Opinión

Como corrixir a chuvia, como inquietala. Esta reflexión sitúanos ante a paradoxa dun elemento que, sendo indómito, se volve íntimo a través da palabra. A experiencia, cando é persistente e profunda, fai pródiga á mente humana, obrigándoa a buscar na linguaxe a precisión necesaria para distinguir o que a ollos alleos parece idéntico. En Galicia, a chuvia non é un fenómeno meteorolóxico xenérico, senón un catálogo de estados de ánimo e realidades táctiles que só adquiren a súa verdade plena no momento en que se lles outorga un nome e se desbrozan os seus matices máis sutiles.

“Es el anuncio de su perdición. Otras veces, en las caletas tranquilas iluminadas por la luna, llega silencioso y como suspendido sobre las aguas. Los pescadores huyen y se refugian en sus casas.  Si alguno se ha dormido en la ribera o los botes, ya pueden buscarlo a la mañana siguiente, que no lo hallarán jamás. El Caleuche recluta sus tripulantes entre los hombres que se entregan al sueño o al ensueño. Cada botella de alcohol puede contener, junto con una promesa de olvido, un pasaje para el Barco de la Muerte” leemos en las hermosas páginas escritas por el geógrafo e historiador chileno Benjamín Subercaseaux en el ya clásico libro Chile o una loca geografía, Editorial Universitaria, 6º edición, Santiago de Chile, abril de 1988.

Las recetas viajan sin pasaporte, no reconocen fronteras. Las que llegaron al puerto de Buenos Aires en las maletas de los inmigrantes, ya habían incorporado como ingredientes productos americanos. La amiga Raquel Rosemberg, periodista y editora a la que recordaremos siempre con cariño, escribió: “… dicen que América fue conquistada, pero yo siempre digo que hubo un movimiento inverso, y es que América conquistó al mundo a través de su cocina. Si uno recorre distintos países de Europa se da cuenta de que los ingredientes latinoamericanos han salvado poblaciones enteras de la hambruna y participan de innumerables recetas. Por eso tenemos que tener una mirada diferente. Tenemos que salir de la postura de Tercer Mundo y empezar a ser protagonistas. Tenemos que mostrar todo lo que sabemos y podemos hacer”. Sin duda, nos cuesta entender cómo eran las cocinas de nuestros ancestros sin los productos americanos, ni la de América sin los europeos.

O destino, ese fío de liño –resistente, inmaculado e condutor dunha sabedoría ancestral que adquire a forza mítica do fío de Ariadna ou a unión do fío vermello– que Ramón Villares Paz, historiador e catedrático galego leva décadas debullando con precisión de ourive, acaba de trazar un círculo perfecto sobre a xeografía espiritual de Galicia. Apenas uns días despois de que o reitor magnífico anunciase a xenerosa doazón do seu arquivo persoal á Universidade de Santiago de Compostela –ese legado de sesenta e seis caixas que gardan a memoria de cincuenta anos de rigor intelectual–, a Fundación Otero Pedrayo coroa a súa traxectoria co Premio Trasalba 2026.

Estoy ante la inefable portada de la Santa Iglesia Catedral de Santa María de Tui. Además de los apóstoles y profetas, los dos principales personajes parecieran representar a los profetas Jeremías y Daniel. Ahora bien, las estatuas de la izquierda nos muestran a Moisés con las Tablas de la Ley, al profeta Isaías con una “cartela”, a San Pedro con sus llaves y a San Juan Bautista, quien sostiene un disco con el Cordero. Ved ahora el tímpano, dividido en dos registros. En el inferior representa, en continuada escena, el anuncio a los pastores, una especial y rica representación del “Nacimiento del Señor”. Si observáis el registro superior, os mostrará la “Adoración de los Reyes Magos”, flanqueados por el rey Herodes y San José. El lado sur de la fachada –junto con el Claustro– os dejará ver la capilla de Santa Catalina; en su parte superior, las salas del palacio de Don Diego de Muros.

Como lo realizó don Alonso de Ercilla –el épico autor de La Araucana–, dejamos la tierra firme a través del canal de Chacao, si bien hubiéramos podido elegir la partida desde Puerto Montt, por mar. De improviso, nos topamos con una alargada costa sembrada de islas; tan extensa que podríamos creer que forman parte de un continente. Henos ante el prodigioso collar de islas de Chiloé. Chacao fue el “desaguadero” de un viejo lago que ocupaba completamente el golfo de Reloncaví. Cuando se hundió la región, Chiloé quedó metamorfoseada en isla: la “Isla Grande”, que llaman los “chilotes”. Pues, en verdad, 8.394 quilómetros cuadrados es, por ejemplo, una extensión suficiente para dar cabida a tres Ducados de Luxemburgo. Es, empero, la región chilena con menor densidad de población.

