Opinión

Mi primera experiencia con el llanto de las tipas, real, fue en la acera del restaurante Morriña, sobre el boulevard Olleros, en el barrio de Belgrano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hace una década. Sucedió en una noche de verano, sentado en una de las mesas al aire libre acompañando a un amigo que me visitaba antes del despacho nocturno.

“Las noticias del viaje subantártico del capitán Cook desataron una invasión de balleneros y cazadores de focas en las aguas sureñas. Predominaron ingleses y norteamericanos. Se calcula que un centenar de barcos rondaron por las ‘Georgias del Sur’ en la última década del siglo XIX.

Hace unos años recibí una llamada telefónica desde Madrid, pidiéndome información sobre temas de inmigración. La persona que hablaba conmigo me dijo que era hijo de gallegos. Que residía en Madrid, desde hace más de quince años, que tenía la nacionalidad española y que su hija había llegado desde Buenos Aires ‘escapando’ del gobierno de De la Rúa. En Madrid hacerle la documentación era casi imposible. Hablamos de los pasos a dar, de los documentos que necesitaba.

“Podían ser más o menos preguntas. Si bien es verdad que sería mejor que fueran muchas más aún, pese a que este número es puramente simbólico. Y es que la capacidad de preguntar le confiere al ser humano una parte importante de su propia y específica definición de persona”, leemos en el ‘introito’ del libro titulado 999 preguntas y respuestas… sobre el ‘Camino de Santiago’, cuyos autores son los periodistas José María Íñigo y Antonio Aradillas, director y subdirector, respectivamente, de la revista internacional de turismo ‘Viajes y vacaciones’. La presente obra corresponde a la editorial ‘Viajes y vacaciones’, Madrid, 1992. Una dimensión ‘xacobea’, pues, que se transformó en la raíz y justificación de los Años Santos, una de los cuales tuvo trascendencia durante 1993.

“Cuando por la gloriosa revolución del 25 de mayo de 1810, proclamó el gobernador delegado de la provincia de Buenos Aires general Martín Rodríguez en el decreto del 10 de junio de 1829, se separaron estas provincias de la metrópoli, la España tenía posesión material de las islas Malvinas y de todas las demás que rodean el cabo de Hornos, incluso la que se conoce bajo la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella posesión por el derecho de primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas europeas y por la adyacencia de estas islas al continente que formaba el virreinato de Buenos Aires de cuyo gobierno dependían”, leemos en el decreto del descubridor político argentino de la Tierra del Fuego, el cual no alcanzó en el momento toda la eficacia esperada, ya que los mismos que en septiembre de 1816 habían apresado en la isla de Santa María la Antigua al Almirante Brown, depredado su barco, el ‘Hércules’ y desarmado a la tripulación por haber doblado el cabo de Hornos sin licencia de la Honorable Compañía de la India Oriental, siguieron merodeando –“como lo hacen todavía”– las costas del Atlántico Sur. Episodios como los de Malvinas, de las cartas patentes de pesca –“y otras yerbas”– jalonaron la ruta de los planes de expoliación.
“Este libro está baseado nos diarios que escribín durante a marcha a Santiago na primavera de 1986. Algúns capítulos a penas varían na súa versión final dos orixinais; outros creceron considerablemente durante a agradable tarefa de corrección. A miña preparación para a viaxe incluíu ler todo o que puiden sobre a historia da peregrinaxe. Os libros que atopei máis informativos figuran na breve bibliografía”, escribe Laurie Dennet en su obra Unha aperta ó Apóstolo, edicións ‘Lea’, Santiago de Compostela, 1995.

“La más completa expedición naval española realizada hasta la fecha, 1791, cubrió de topónimos las costas del Este y del Sur de la isla Grande, pero pocos sobrevivieron. Entre los supérstites sobresalen ‘cabo San Pablo’, ‘cabo del Medio’, ‘Mesa de Orozco’, ‘caleta Policarpo’, ‘caleta Arredondo o Falsa’, ‘bahía Aguirre’ e ‘isla Margarita’, más el de ‘Elizalde’ para una ‘isla de Año Nuevo”, leemos en la obra escrita por el insigne historiador de origen vasco Juan E. Belza, la titulada Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1798.

“O estudio do culto ó Apóstolo en Galicia e fóra dela, a peregrinación á súa tumba e os aspectos relixiosos, históricos, literarios, lingüísticos, artísticos, musicais, económicos, sociolóxicos e arqueolóxicos relacionados co que se converteu nun grande fenómeno cultural europeo, constituíu desde hai moito tempo un tema de grande inspiración para a investigación científica”, señala en su ‘Introducción’ el ensayista Vicente Almazán en su obra Seis ensaios sobre ‘O Camiño de Santiago’, Ediciones ‘Galaxia’ / ensaio e investigación, Vigo, 1992.
“Dos cruces del estrecho de ‘Le Maire’ (en 1769 y 1774) dejaron descubrimientos y nombres: ‘cabo del Medio’ en la ‘isla de los Estados’ e ‘isla Nueva’ al sur de la ‘isla Grande”, escribe el reconocido historiador de origen vasco Juan E. Belza en su magnífica obra  Romancero del topónimo...
Qué celebramos en Navidad actualmente es un interrogante que admite diversas respuestas dependiendo del interlocutor, si es católico, cristiano o ateo, por ejemplo. Sin embargo, esta celebración, como muchas otras que observaban las culturas antiguas, seguían rigurosamente el ciclo agrario, y tenían un significado preciso. La fecha refiere al solsticio de invierno, que los celtas llamaron Yule. Al inicio de la época oscura, cuando las horas de luz disminuyen.

