Opinión

Amancio y los ‘pollos de agua’, un caso resuelto

…Vamos a investigar este atentado a la fauna de Urueña, a la tranquilidad de Amancio, al daño a su finca y, por qué no decirlo, al crimen de los ‘pollos de agua’, le dije a mi mujer, mientras enfilábamos rumbo a Galicia.
Amancio y los ‘pollos de agua’, un caso resuelto
…Vamos a investigar este atentado a la fauna de Urueña, a la tranquilidad de Amancio, al daño a su finca y, por qué no decirlo, al crimen de los ‘pollos de agua’, le dije a mi mujer, mientras enfilábamos rumbo a Galicia. Ya en el andar monótono de la autovía, solo interrumpido ocasionalmente por un comentario adormilado de María Eugenia: “¡vas muy rápido!” para inmediatamente volver a entrecerrar los ojos, cavilaba yo sobre quienes en Galicia podrían haber llevado a cabo tal fechoría. Gallegos de la montaña, me dije, recordando a mi padre, cazador eximio, aunque Cándido Moure jamás habría saltado un muro para introducirse en un solar ajeno, salvo para atender a alguna Dona necesitada de cariños…
Ya el paisaje se hacía más verde, aunque con ciertos trazos de un amarillento más parecido al mirar de Agosto. El frío lluvioso de Noviembre dejó este año el norte de España para inundar Andalucía. Probablemente vengan de Lugo, pensaba, cuando María Eugenia, ya despierta, me increpaba con un: “¿y tú que no hablas… en qué estás pensando…?” para concluir: “¿no te parece que ya es hora de comer?”.
Mal me supo la comida, intrigado y molesto, sin poder disimular mi preocupación. “Estarás pensando en la amiga de Amancio que te regaló los libros… era bien estupenda y no dejaste de mirarla”. Los pollos de agua y la imagen de esos cazadores furtivos pasando a través del muro semiderruído, era lo único que en esos momentos ocupaba mis pensamientos. Tal era mi concentración, que podía hasta sentir el olor de la pólvora, entremezclada con el aroma húmedo de las plumas ensangrentadas.
Rabia y por qué no decirlo, un poco de vergüenza. La lejanía de la tierra madre nos hace idealizarla… ¿Cómo puede un gallego cometer esas atrocidades?
Cruzamos Ourense por la carretera N-525 hasta Cambeo, para, desde allí, tomar la N-540 en dirección Lugo, y llegar hasta A Barrela. Desde este sitio, por un camino secundario que lleva a Os Peares y que cruza el pueblo de Castro –lugar de la feria dominical de animales que mi padre tantas veces describiera entusiasmado– nos encontramos con nuestra amada Parroquia de Vilaquinte. No pudimos dejar de comentar que nuestros consuegros vascos Ansoleaga habían perdido, hace un mes, esta sencilla y bien señalizada ruta a Os Peares –que desde La Barrela a Vilaquinte toma seis minutos– yendo a dar la vuelta por Monforte y Lugo y tardar más de dos horas... Y después se ríen de los gallegos… ¡Qué patudez, digo yo…!
La primera parada –obligada– en Santa María de Vilaquinte es el Bar de Lola, centro de reunión de las aldeas vecinas y lugar de encuentro, reflexión y noticiero de los paisanos para tratar de las más variadas actividades, tanto sociales, religiosas como político-culturales y deportivas que tengan ocasión en los alrededores.
Este es pues, me dije, el lugar preciso para recabar información. ¿Sabéis de cazadores que gusten de los ‘pollos de agua’? Fue mi primera pregunta, ante la mirada incrédula de María Eugenia, quien, con sus ojos me espetaba: ¿te has vuelto loco?
Bóoo, eiquí só cazamos perdices, coellos, un que outro xabarín, e máis nada....

Lola, la dueña del Bar, quien se encontraba de espaldas mientras preparaba el café en la máquina, se volteó con rapidez para —con voz fuerte y segura– y dirigiéndose a quienes me habían respondido, enrostrarles: “Vostedes cazarán eses pícaros e outros paxariños, porque meu marido non caza eiquí... El gosta da boa caza, na serra, a rentes de Valladolid... Urueña coido que lle chaman a aquel sitio...”. No me digas Lola, nosotros estamos llegando de Urueña… “¿De Urueña, vostedes, e qué facían aló?”.
…Bueno, estábamos invitados por Amancio Prada, quien tiene una finca en ese lugar… “Meu marido tamén coñece ao Amancio… coñeceuno agora hai poucos días, contoume por teléfono... Estaban cazando a rentes da súa finca i el invitoulles a coñecela…”.
¿Por qué los convidó, Lola… con quién estaba tu marido? “Meu marido, tódolos anos, viaxa a Urueña cos seus tres mellores amigos... Eles gostan de cazar nesas fincas, porque hai moita caza e pouca xente... Iste ano o Luis estaba moi ledo, porque tiña coñecido ao Amancio…
Caso resuelto, mi querido Amancio.

Amancio y los ‘pollos de agua’, un caso resuelto