Para quienes todavía pretenden acusar a la vanguardia latinoamericana de emular modelos foráneos, ha de resultar sin duda una singular evidencia que tanto los provincianos modernistas brasileños de São Paulo en 1922 como el también provinciano César Vallejo que edita su revolucionario ‘Trilce’ ese mismo año, se hayan anticipado nada menos que a la publicación del ‘Primer Manifiesto del Surrealismo’, de