La ciudad de Tui tuvo una gran significación en los aconteceres de la Galicia Medieval y Moderna como “plaza fuerte” durante la guerra de “Restauración Portuguesa”. Al inicio de 1809 padeció enormes y numerosas pérdidas a causa de la invasión francesa por parte de las tropas del mariscal Soult, porque la habían designado “cuartel general”. He aquí una encrucijada de severos caminos entre el sur de Galicia y el norte de Portugal. Porque, en efecto, por estos lugares pasaba la “via XIX” del “itinerario” del romano Antonino, la cual –partiendo de Bracara Augusta– se dirigía a Lucus Augusti y a Brigantium, constituyendo siempre un insólito “centro de comunicaciones” y con sus singulares puertos fluviales durante la Edad Media.

Siempre que aludimos a la ciudad chilena de Valparaíso, existen dos adverbios de lugar que nos persiguen: “arriba” y “abajo”. Porque, claro es, los “porteños” no conciben otro aspecto topográfico que el de consultar los horóscopos de los cerros. La mayoría conocemos la parte baja de la ciudad, mientras que ignoramos esa segunda mitad, mucho más extensa, que se dilata en las alturas. Así comprendemos que el pensamiento de los “porteños” ha sido, día y noche, “subir”. Porque los cerros son empinados, de modo que incluso los automóviles han de hacerse cruces para alcanzar los barrios altos. Al igual que en la populosa ciudad gallega de Vigo –también en las italianas de Génova y Nápoles– Valparaíso es una población “vertical”.

La cocina cultural, o tradicional, sus platos, no nacieron para presumir en alfombra roja, ni para ser admirados, transformados en maquetas impecables, sin manchas de salsas ni grasa; nacieron para suplir con ingenio necesidades, para nutrir el cuerpo y el alma, para curar en la diáspora el mal de lejanía, o la morriña.

Lalín ten o premio de Gastronomía máis prestixioso de España, que leva o nome de Álvaro Cunqueiro (1911-1981), escritor, xornalista e gastrónomo mindoniense. O realismo dunha terra de paisaxes que semellan un tapiz multicolor, onde a xeografía se admira sobre un lenzo quebrado por lindes de pedra, corredoiras asfaltadas e ríos que portan a memoria do Deza, únese á súa tradición cultural no máis amplo sentido: é culto que se cultiva na horta e no espírito; o culto que observa o horizonte desde o Monte do Toxo; é culto o desmonizante do Corpiño; é culto o que practican os lalinenses ca súa intelixencia natural, que analiza, procesa, estuda, conxectura e conclúe na mesa e na aula, con retranca sabrosa.

“La antigua ciudad episcopal tudense, una de las siete capitales del Reino de Galicia hasta 1833, se halla situada sobre una rocosa colina, al borde del río Miño, en la frontera con Portugal. De míticos orígenes griegos, aparece, en la época romana, con el nombre de Castellum Tyde como cabeza de la comarca de los Grovios, perteneciente al Conventus Bracarensis. Fue capital en la época de los suevos y visigodos, en donde acuñaron moneda de oro. El rey Vitiza tuvo su corte y palacio en la inmediata entidad menor de Pazos de Reis”, leemos en las páginas del bello e imprescindible libro La Catedral de Tui. Historia y Arte, cuyos autores son Domingo Cameselle Bastos y Ernesto Iglesias Almeida, con fotos de Pío García, y publicado en ‘Edilesa’, León, 2004.

