Opinión

El diariero amigo de mi barrio me dijo los otros días: “Nunca imaginé que la gente hablara tanto por teléfono. A veces digo hola a alguien que pasa porque creo que es un cliente que me saluda. Y no, es una conversación.” Le conté la anécdota de Henry David Thoreau cuando le comentaron el reciente invento. “¿La gente tiene tantas cosas que comunicar?”, preguntó sorprendido.
Leyendo testimonios de emigrantes  europeos que buscaban un futuro más promisorio en tierras americanas, nos enteramos de las condiciones en que viajaba la mayoría. Las compañías navieras pronto entendieron el gran negocio que representaba este masivo éxodo, y trataron por todos los medios de ofrecer billetes más baratos aún a costa de la comodidad y la seguridad de sus pasajeros.
Se vive de incontables maneras para bien o mal, aunque siempre agarrados, como la hiedra en las altas tapias húmedas, del ineludible pasado.Al transcurrir el tiempo forzoso, una hendidura acorrala el espíritu y pensamos en los alejados días convertidos en bruma. Y uno, como el poeta, exclama: ¿Somos los hombres de hoy aquellos niños de ayer?La existencia nos ha ido colocando en un preciso momento ensueños y querencias.
Por Rafael Rojas Burela, ex torero de salón.Hay que ser bien vaca para enfrentarse a un toro; hay que ser buey para que a uno le corneen las partes pudendas y encima pretenda glorificarse con ello... Hay que ser burro para no darse cuenta...
Es una sociedad incorregible. Me da pena, siento compasión por los pobres diablos que juntan cartones, pasan hambre, viven descalzos, mueren de frío. Son como animalitos, los observo en las calles, en las plazas, al costado de las vías del ferrocarril. Animalitos reprimidos, seres huérfanos de afecto, de cultura, de imaginación. Se mueren de a poco, en soledad. Ya votaron, ya no sirven.
Según el criterio del ensayista argentino Juan E. Méndez, Presidente del Centro Internacional por la Justicia de Transición, “el fin del mundo bipolar no resolvió los conflictos nacionales o subregionales, sino que más bien los aceleró y agravó las tensiones por territorios, con el resultado de guerras étnicas de un salvajismo inesperado, aun en el seno mismo de Europa, y también de genocidios en la década de 1990, como
Aquí, en esta orilla del Río de la Plata, donde aún resuena en los oídos atentos aquella frase de 1810 (“¡el pueblo quiere saber de que trata!”), tratamos de no leer los mensajes del gobierno de turno con inocencia; en general distorsionan la verdad.
En el fondo lo que late es el miedo. Miedo al mundo actual, a la necesidad de sentirnos seguros en un mundo inestable. De ahí la descalificación, el desprecio, el tono apocalíptico. En el fondo late un sentimiento de inferioridad. Hay terror después que poblaciones enteras desaparezcan o que el neoliberalismo compró partidos políticos, socialdemócratas o conservadores, medios de comunicación o sindicatos. Periodistas o intelectuales.
Cualquiera que circule por las carreteras españolas, sobre todo gallegas, se podrá dar cuenta de la inmensa cantidad de prostíbulos, aquí les llaman ‘locales de alterne’, que ‘adornan’ su geografía.
De algún modo podía parecerme que no tuvo comienzo, que siempre estuvo allí, distante y lejano en apariencia, como acaso debe haberle resultado a otros porteños de primera generación como yo, descendientes de familias no acostumbradas a frecuentarlo como propio.
“La reacción del campo socialista a la política de derechos humanos fue negativa y carente de principios –afirma el escritor argentino Juan E. Méndez, Asesor Especial del Secretario General de la ONU para la Prevención del Genocidio (2004-2007)–.
Como era de esperar, la tecnología al servicio de la comunicación, y la tan mentada globalización nos convierten en habitantes de una aldea virtual que no se conocen entre ellos, ni se entienden cual obreros de la mítica Torre de Babel. Coincidieron en pocos días algunos españolitos, de paso, o recién llegados a la Argentina, en acercase a Morriña.
“A bo tempo chegamos, se non nos dan xostregazos”Refraneiro GalegoA la  Capitanía General de Chile se enviaba, desde el Virreynato del Perú, en el siglo XVI, a los díscolos, insubordinados y malhechores arribados al Nuevo Mundo, que las conquistas –válame Deus- nunca se hicieron con catedráticos y artistas y filósofos, sino con carne de cañón y sangre iracunda… Los cronistas de Indias
Es imposible abarcar todo, es imposible decirlo todo. Además, como sentenciaba mi madre, hay cosas que se maman. Nos metemos en el suburbio, recorremos monólogos, complicidades, mutaciones. La legión de excluidos con mutilaciones verificadas. Combatiendo al capital: fachada y gloria, desguace y ademanes. Por el otro lado pobres y ricos, torpezas de la oligarquía, besamanos. Lo grotesco, como en el teatro nacional. El sainete, lo mejor de nosotros.
“La mirada de Abut penetra las apariencias de la cotidianeidad, cultiva un sentimiento de pertenencia cósmica, y en su inicial estado de asombro, alcanza momentos de visualización de sí, extrañamiento de su propio cuerpo”, escribe Graciela Maturo acerca de la lírica del poeta José Abut y su libro titulado Las Causas del Reino, “Catálogos”, Buenos Aires, 2004.
Una canción escuchada hace un par de décadas decía, palabras más, palabras menos, “no conozco el mar, pero si su verde es verde como el verde del cañaveral, sí conozco el mar”.
“Acaso así sería verdade a miña vidavir da profundidade e erguerme no infinitoenraigado no colo da terra tendo a frentecomo único astro no epicentro das tebras”.Antón A. de TaramancosCousa rara, compañeiros, e mais abraiante ista de ter que xustificarmos por seren fillos da emigración… Parez unha mácula.
Coincido con Gaspar Llamazares (El País, 30/07/2008) en que “la Directiva de Retorno, también denominada acertadamente Directiva de la vergüenza, convierte la Europa de los valores en la Europa del miedo y esto en un continente que hasta mediados del siglo pasado lo fue de emigrantes, con decenas de millones de europeos que marcharon a las dos Américas huyendo del hambre, la guerra y el fascismo” e cústame aceptar que se estea atentando contra do
“A María Mercedes Rigo, mi esposa. A María Yamel Félix y a José Jorge Abut, mis padres”. Tales son los dedicatorios del libro de poemas titulado Reino de las Causas, cuyo autor es el poeta José Abut, y publicado en ‘Catálogos’, Buenos Aires, 2003.