Opinión

Prostitución

| 27 de agosto de 2008
Cualquiera que circule por las carreteras españolas, sobre todo gallegas, se podrá dar cuenta de la inmensa cantidad de prostíbulos, aquí les llaman ‘locales de alterne’, que ‘adornan’ su geografía.
Esta prostitución, legal porque no se cierran los locales y su ejercicio no está prohibido, se alimenta en un 70 ó 90 por ciento de mujeres inmigrantes de Latinoamérica, África y de países del Este de Europa, principalmente Rumanía, Bulgaria y Rusia.
Según un informe oficial de 2007, en el Estado español hay unas 400.000 prostitutas, es decir, una por cada 38 hombres. La media de gasto era en el momento de elaboración del documento de 1.200 euros (1.700 dólares) al año ó 100 euros al mes (147 dólares), lo que supone el movimiento de unos cincuenta millones de euros diarios y de unos 18.000 millones al año. La prostitución no está prohibida en España, aunque sí se persigue a los proxenetas.
Tuve la oportunidad de hablar con una de estas chicas, originaria del Mato Grosso brasileño. Trabajaba en una cafetería y le había costado mucho salir de ese mundo. Le pregunté cómo había llegado a prostituirse y me comentó que a través de un anuncio en la prensa local, en el interior del Brasil, unos ‘empresarios’ portugueses buscaban chicas para trabajar en Portugal.
Ella fue una de las ‘afortunadas’ y le pagaron, junto a otras ‘afortunadas’ el viaje hasta Lisboa. Una vez llegadas fueron trasladadas en un autobús a su lugar de ‘trabajo’. Hasta ese momento no sospechaban nada. Cuando llegaron a un lugar solitario en el que un motel de carretera se alzaba con las luces apagadas. Una vez dentro les quitaron los pasaportes a todas y les dieron una paliza a las más contestonas para que sirviese de escarmiento.
Sin papeles, incomunicadas, muchas de ellas recibían hasta 20 clientes al día, según mi informante ella llegó a tener algún día más. El dinero nunca llega a sus manos y a pesar de tanto dolor, muchas se resignan en el alcohol y las drogas. Una corriente de opinión muy fuerte pide que la prostitución sea considerada una actividad laboral. Creo que una actividad como esta, a la fuerza, dista mucho de ser considerada una actividad laboral, por mucho que digan que alguna que otra persona lo hace por gusto.
En Alemania, donde sí es considerada una actividad laboral, una prostituta desempleada cobraba el subsidio por desempleo. Las normas indican que cualquier trabajador desempleado que cobre un subsidio si se niega a trabajar ante el requerimiento del Estado perderá el subsidio que cobra.
Quiso el destino que la Oficina de Empleo de Alemania de la que dependía la llamase para cubrir una plaza de prostituta, pues esa era la actividad laboral bajo la que estaba registrada la trabajadora, a lo que ella se negó perdiendo el subsidio que cobraba.
Bienvenidos al Primer Mundo
Más acciones:

Crónicas de la Emigración en la red

Boletín de noticias

Si quiere recibir información actualizada de Crónicas de la Emigración, envíenos su correo electrónico.
Suscribirse al boletín

Hemeroteca