El indio norteamericano sólo recuperó una parte de la dignidad mediática que se merece una vez que su cultura y patrimonio han sido reducidos a escombros y digeridos por el imperialismo. A los pueblos árabes les sucede algo parecido: sólo se libran de la quema aquellos que se convierten en colonias, organizan carreras de coches que publicitan el menguante petróleo y patrocinan equipos de fútbol.