Artes se asienta con la solidez de las granodioritas hercínicas en la ladera oeste que dibujan los montes de San Alberte y A Cidá, últimas estribaciones de una sierra del Barbanza, que aquí se rinde ante la inmensidad del Atlántico. Es un mirador privilegiado, un balcón natural donde la geografía gallega se vuelve abierta y rotunda, expuesta a los vientos nobles y a esas lluvias que alimentan un paisaje de verdes profundos y azules salitres. Ante la mirada se despliega el espectáculo de un horizonte oceánico y arenoso, definido por el complejo de Corrubedo y las lagunas de Carregal y Vixán, donde la duna activa de los Montes da Area custodia un ecosistema de marismas y canales mareales que son puro latido geológico.
Resulta prodigioso que un nombre de resonancias tan clásicas –derivado del latín Amantius, aquel que ama o es digno de ser amado– haya terminado por configurar una suerte de estirpe del éxito en la Galicia contemporánea. No es una coincidencia menor que figuras tan dispares en sus disciplinas, pero tan convergentes en su excelencia, compartan este apelativo que parece imprimir un carácter de laboriosidad y triunfo silencioso.
La ciudad de Alcalá de Henares, cuya historia respira el legado universal de Cervantes, ha servido de baluarte para una respuesta necesaria y urgente de los editores de la Unión Europea y América Latina. Bajo el paraguas de EditoRed, se ha proclamado la Declaración de Alcalá de Henares, un documento que no solo analiza la vitalidad del español en el siglo XXI, sino que se erige como un código deontológico frente a una transformación sistémica que amenaza con desvirtuar el oficio. Este manifiesto de resistencia subraya que, ante el desborde tecnológico, la esencia ética del periodismo debe permanecer inalterable.
Aquel neno que, vestido de mariñeiriño, se demoraba sobre a frescura da herba para buscar o alento da terra, non facía outra cousa que preparar o rumbo das súas navegacións futuras. Nese contacto primordial, o pequeno soñaba con barcos que hoxe, convertidos en palabras, atracan no porto deste libro baixo un título mínimo pero suficiente: Memorias desaforadas. É un epígrafe onde cabe todo, ou case todo, nun inventario de vivencias liberadas de calquera peaxe que non sexa a íntima gratificación de saberse vivo e, sobre todo, ben vivido.
Asistimos en el tablero de Oriente Próximo a una representación dramática de la discordia entre la moral y la política. El conflicto que involucra a Irán y sus vecinos pone de manifiesto cómo el moralista político –aquel que forja una moral ad hoc para disculpar los principios de gobierno contrarios al Derecho– se impone sobre el político ético. Se utilizan máximas sofísticas que parecen rescatadas de los tratados de la más rancia razón de Estado: el “actúa y luego justifícate” o el “divide y vencerás”. En este juego de sombras, la legitimación viene después del hecho; la fuerza se disculpa por el éxito y el “buen éxito” se convierte en el único abogado aceptable de una causa que, en el fondo, huele a pólvora y a intereses inconfesables.
El 23-F es el cumpleaños de Laxeiro. Sigue siéndolo muchos años después de tantos inconvenientes tiempos, por su ausencia y por los avatares. Nos salvan la cultura y la amistad; esa que ayer, a deshora –las 13:00 horas de la convocatoria no parecen las más adecuadas para un acto cultural–, nos permitió acercarnos al Museo de Arte Contemporáneo de Vigo a algunos amigos del artista, editores, comisarios, escritores, profesores, fotógrafos, pintores o periodistas. Entre ellos se encontraban el escritor y editor Bieito Ledo, el historiador y crítico de arte Antón Castro, el pintor Antón Pulido, el fotógrafo Carlos Rodríguez, el escultor Silverio Rivas, el galerista Beny Fernández, o el polifacético Xavier Magalhaes, otros que no están en las fotos, como el también galerista Viki Montenegro.
O destino, ese fío de liño –resistente, inmaculado e condutor dunha sabedoría ancestral que adquire a forza mítica do fío de Ariadna ou a unión do fío vermello– que Ramón Villares Paz, historiador e catedrático galego leva décadas debullando con precisión de ourive, acaba de trazar un círculo perfecto sobre a xeografía espiritual de Galicia. Apenas uns días despois de que o reitor magnífico anunciase a xenerosa doazón do seu arquivo persoal á Universidade de Santiago de Compostela –ese legado de sesenta e seis caixas que gardan a memoria de cincuenta anos de rigor intelectual–, a Fundación Otero Pedrayo coroa a súa traxectoria co Premio Trasalba 2026.
Parafraseando con optimismo al gran Octavio Paz, escritor y poeta mexicano, pero alejándonos de su dramatismo esencial, puede decirse que el periodismo es una de las respuestas que el hombre ha inventado para verificar la vida.
