INMA CHACÓN, AUTORA DE LA NOVELA ‘TIERRA SIN HOMBRES’, AMBIENTADA EN GALICIA

“La emigración provoca víctimas, por eso rindo homenaje a los que se van y a los que se quedan”

| 23 Noviembre 2016 - 13:29 h.
Inma Chacón.
Inma Chacón.

Autora de una novela ambientada en Galicia y con la emigración como telón de fondo, Inma Chacón se adentra en las historias de las ‘viudas de vivos’, mujeres que allá por los comienzos del siglo pasado se han visto privadas de la presencia de sus maridos en una tierra que les negó la oportunidad de progresar, incluso de sobrevivir. Es por ello que ‘Tierra sin hombres’ pretende ser un homenaje a los que sufren la emigración: a los que se van, pero también a los que se quedan, llorando el adiós y afrontando la angustia que les depara un futuro incierto.

Pregunta. ‘Tierra sin hombres’ es una historia intensa en sentimientos, con una carga emotiva importante y con la emigración como telón de fondo. ¿Por qué una extremeña ambienta esta novela en Galicia? ¿Qué le une a esta tierra?

Respuesta. Está ambientada en Galicia porque esta novela es una historia real. Elisa es una mujer que murió a mediados del siglo XX. Un amigo me contó su historia, que es la historia de las ‘viudas de vivos’ en Galicia; historias de las que no se ha dicho nada, porque la historia de los maridos que emigraban se ha contado, pero la de sus viudas, no. Los hombres se iban y las mujeres se quedaban, y se quedaban con la incertidumbre de si el marido volvía o no. A veces llegaban, las dejaban embarazadas y se iban otra vez.

La novela pretende ser un homenaje a las mujeres y los hombres que sufrieron la emigración. En Extremadura, donde nací, también hubo una emigración y muy fuerte.

P. En su novela, cuenta cosas de Cuba y alude al Centro Gallego de La Habana. ¿Por qué Cuba y no otro país de acogida de emigrantes gallegos?

R. Argentina aparece en la novela, pero muchos de los gallegos que emigraron por aquella época también se fueron a Cuba, que era un país de amplia recepción de emigrantes gallegos; de hecho, en la isla, a todos los españoles nos llaman gallegos. En el caso de Cuba, me pareció muy bonito que los que se iban allí volvían con el acento cambiado. Ellos se iban a un país con el mismo idioma, pero con un acento diferente y un clima diferente y volvían con el acento cambiado.

Pude haber elegido México, pero en ese momento se estaba dando la revolución mexicana y no me pareció adecuado.

P. ¿Conoce la emigración, ha experimentado usted o algún familiar cercano este fenómeno?

R. Yo misma. Soy de un pueblo de Extremadura, de Zafra, y siendo pequeña nos fuimos a vivir a Madrid. Mi madre se quedó viuda con nueve hijos, el menor tenía 5 años. Es por eso que supe del sentimiento que nos dejan las raíces allá donde nos asentamos. El hecho de hablar diferente en el lugar de destino te marca. Yo reconozco que toda la vida he tenido el deseo de volver a Zafra y cuando vuelvo, los recuerdos se agolpan. Eso es algo característico del que se va, que siempre se lleva en el corazón su tierra. Siempre está presente el deseo de volver y la añoranza de lo que quedó atrás.

P. Para ser esta una ‘tierra sin hombres’, hay que ver en el poco tiempo que están presentes cómo la lían.

R. Es verdad, es una tierra sin hombres, pero los hombres están presentes en toda la novela, aunque no estén. Ellas son todas ‘viudas de vivos’ y algunas, que tienen el marido al lado, también se sienten viudas, porque falta comunicación incluso en la presencia.

P. ¿Y qué es lo que influye en ello?

R. Influye la falta de amor, la falta de deseo de entenderse. Cuando hay falta de comunicación es que uno de los dos falla y cuando falla es porque no hay suficiente cariño; la falta de comunicación es falta de cariño.

P. Claro que las mujeres, en la novela, también son capaces de liarla, sobre todo cuando actúan de forma tan perversa como una de las protagonistas de la novela.

R. Los personajes son todos víctimas. Rosalía también es víctima de sí misma y de los avatares. Ella, con su modo de actuar, piensa que va a favorecer a sus hijas y se equivoca. Aún así, se empeña en seguir con esa equivocación. Pero todos son víctimas; víctimas, al fin y al cabo, de una tierra que no les da oportunidades.

La emigración provoca víctimas; las personas se tienen que ir porque no hay oportunidad. Es por eso que el libro es un homenaje a todos los que se van y a todos los que se quedan, en cualquier lugar.

Incluso ahora, los jóvenes se están yendo porque aquí no hay sitio para ellos. También para ellos va dedicada la novela.

P. ¿Esta historia se podría ambientar en otro territorio, o es Galicia la que inspira este tipo de novela?

R. Solo se podría dar en Galicia porque uno de los personajes de la novela es el clima; es la naturaleza gallega; el mar, las montañas... Uno de los personajes de la novela es la ambientación que sólo se puede dar en Galicia. Es aquí donde hay estas montañas y estos vientos, las ‘corredoiras’, el olor a mar. La historia se puede dar en cualquier sitio, pero la descripción tiene que ser en Galicia y con este tipo de paisaje.

P. Con el tiempo, ¿la emigración debe reconocerse como una oportunidad a aprovechar o como un problema de desarraigo?

R. Con el tiempo se debe entender como una oportunidad a aprovechar. Claro que también hay desarraigo. Se puede hablar de oportunidad siempre y cuando llegues al otro lugar y se cumpla lo prometido. Si no es así, los sueños se rompen y no es una oportunidad. Ocurre lo mismo con los que vienen de fuera; llegan y se les echa. La única medida válida sería solucionar los problemas en los países de origen, porque la gente no se va de su tierra porque quiere, lo hace por necesidad. Otra cosa es cuando lo hacen voluntariamente, pero cuando lo hacen así lo llamamos viaje, no emigración. La emigración parte de una carencia y siempre produce desarraigo y en la mayoría de las personas deja los sueños rotos.

P. ¿Tiene previsto centrar alguna otra novela en la emigración?

R. De momento, no. La emigración me inspira el dolor, la pérdida y la añoranza, la tristeza del adiós..., pero, por otro lado, también la generosidad de algunos lugares de acogida. Yo soy extremeña de corazón, pero madrileña de adopción. Madrid es muy generosa con los emigrantes y los que allí vivimos somos madrileños. El 80 o 90 por ciento de los que viven en Madrid no son de Madrid y se han formado con el alma de gente de otras ciudades. En Madrid no te sientes sola; la gente es muy acogedora porque sabe lo importante que es llegar y que te acojan.

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