Si el tiempo cabe en un vaso de las horas, bébelo despacio; si nace en un reloj de cuco, disfrútalo como un canto; si lo impone un reloj de pulsera, lúcelo con elegancia; mas si lo dicta un reloj de sol, entrégate a su luz con paciencia. En esta diversidad de medidas subyace una verdad antigua: no somos meros prisioneros de la cronometría, sino habitantes de un flujo constante. Reflexiono sobre el pasar de los días, es una cierta melancolía del pasar, anhelo de porvenir, circunstancia del cumplir años de un maestro amigo, Alfredo Conde

Sor Salud se fue con el año. Con este primer cuarto de siglo del segundo milenio después de Cristo. Hace ya algún tiempo que las noticias llegaban con una cierta parsimonia de sabor amargo, mas se referían a ella, como siempre, como una persona esencial, como una de las personalidades gallegas más influyentes y decisivas a escala internacional. Se hablaba de una emigrante con vocación universal, coraje y valores cristianos cuya obra educativa y solidaria es poco conocida aquí –salvo en Ourense– pero enormemente popular en México, pues su obra al frente de los Colegios Miraflores –con una unidad en la ciudad de las Burgas– es el paradigma de la buena educación, de la que alcanza a las élites pero que atiende a los más necesitados, y esto es quizás menos sabido.

En Valparaíso, a la luz del sol, casi nunca matinal, contemplamos un agrupamiento de irregulares viviendas que coronan los cerros, que se internan dentro de un vaho azul debido a las quebradas muy hondas. Los cerros salen ahora a abrazar el mar. Todo se extiende por ‘El Almendral’ y se abre paso frente al ‘Barón’. ¡Hermoso collar de perlas que engarza el ‘camino plano’! Más lejos, los balnearios de Recreo y Viña del Mar; siguiendo la costa, he ahí Reñaca, Montemar y Concón. Al oeste, Valparaíso lleva un saliente y un faro: Punta de Ángeles. En la zona alta, alrededor del faro, nos hallamos ante el barrio de Playa Ancha que nos regala un acervo de antiguos ‘chalets’, estilo 1900, con un jardín romántico, fértil en papayos, parrones y palmeras que el viento sacude entre remolinos de polvo.

Siento el peso de las ausencias, pero también la luz de la memoria que no se apaga. Este año, mi árbol de Navidad no tiene una ubicación física; lo he plantado en el jardín invisible del recuerdo, allí donde habitan los que ya pertenecen a otro mundo. Desde ese rincón del alma, elevo un mensaje...
La “Gran Ruta Transfronteriza Gerês-Xurés” sin duda es una infraestructura de apoyo a la práctica de ‘senderismo’ con aproximadamente 302 quilómetros de extensión, recorriendo transversalmente el ‘Parque Nacional de Peneda-Gerês’ y el ‘Parque Natural de Baixa-Limia-Serra do Xurés’, semejente a la espina dorsal de esta área protegida, singular a nivel internacional. Ineludible es decir que esta ‘Gran Ruta Peneda-Gerês–GR50’ desde Ameijoeira, en el municipio de Melgaço hasta Tourém, en el municipio de Montealegre. Y además, 6 etapas en el área española, prolongándose por caminos que antaño fueron pisados consecutivamente por las comunidades locales, a causa de las más diversas razones. Ello le concede una entidad histórico-cultural muy significativa. Así, pues, acá, en este, hermoso y digno de asombro paisaje, no es difícil experimentar una visión mística, capaz de explorar nuestros sentidos, si descubrimos los secretos galaico-portugueses dentro de este “espacio-temporal” de la inefable Naturaleza.

“Santiago de Chile y Valparaíso –a criterio del geógrafo e historiador chileno Benjamín Subercaseaux– tienen una unidad geográfica y una dualidad psicológica”. Porque, en verdad, situadas a unos veintisiete minutos geográficos de distancia norte-sur, continúan siendo dos ciudades distintas y lejanas. De un lado, el relieve quiso que estas distancias se acrecentaran a causa de las altas cadenas y hondos valles que las separan. Y por otra, el actual ferrocarril con su extenso trazado en semicírculo a lo largo del valle de Aconcagua ayudó a formar en el viajero una dualidad artificial de tanto recorrer comarcas ajenas al punto de partida como al de llegada, terminando por creer que ambas ciudades distaban millas y millas de incomprensión mutua.

Estamos en Gerês-Xurés, la Reserva de la Biosfera Transfronteriza. He aquí los testimonios de la relación entre el ser humano y la Naturaleza, entre valles y colinas. Son los bosques y los extensos altiplanos donde se perpetúan marcas de esta simbiosis que se extravía en la infinitud del tiempo. Aquella que dilata sus tesoros en medio de los tesoros naturales que otorgan forma a la propia identidad de este admirable y hermoso territorio en que confluyen diversos escenarios bucólicos y geórgicos, aptos para descubrirlos en la geografía de Galicia y Portugal.