Lalín ten o premio de Gastronomía máis prestixioso de España, que leva o nome de Álvaro Cunqueiro (1911-1981), escritor, xornalista e gastrónomo mindoniense. O realismo dunha terra de paisaxes que semellan un tapiz multicolor, onde a xeografía se admira sobre un lenzo quebrado por lindes de pedra, corredoiras asfaltadas e ríos que portan a memoria do Deza, únese á súa tradición cultural no máis amplo sentido: é culto que se cultiva na horta e no espírito; o culto que observa o horizonte desde o Monte do Toxo; é culto o desmonizante do Corpiño; é culto o que practican os lalinenses ca súa intelixencia natural, que analiza, procesa, estuda, conxectura e conclúe na mesa e na aula, con retranca sabrosa.
Si el tiempo cabe en un vaso de las horas, bébelo despacio; si nace en un reloj de cuco, disfrútalo como un canto; si lo impone un reloj de pulsera, lúcelo con elegancia; mas si lo dicta un reloj de sol, entrégate a su luz con paciencia. En esta diversidad de medidas subyace una verdad antigua: no somos meros prisioneros de la cronometría, sino habitantes de un flujo constante. Reflexiono sobre el pasar de los días, es una cierta melancolía del pasar, anhelo de porvenir, circunstancia del cumplir años de un maestro amigo, Alfredo Conde
Sor Salud se fue con el año. Con este primer cuarto de siglo del segundo milenio después de Cristo. Hace ya algún tiempo que las noticias llegaban con una cierta parsimonia de sabor amargo, mas se referían a ella, como siempre, como una persona esencial, como una de las personalidades gallegas más influyentes y decisivas a escala internacional. Se hablaba de una emigrante con vocación universal, coraje y valores cristianos cuya obra educativa y solidaria es poco conocida aquí –salvo en Ourense– pero enormemente popular en México, pues su obra al frente de los Colegios Miraflores –con una unidad en la ciudad de las Burgas– es el paradigma de la buena educación, de la que alcanza a las élites pero que atiende a los más necesitados, y esto es quizás menos sabido.
Como ella misma escribiría, la biografía de Nélida Piñón estaba hecha de piedras sólidas, de bases elocuentes, y de un profundo e inquebrantable amor por Brasil y por Galicia; un afecto visceral por Borela, por Cotobade, y por sus amigos.
Un viaje de seis horas de AVE, 22 horas de vuelos entre Panamá y Madrid y las consabidas esperas aeroportuarias, todo en tres días, para acudir al I Foro de Economía Eurolatino de EDITORED y el diario La Prensa, no pudieron haber sido mejor invertidos que en la lectura de ‘El Pacificador’, la novela de Francisco Suniaga, sugerencia y regalo de Isaac González, expertos conocedores ambos de Sudamérica.
La firma del Decreto de Erección –el acto formal por el que la autoridad eclesiástica establece canónicamente y dota de personalidad jurídica a una nueva entidad dentro de la Iglesia Católica– y los Estatutos de la Fundación Educativa Ultreia por monseñor Francisco José Prieto Fernández, arzobispo compostelano, ha sido una toma de posición intelectual y espiritual de primer orden. Al denominarla con ese vigoroso grito jacobeo, ‘Ultreia’, el prelado nos ofrece una brújula en medio de un laberinto digital y una sociedad asediada por la polarización, buscando orientar y responder a los desafíos de presente y futuro de los colegios vinculados a la diócesis.
La visita al IES Eduardo Pondal de Ponteceso ha sido, más que una lección, un diálogo fecundo, un encuentro con el futuro a la orilla del Atlántico. Como señalara el Bardo de Bergantiños, Eduardo Pondal, en una estrofa el pino es el alma que nos habla, sueña, se mece, duerme, canta, encuentra su ser en contacto con la brisa marina...
El chef Martín Berasategui está celebrando sus 50 años entre fogones, que es el tiempo que lleva dedicándose a la cocina desde que empezó muy joven en el restaurante familiar, El Bodegón. Sus colegas de profesión le han rendido en Marbella un gran homenaje por esta trayectoria.
La Camelia, esa flor que anhela la perfección de la rosa y se reconforta en su propia evanescencia, ha completado su ciclo vital en el Pazo Quinteiro da Cruz de Ribadumia. Ya no es solo la reina ornamental que adorna los Jardines de Excelencia Internacional, ni la valiosa Camellia sinensis que produce un “té de autor” pionero en Europa. Ahora, la flor se ha transmutado en un espacio: una Casa del Té que encarna el principio japonés de Jaku (Tranquilidad/Serenidad), sirviendo como la “bebida que da de beber al alma”, en palabras de su promotora, Beatriz Piñeiro.