El diariero amigo de mi barrio me dijo los otros días: “Nunca imaginé que la gente hablara tanto por teléfono. A veces digo hola a alguien que pasa porque creo que es un cliente que me saluda. Y no, es una conversación.” Le conté la anécdota de Henry David Thoreau cuando le comentaron el reciente invento. “¿La gente tiene tantas cosas que comunicar?”, preguntó sorprendido.