Opinión

Europa y la rebelión árabe

El modelo turco se puede convertir en una referencia viable para los cambios que actualmente están transcendiendo al mundo árabe, y que ya llevaron a la caída del régimen de Ben Alí en Túnez y la remoción del presidente egipcio Hosni Mubarak, en el poder desde 1981.
Europa y la rebelión árabe
El modelo turco se puede convertir en una referencia viable para los cambios que actualmente están transcendiendo al mundo árabe, y que ya llevaron a la caída del régimen de Ben Alí en Túnez y la remoción del presidente egipcio Hosni Mubarak, en el poder desde 1981.
Más allá de modelos, es necesario intuir que las sociedades árabes están demostrando un despertar político de gran magnitud, a la espera de concretar una necesaria (aunque no menos incierta) revolución democrática. Mientras Túnez y Egipto intentan concretar hasta dónde llegarán sus respectivas transiciones políticas, otros países como Argelia, Yemen o incluso Irán podrían verse arrastrados por la vorágine de protestas y manifestaciones populares.
Todo este contexto no debe ser obviado por una Europa cuya posición frente a la rebelión popular del mundo árabe demuestra su falta de capacidad y visión política, así como de reacción, para comprender hacia dónde apuntan estos escenarios en su periferia contigua mediterránea. Una perspectiva que empaña y obstaculiza actuación de la Unión Europea y de otros gobiernos europeos con cierto peso en la dinámica de los países árabes, como Francia, España o Italia.
La crisis económica y su impacto en una Europa lastrada por la recesión y el desempleo no deben ser factores que condicionen la falta de perspectiva sobre lo que ocurre en el mundo árabe, incrementando este desconcierto de cara a una rebelión popular que acabó con autócratas aliados de los intereses occidentales. Por tanto, la preocupación europea debe ir más allá de unas prioridades como las que aparentemente parecen dominar su discurso, relativos a la posible expansión hacia las costas mediterráneas europeas de una inmigración ilegal que huye de la pobreza económica.
Esta falta de visión europea debe superarse mucho más cuando las transiciones políticas árabes y, en especial, en Egipto, requerirán de un nivel de estabilidad y comprensión que no siempre parece asentarse en las relaciones de Europa con el mundo árabe. Al mismo tiempo, el momento actual debe pulsar con ponderación y claridad el previsible ascenso del occidentalmente temido islamismo político, el cual pide a gritos su reconocimiento como actor político y social fundamental dentro de las sociedades árabes, incluso bajo su reclamo como dinamizador de demandas democráticas y progresistas.
La rebelión árabe no es una expresión aislada ni autóctona, sino que puede ampliarse dentro de la periferia mediterránea y balcánica europea, a tenor de las secuelas de una crisis económica que puede desmontar el tradicional Estado social de bienestar europeo. Tanto como democracia y progreso, la rebelión árabe es una expresión contra un modelo económico que incrementó las desigualdades sociales. Un modelo occidental, reproducido aceleradamente bajo un contexto global.

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