La opinión de
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Cocina Gallega: Nuevas Identidades

Nuevas identidades, identidades diluidas, tal vez no-identidades o identidades únicas, globales (¿inexistentes?), transforman la imagen en el espejo de mujeres y hombres  interpelados  por  una modernidad que se presenta incapaz de mantener vigente la historia individual y colectiva de los pueblos, sus tradiciones y costumbres, lengua, música, comida; aquello que los (nos) hace peculiares, especialmente a los (in)migrantes. La alimentación, sin duda entre otros factores, está enlazada con la identidad de un pueblo. En la historia de la Humanidad, nosotros,  los humanos, como todo animal, por principio vital e instinto buscamos sobrevivir en el medio hostil en el que nos tocó actuar, y para lograr el objetivo teníamos que  satisfacer las necesidades primarias: comer y beber; Qué, y cómo comer, fue la premisa básica en el desarrollo de los diferentes pueblos, el factor, insistimos, determinante de su identidad.

Cocina Gallega: Sabores entrañables

Sabores entrañables, aromas y texturas, recuerdos de momentos compartiendo la comida con seres queridos. Volver a oler algunos de los aromas clásicos de nuestra infancia nos ha hecho muchas veces remontarnos a esa época. E incluso recordar una escena nítidamente, con todo lujo de detalles.

Cocina Gallega: Hablemos de influencias culinarias.

Hablemos de influencias culinarias. El historiador Claudio Sánchez-Albornoz, con ascendencia gallega por vía materna, en ‘España, un enigma histórico’, califica a Galicia como “un pueblo a la defensiva”, y explica que los muchos pueblos que ingresaron a la península por el sur o atravesando los Pirineos, avanzaron hasta llegar al Fin de la Tierra galaica, y allí se detuvieron y terminaron conviviendo con los nativos.

Cocina Gallega: En la era del grito

En la era del grito, como llamo a este tiempo en que nos toca vivir, donde parece imposible que dos personas se pongan de acuerdo sin agredirse ni descalificarse mutuamente, bueno es acudir a la lectura, viajar por la historia, saber de dónde venimos, cómo llegamos hasta aquí, a un siglo XXI que parecía improbable para nuestros ancestros, convencidos de un siempre inminente Apocalipsis.

Cocina Galega: Mi primera experiencia con el llanto de las tipas

Mi primera experiencia con el llanto de las tipas, real, fue en la acera del restaurante Morriña, sobre el boulevard Olleros, en el barrio de Belgrano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hace una década. Sucedió en una noche de verano, sentado en una de las mesas al aire libre acompañando a un amigo que me visitaba antes del despacho nocturno.

Cocina gallega: Celebración de Navidad

Qué celebramos en Navidad actualmente es un interrogante que admite diversas respuestas dependiendo del interlocutor, si es católico, cristiano o ateo, por ejemplo. Sin embargo, esta celebración, como muchas otras que observaban las culturas antiguas, seguían rigurosamente el ciclo agrario, y tenían un significado preciso. La fecha refiere al solsticio de invierno, que los celtas llamaron Yule. Al inicio de la época oscura, cuando las horas de luz disminuyen.

Cocina Gallega: Analogía entre indianos y estancieros

Analogía entre indianos y estancieros, recetas y costumbres de nuevos ricos. Desde mitad del siglo XIX, cuando se inicia la emigración masiva de hombres y mujeres deseosos de ‘hacer la América’, y principios del siglo XX, los que lograron hacer fortuna y regresaron a su tierra natal fueron, en muchos casos, llamados indianos o americanos. Lo primero que hacían era construir una gran mansión, o palacios, y gozar de su nueva posición de ‘señor’ entre sus antiguos vecinos, instalándose largas temporadas o definitivamente, mientras regresaban esporádicamente al sitio origen de su fortuna, dejando al frente de los negocios a un administrador que poco a poco se apoderaba de todo.

 

Cocina Gallega: Un siglo de historia

Un siglo de Historia emigrada/exiliada, cien años de la Federación de Asociaciones Gallegas de la República Argentina. 1921-2021. La pandemia no ha permitido festejar por todo lo alto tamaño acontecimiento, seguramente se hará en el año venidero. Sin embargo, de una u otra manera se sumaron homenajes en las redes, aquí y allí.

Cocina Gallega: La casita en el cielo

La casita en el cielo, el sueño cumplido de un inmigrante, es un icono, y para muchos un misterio, ubicado en la terraza de un edificio de nueve pisos en pleno centro porteño. El “chalecito de la...

Cocina Gallega: La llegada de la inmigración

Aún en la época de la Independencia, más de la mitad del actual territorio argentino, habitado por pueblos originarios, apenas había sido pisado por europeos, salvo cautivas o cautivos, prófugos de la justicia o aventureros como el francés autotitulado ‘rey de la araucaria’. Un paisaje, natural y humano, que José Hernández describió con maestría en su ‘Martín Fierro’. El ‘desierto’ era el nombre empleado por el ‘hombre y la mujer civilizada’ para referirse a esas planicies interminables, fuente de futuras riquezas para el país que amanecía.

Cocina Gallega: La carbonada

La carbonada es un caso especial dentro del recetario de la cocina criolla. Alguna vez tocamos el tema en esta columna, pero vale recordarlo, ya que llevamos casi 22 años escribiendo aquí, y los lectores se renuevan. Vamos al asunto: Ya hacia fines de la colonia, la combinación dentro de la cocina criolla, en particular porteña, de la ciudad y de la campaña, daba como resultado platos con marcados rasgos españoles pero con evidente adaptación a los productos del país; después de la independencia de España, y la inmigración masiva en la segunda mitad del siglo XIX, el intercambio cultural y gastronómico se acentuó. Los recién llegados concluyeron aclimatándose a la carne asada, muchos platos europeos, si bien adaptados a los ingredientes nativos, se impusieron y cobraron genuina ciudadanía criolla.

