Padre Sarmiento, defensor del idioma gallego, de los usos y costumbres gallegas, de nuestra flora y fauna inclusive, con el fondo del marco de la atmósfera científica y del progreso social de la Ilustración o “Siglo de las Luces”. Durante esa época asimismo Cornide y Somoza de Monsoríu denunciaban la situación de dependencia económica en que se encuentra Galicia a causa del “intrusismo de los fomentadores catalanes”. Y en los albores del siglo XIX Lucas Labrada publica su magna obra titulada Descripción económica del Reyno de Galicia en cuyas páginas establece un prolijo análisis y recolección de las diversas posibilidades de Galicia, sin olvidarse de señalar a la vez los impedimentos desencadenados por una ausencia de proyección reformista y política.
Una entidad sociológica –“reino”, “nación”, “rexión” o “patria”, según la imprecisa terminología de la época– que se siente discriminada y protesta y denuncia aquello que sólo era posible dentro de la política absolutista del Antiguo Régimen. Por ello, para comprender a los “precursores” del XIX habrá que valorar a los “ilustrados” del siglo XVIII.
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