Deixou escrito José Luis Alvite que “os galegos son uns señores moi prudentes e moi reservados que só esaxeran ao calar”. Sei que Alfredo Conde sabe máis polo que cala que polo que conta. E demostrouno unha vez máis ao recibir o premio da Asociación de Xornalistas de Galicia (APG) que leva o nome de quen, sen estar, permanece por homenaxe ao seu talento no vello Finisterre. Un Oeste onde se intenta matar en vida cando moitos tratan de obviar o obvio, é dicir, o talento de personalidades como a do ourensán xenial, mahiano de adopción e brionés de residencia. Premio Nacional de Literatura, Premio Nadal e tantos outros, autor de ducias de relevantes novelas, contos, guións e de máis de 20.000 artigos. Os xornalistas querémolo, admirámolo e recoñecémolo aos seus oitenta e un espléndidos anos.
La luz de este jueves de abril sobre el Tajo baña una ciudad que aún resuena con los debates y las reflexiones de la jornada precedente. Lisboa, siempre abierta al pensamiento, albergó una cita de hondo calado intelectual y político que trasciende la mera actualidad. La capital lusa se convirtió en el epicentro de la reflexión compartida con la celebración del IV Foro La Toja-Vínculo Atlántico, un encuentro impulsado por Amancio López Seijas y el Grupo Hotusa que, bajo el cielo lisboeta, ha buscado fortalecer los lazos entre España y Portugal en un contexto cada vez más complejo.
Acabo de releer el magnífico libro de la periodista española Tereixa Constenla sobre la Revolución de los Claveles, un relato esencial para comprender la singularidad de un proceso que transformó la Península Ibérica. La autora logra sintetizar la belleza de un levantamiento donde la decencia se impuso a la dictadura a través de un gesto puramente civil. Como bien escribe la estradense de Arca, el 25 de abril fue la revolución más hermosa del siglo XX, una anomalía romántica en un mundo de jerarquías rígidas, donde los soldados no buscaban el poder, sino la entrega de este a los ciudadanos.
Hay noticias que no hacen ruido, pero marcan época. Esta es una de ellas. La medicina gallega vuelve a situarse en la cúspide de la investigación internacional con la publicación en ‘Scientific Reports’, del grupo Nature, de un avance llamado a cambiar el enfoque terapéutico de la orbitopatía de Graves. Se trata de una enfermedad autoinmune inflamatoria que afecta a los tejidos de la órbita, tanto a los músculos como a la grasa ocular, y que se caracteriza principalmente por la protrusión de los ojos, la hinchazón de párpados y, en casos más avanzados, la visión doble o el riesgo de pérdida de visión.
Artes se asienta con la solidez de las granodioritas hercínicas en la ladera oeste que dibujan los montes de San Alberte y A Cidá, últimas estribaciones de una sierra del Barbanza, que aquí se rinde ante la inmensidad del Atlántico. Es un mirador privilegiado, un balcón natural donde la geografía gallega se vuelve abierta y rotunda, expuesta a los vientos nobles y a esas lluvias que alimentan un paisaje de verdes profundos y azules salitres. Ante la mirada se despliega el espectáculo de un horizonte oceánico y arenoso, definido por el complejo de Corrubedo y las lagunas de Carregal y Vixán, donde la duna activa de los Montes da Area custodia un ecosistema de marismas y canales mareales que son puro latido geológico.
Resulta prodigioso que un nombre de resonancias tan clásicas –derivado del latín Amantius, aquel que ama o es digno de ser amado– haya terminado por configurar una suerte de estirpe del éxito en la Galicia contemporánea. No es una coincidencia menor que figuras tan dispares en sus disciplinas, pero tan convergentes en su excelencia, compartan este apelativo que parece imprimir un carácter de laboriosidad y triunfo silencioso.
La ciudad de Alcalá de Henares, cuya historia respira el legado universal de Cervantes, ha servido de baluarte para una respuesta necesaria y urgente de los editores de la Unión Europea y América Latina. Bajo el paraguas de EditoRed, se ha proclamado la Declaración de Alcalá de Henares, un documento que no solo analiza la vitalidad del español en el siglo XXI, sino que se erige como un código deontológico frente a una transformación sistémica que amenaza con desvirtuar el oficio. Este manifiesto de resistencia subraya que, ante el desborde tecnológico, la esencia ética del periodismo debe permanecer inalterable.
Aquel neno que, vestido de mariñeiriño, se demoraba sobre a frescura da herba para buscar o alento da terra, non facía outra cousa que preparar o rumbo das súas navegacións futuras. Nese contacto primordial, o pequeno soñaba con barcos que hoxe, convertidos en palabras, atracan no porto deste libro baixo un título mínimo pero suficiente: Memorias desaforadas. É un epígrafe onde cabe todo, ou case todo, nun inventario de vivencias liberadas de calquera peaxe que non sexa a íntima gratificación de saberse vivo e, sobre todo, ben vivido.