Cocina Gallega: En los bodegones porteños

En los bodegones porteños, desde fines del siglo XIX,  es plato ineludible en invierno el guiso de lentejas, y costumbre que se mantiene en las mesas familiares. Plato económico elegido por la clase trabajadora, poco a poco subió en la escala social y se comenzó a presentar en elegantes cazuelitas en restaurantes más ‘pitucos’. Pero, ¿de dónde vino este plato tan apreciado por los argentinos? La historia indica que esta legumbre llegó a América a partir del siglo XVI, traída por los españoles en los primeros viajes. Era, ya entonces, partícipe de los guisos ofrecidos en fondas y posadas de España.

Cocina Gallega: No comas nada que no comiese tu abuela

No comas nada que no comiese tu abuela. La frase, inspirada en la de Michael Pollan (“No comas nada que tu abuela no reconocería como comida”), se podría complementar con otra del mismo autor: “Si viene de una planta cómelo, si fue hecho en una planta no lo comas”. En ambos casos es un llamado de atención sobre los productos alimenticios que se ofrecen en los supermercados, de dudoso origen y composición, y que en sus publicidades hacen afirmaciones sobre la salud. Al respecto, Pollan es contundente: “…una afirmación sobre los beneficios sobre la salud en un alimento industrial es un fuerte indicador de que no es realmente comida”.

Cocina Gallega: El tango ‘Cafetin de Buenos Aires’

El tango ‘Cafetin de Buenos Aires’, letra y música de Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores, dice en sus primeros versos: “De chiquilín te miraba de afuera / Como a esas cosas que nunca se alcanzan.../ La ñata contra el vidrio, / En un azul de frío, / Que sólo fue después viviendo/ Igual al mío... / Como una escuela de todas las cosas,(…)”.

Cocina Gallega: ¡Sálvese quien pueda!

¡Sálvese quien pueda!, una frase que se originó en los naufragios de la antigüedad, cuando las frágiles embarcaciones se hundían rápidamente y no contaban con medios adecuados de salvamento, y cada quién quedaba librado a su suerte; actualmente se utiliza en situaciones no tan extremas, y muchas veces solo encubre al pícaro o corrupto que se anticipa al resto para ponerse a salvo, y salvar su ropa y el botín.

Cocina Gallega: Hablemos de trenes

Hablemos de trenes. Recuerdo, o tal vez soñé, que tuve un trencito en miniatura, con su estación, puente, que funcionaba con pilas. Me emocionó la película ‘Caballo de hierro’, donde John Ford cuenta la historia de la construcción del ferrocarril transcontinental que une las costas este-oeste de EE UU, inaugurado en 1869; una verdadera epopeya. En 1883 se inauguraba la estación San Clodio-Quiroga, separada de mi aldea Espandariz por el puente viejo que cruzaba el río Sil.

Cocina Gallega: Los poetas no mueren

Los poetas no mueren, mientras alguien los lea. Recordar es dar vida, y en la columna de hoy pretendo, precisamente, recordar a un poeta. Conocí personalmente a Rodolfo Alonso en una oficina del Centro Gallego de Buenos Aires, cuando le hice una entrevista para la revista ‘Xa’, que yo dirigía.

Cocina Gallega: Sociedades sin identidad

Sociedades sin identidad, e individuos sin raíces, suele ser el resultado inevitable del deterioro cultural en la posmodernidad. Es un hecho que en la civilización tecnológica en que vivimos inmersos, existe una grave crisis espiritual, una ausencia de propósitos, de pasado y futuro; aunque siempre habrá mujeres y hombres dispuestos a no perder su esencia más humana, de aferrarse a las raíces que por generaciones nos unieron naturalmente a la Tierra.

Cocina Gallega: La civilización del grito

La civilización del grito, la era del grito, o la generación sin memoria, tal vez sean los nombres que los historiadores del futuro pongan a esta sociedad en que vivimos, ahora mismo, en pleno siglo XXI. Concentrándonos en el tema alimentación, y coincidiendo con los investigadores que afirman ‘cocinar hizo al hombre’ (Faustino Cordón), o ‘la palabra nació a partir del hecho de cocinar’, sin duda estaremos de acuerdo en que estamos involucionando de manera acelerada hacia el individualismo más atroz, y el mutismo.

Cocina Gallega: Vemos ídolos en nuestro espejo.

Vemos ídolos en nuestro espejo. Creamos dioses a nuestra imagen. Es un hecho. Desde siempre, todas las civilizaciones crearon dioses a su imagen y semejanza, con sus virtudes y debilidades. Cuando la lluvia, el viento, fuego y tierra, los elementos de la naturaleza, tomaron formas humanas en el imaginario colectivo, y los ciclos agrarios pasaron a depender de la bipolaridad de estos seres inmortales, irascibles, vengativos, promiscuos e impredecibles, los humanos se miraron en un espejo observando los altares y estatuas a sus divinidades;  se reconocieron en ellas, y justificaron sus sacrificios y sus malas acciones, incluyendo la muerte de los primogénitos, antes de cambiar a los infantes por corderos “de Dios”, como se describe en la Biblia en el episodio de Abraham y su hijo Isaac.