La invasión romana aporta dos elementos fundamentales para la gastronomía ibérica: aceite de oliva y ajo, que junto con el trigo, formaban la dieta básica de los legionarios; cuando algún soldado cometía una falta leve se le daba cebada en vez de trigo, era llamada “la comida de la vergüenza”. En el norte se cultivaban diversos tipos de habas, y en el sur garbanzos.