Asistimos en el tablero de Oriente Próximo a una representación dramática de la discordia entre la moral y la política. El conflicto que involucra a Irán y sus vecinos pone de manifiesto cómo el moralista político –aquel que forja una moral ad hoc para disculpar los principios de gobierno contrarios al Derecho– se impone sobre el político ético. Se utilizan máximas sofísticas que parecen rescatadas de los tratados de la más rancia razón de Estado: el “actúa y luego justifícate” o el “divide y vencerás”. En este juego de sombras, la legitimación viene después del hecho; la fuerza se disculpa por el éxito y el “buen éxito” se convierte en el único abogado aceptable de una causa que, en el fondo, huele a pólvora y a intereses inconfesables.
El 23-F es el cumpleaños de Laxeiro. Sigue siéndolo muchos años después de tantos inconvenientes tiempos, por su ausencia y por los avatares. Nos salvan la cultura y la amistad; esa que ayer, a deshora –las 13:00 horas de la convocatoria no parecen las más adecuadas para un acto cultural–, nos permitió acercarnos al Museo de Arte Contemporáneo de Vigo a algunos amigos del artista, editores, comisarios, escritores, profesores, fotógrafos, pintores o periodistas. Entre ellos se encontraban el escritor y editor Bieito Ledo, el historiador y crítico de arte Antón Castro, el pintor Antón Pulido, el fotógrafo Carlos Rodríguez, el escultor Silverio Rivas, el galerista Beny Fernández, o el polifacético Xavier Magalhaes, otros que no están en las fotos, como el también galerista Viki Montenegro.
O destino, ese fío de liño –resistente, inmaculado e condutor dunha sabedoría ancestral que adquire a forza mítica do fío de Ariadna ou a unión do fío vermello– que Ramón Villares Paz, historiador e catedrático galego leva décadas debullando con precisión de ourive, acaba de trazar un círculo perfecto sobre a xeografía espiritual de Galicia. Apenas uns días despois de que o reitor magnífico anunciase a xenerosa doazón do seu arquivo persoal á Universidade de Santiago de Compostela –ese legado de sesenta e seis caixas que gardan a memoria de cincuenta anos de rigor intelectual–, a Fundación Otero Pedrayo coroa a súa traxectoria co Premio Trasalba 2026.
Parafraseando con optimismo al gran Octavio Paz, escritor y poeta mexicano, pero alejándonos de su dramatismo esencial, puede decirse que el periodismo es una de las respuestas que el hombre ha inventado para verificar la vida.
Lalín ten o premio de Gastronomía máis prestixioso de España, que leva o nome de Álvaro Cunqueiro (1911-1981), escritor, xornalista e gastrónomo mindoniense. O realismo dunha terra de paisaxes que semellan un tapiz multicolor, onde a xeografía se admira sobre un lenzo quebrado por lindes de pedra, corredoiras asfaltadas e ríos que portan a memoria do Deza, únese á súa tradición cultural no máis amplo sentido: é culto que se cultiva na horta e no espírito; o culto que observa o horizonte desde o Monte do Toxo; é culto o desmonizante do Corpiño; é culto o que practican os lalinenses ca súa intelixencia natural, que analiza, procesa, estuda, conxectura e conclúe na mesa e na aula, con retranca sabrosa.
Si el tiempo cabe en un vaso de las horas, bébelo despacio; si nace en un reloj de cuco, disfrútalo como un canto; si lo impone un reloj de pulsera, lúcelo con elegancia; mas si lo dicta un reloj de sol, entrégate a su luz con paciencia. En esta diversidad de medidas subyace una verdad antigua: no somos meros prisioneros de la cronometría, sino habitantes de un flujo constante. Reflexiono sobre el pasar de los días, es una cierta melancolía del pasar, anhelo de porvenir, circunstancia del cumplir años de un maestro amigo, Alfredo Conde
Sor Salud se fue con el año. Con este primer cuarto de siglo del segundo milenio después de Cristo. Hace ya algún tiempo que las noticias llegaban con una cierta parsimonia de sabor amargo, mas se referían a ella, como siempre, como una persona esencial, como una de las personalidades gallegas más influyentes y decisivas a escala internacional. Se hablaba de una emigrante con vocación universal, coraje y valores cristianos cuya obra educativa y solidaria es poco conocida aquí –salvo en Ourense– pero enormemente popular en México, pues su obra al frente de los Colegios Miraflores –con una unidad en la ciudad de las Burgas– es el paradigma de la buena educación, de la que alcanza a las élites pero que atiende a los más necesitados, y esto es quizás menos sabido.
Como ella misma escribiría, la biografía de Nélida Piñón estaba hecha de piedras sólidas, de bases elocuentes, y de un profundo e inquebrantable amor por Brasil y por Galicia; un afecto visceral por Borela, por Cotobade, y por sus amigos.