Opinión

Desde los cerros hasta el puerto de mar de Valparaíso

En Valparaíso, a la luz del sol, casi nunca matinal, contemplamos un agrupamiento de irregulares viviendas que coronan los cerros, que se internan dentro de un vaho azul debido a las quebradas muy hondas. Los cerros salen ahora a abrazar el mar. Todo se extiende por ‘El Almendral’ y se abre paso frente al ‘Barón’. ¡Hermoso collar de perlas que engarza el ‘camino plano’! Más lejos, los balnearios de Recreo y Viña del Mar; siguiendo la costa, he ahí Reñaca, Montemar y Concón. Al oeste, Valparaíso lleva un saliente y un faro: Punta de Ángeles. En la zona alta, alrededor del faro, nos hallamos ante el barrio de Playa Ancha que nos regala un acervo de antiguos ‘chalets’, estilo 1900, con un jardín romántico, fértil en papayos, parrones y palmeras que el viento sacude entre remolinos de polvo.

Desde los cerros hasta el puerto de mar de Valparaíso

“Playa Ancha está obsesionada por un ambiente de marina y de antiguas glorias”, asevera el reconocido geógrafo e historiador chileno Benjamín Subercaseaux en su insoslayable obra Chile o una loca geografía, Editorial Universitaria, sexta edición, Santiago de Chile, abril de 1988. Bello plantel de la Escuela Naval. Lo más sobresaliente de Valparaíso, empero, se observa en un ‘anfiteatro’ de cerros que una angosta faja de tierra plana ciñe en torno a la bahía. Abajo, el comercio, las plazas, las administraciones. Asimismo, el barrio marinero: la ‘Aduana’ y el barrio próspero y criollo: “Pedro Montt-Almendral”. Y, además, el de mayor extensión: el barrio del ‘Barón’, netamente popular.

El admirado Benjamín Subercaseaux se emociona al evocar su infancia y sus juegos en una breve y reparada playa que se abría al gran océano, la cual portaba el nombre de las viejas marinas de la época de Whitehead: “Las Torpederas”. Estos cerros, pues, abrazan una estrecha ciudad edificada en el plano. Visitamos el alargado malecón junto al que se columpian algunos remolcadores de alto bordo. Nos sobrevuelan, infatigables, las menuditas, chillonas gaviotas. Silban los trenes sobre la ancha faja de los rieles. La ‘Avenida Errázuriz’ mira hacia el mar por encima de los vagones y palanqueros. Después, tres, cuatro o más calles paralelas que conforman todo ese ‘plan’ o parte baja de Valparaíso.

En verdad, Valparaíso alberga una variada historia a partir de 1536. Digamos que nació antes que Santiago de Chile, perteneciendo a otro conjunto de descubridores, como Diego de Almagro. El Valparaíso ‘colonial’ fue, desde luego, una ciudad de ‘rancherías’ y bodegones. Existe, en cambio, un pretérito inglés y ‘victoriano’, que revive en algunas casas de zinc con blancas ventanas-guillotinas, así como los irremediables visillos con vuelos. “En nuestra infancia –rememora Subercaseaux– las hemos recibido recibido sobre la cabeza, las temibles guillotinas, o las hemos sentido vibrar con el viento y los temblores”. Admiramos las aceras cubiertas con grandes losas de piedra rosada y muy pulida en la ‘Subida de la Concepción’. Éstas son las huellas de la primigenia pavimentación que mandó llevar a término don Ambrosio O’Higgins, esto es, el Barón de Vallenar, de donde el barrio que exhibe su nombre. ¡Cerros de Valparaíso! ¡Intrincado laberinto de seres y viviendas! Vamos al cerro ‘Esperanza’, cuando ‘La Subida Sauce’ señala el límite. Una vez pasada la quebrada ‘Cabritería’, da comienzo la estructura del caos.