Opinión

Contradicciones en “las políticas de derechos humanos”

“La reacción del campo socialista a la política de derechos humanos fue negativa y carente de principios –afirma el escritor argentino Juan E. Méndez, Asesor Especial del Secretario General de la ONU para la Prevención del Genocidio (2004-2007)–.
Contradicciones en “las políticas de derechos humanos”
“La reacción del campo socialista a la política de derechos humanos fue negativa y carente de principios –afirma el escritor argentino Juan E. Méndez, Asesor Especial del Secretario General de la ONU para la Prevención del Genocidio (2004-2007)–. En los foros internacionales se refugió en una noción irrestricta de la soberanía y la no injerencia, actitud defensiva y hasta paranoica que no les permitió a los países socialistas participar más constructivamente de un orden internacional más humano”. De tal modo que, a su entender, llegó a desecharse la ocasión de incidir en la creación de mecanimos eficaces de índole objetiva, cimentados en “la independencia e imparcialidad de los juzgadores. Es preciso admitir que en lugar de despolitizar un asunto que, en efecto, arrastra una relevante carga política, el campo socialista, sin embargo, lo politizó todavía más, cuando intentó limitarlo tan sólo a la esfera de la “competencia ideológica”.
Ciertamente existió algún que otro intento de diferenciar los derechos humanos que se defendían como fundamentalmente capitalistas. Ahora bien, tales tentativas, al carecer de políticas concretas aplicables al campo internacional, no determinaron sino el ratificar “la renuencia a participar de una discusión más productiva”. Por una parte, no pudieron exhibir resultados muy fructíferos en cuanto a derechos económicos, sociales y culturales; los cuales, en todo caso, dependen en grado máximo de los recursos del propio Estado y, por ello mismo, de los excedentes a retribuir. Y por otra, que se sepa, jamás se aplicó la razón por la que era imprescindible suprimir los derechos civiles y políticos con la finalidad de garantizar los de carácter económico y social.
A criterio del ensayista argentino Juan E. Méndez, Miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (2000-2003) y su Presidente en 2002 –en su monografía titulada Los medios y los fines en la política internacional, en ‘Res Diplomatica’, Buenos Aires, diciembre de 2007–, a lo largo del camino, se manifestó “el rechazo a las políticas de derechos humanos”, conduciendo no sólo a esconder las violaciones en el propio campo y en el que las fuerzas aliadas, sino también a defender a regímenes de sello fascista en Latinoamérica, siempre en aras de buenas relaciones comerciales. El resultado de esta estrategia se tradujo en el palpable descrédito del ‘principio de no intervención’: el mismo que durante el pasado reciente se había invocado, por cierto, con objeto de resistir al denominado ‘colonialismo’ al igual que al ‘imperialismo’. E igualmente a fin de mantener la lucha en pro de ‘la soberanía popular’ y en contra de ‘fuerzas hegemónicas’ y de sus aliados locales.
Durante esta primera década de 2000, aún en la aurora del siglo XXI, acaso pudiéramos constatar cómo los llamados ‘derechos humanos’ se han reafirmado en la peligrosa agenda de ‘las relaciones internacionales’. Lo cierto es que, pese a que se continúe invocando la excusa de los ‘asuntos internos’, hoy ningún Estado podría entender que su conducta, respecto a sus propios ciudadanos, se hallase exenta de ‘consecuencias’ en su relaciones internacionales. La realidad salta a la vista: aquel término del ‘mundo bipolar’ no ha resuelto los conflictos nacionales o subregionales. Al contrario, los aceleró, acrecentó y dramatizó con guerras étnicas, crueles y sanguinarias, que causan vergüenza humana.

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