Un tranvía de flores para Lisboa
El tranvía amarillo de Lisboa se detuvo, y con él, el pulso de la ciudad. El eco del accidente es una herida abierta en el corazón de un pueblo que he aprendido a amar. Mi vínculo con Lisboa no es turístico, sino una conexión que se ha forjado en la “dulzura portuguesa del vivir amorriñado”, como escribí en mi poema ‘Credo de Portugal’. Es la serenidad del fatalismo que compartimos los gallegos, una fe inquebrantable en la capacidad de sobreponernos, sin dramatismo, con la confianza de quienes saben que la vida continúa su trayecto.