Esperando el verano, estos días me armé de curiosidad para buscar en las hemerotecas de la prensa gallega sobre un suceso que se produce con cierta frecuencia pero del que apenas se habla: los gallegos que mueren en su tractor, faenando en su leira, ese pedaciño de tierra que encarna el símbolo del minifundio de nuestro país y de la insana costumbre de no compartir con los vecinos un vehículo que siempre queda grande para tan poco suelo.