Nos trasladamos al año 1324. El que había sido ‘caballero hospitalario’ de nombre Galcerán de Born –protagonista de la novela histórica Iacobus–, con gran preocupación por las noticias acerca de la relajada vida de su hijo Jonás en la corte de Barcelona, le envía una carta plena de órdenes muy estrictas. El joven Jonás deberá prestar el solemne juramento de la ‘caballería’ y transformarse así en ‘gentilhombre’ y adalid de la antigua Sabiduría y el Conocimiento.

“Navegantes de Saint Maló aportaron su cuota de topónimos australes: ‘Cabo San Juan’ de la isla de los Estados, los ‘Tres Hermanos’ de la isla Grande y ‘bahía de la Massacre’, islas de ‘Beauchene’ y ‘Danycan’, ‘bahía de San Francisco’ y ‘estrecho de Santa Bárbara’, en zonas aledañas”, afirma el prestigioso historiador Juan E. Belza en su admirable obra Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1978.

“Aymeri Picaud, un monje de Poitou. Hizo el viaje en el primer tercio del siglo XII. Se le atribuye al ‘Guía del Camino de Santiago de Compostela’, incluida en el ‘Codex Calixtinus’, escrita hacia el 1130. Jean de Tournai, comerciante de Flandes. Tranquilo y amigo de la buena mesa. Sale de...

Hai uns anos e nestes mesmos días do mes de novembro ía nun barco chamado ‘Cabo de Hornos’ camiño de Montevideo. Alí agardaba o meu pai que era o fillo más pequeno dunha familia da aldea de Tines (Vimianzo) na que só había unha filla emigrada, Hermosinda, en Bos Aires. Sempre lle preguntaban a meu pai cal foi a razón de non ir para a capital da República Arxentina. A resposta era sempre a mesma e dicía que nunca quixo deixar a aldea xa que tiña casa propia e que o de Montevideo foi motivado pola insistencia do seu amigo Ramón de Castromil co que tivera en sociedade un obradoiro no que os dous ferreiros mallaban no metal para facer boas ferramentas e aparellos agrícolas.

Analogía entre indianos y estancieros, recetas y costumbres de nuevos ricos. Desde mitad del siglo XIX, cuando se inicia la emigración masiva de hombres y mujeres deseosos de ‘hacer la América’, y principios del siglo XX, los que lograron hacer fortuna y regresaron a su tierra natal fueron, en muchos casos, llamados indianos o americanos. Lo primero que hacían era construir una gran mansión, o palacios, y gozar de su nueva posición de ‘señor’ entre sus antiguos vecinos, instalándose largas temporadas o definitivamente, mientras regresaban esporádicamente al sitio origen de su fortuna, dejando al frente de los negocios a un administrador que poco a poco se apoderaba de todo.

 

“Con Sharp viajaba otro famoso bucanero. Guillermo Dampier, que dejó su nombre a un grupo de islas ubicadas dos millas al Sur del ‘cabo Webster’ en la isla de los Estados”, escribe el admirado historiador Juan E. Belza en su imprescindible obra Romancero del Topónimo Fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1978.

Tras haber considerado anteriormente la génesis y características de la ‘cuncha’ o ‘vieira’ ‘xacobea’, nos encontramos ahora con ‘o bordón’, esto es, el bastón de Santiago. Es preciso poner de relieve el primer bastón peregrino hallado en el interior del sepulcro apostólico. Por orden del rey Don Afonso, fue sacado de su tumba por el obispo Teodomiro. Llegado a Galicia desde tierras de Palestina junto con el cuerpo del Apóstol, del siglo XVI hasta no hace mucho tiempo, en uno de los “alicerces do cruceiro da Catedral”, abrazado a una delicada columna torsa, que continúa el paradigma de las del venerado y admirado ‘Pórtico da Gloria’.

“Si marcamos el punto de cruce del paralelo de los 54º 50º de latitud Sur y del meridiano 65º de longitud Oeste, quedaríamos situados en el medio de las aguas de un estrecho totalmente nuevo para las fechas de esta gesta y en cuyo derredor se agruparon los topónimos originados en la expedición holandesa de 1616: ‘Isla de los Estados’ (para Le Maire ‘Tierra de los Estados’). Para Cowley, ‘isla de Albemarle’. ‘Jaius o Jaiwesen’ para los ‘aus’. El ‘chuanisin’ de los ‘yamanas’. Y el ‘Koin harri’ de los ‘sélknames’. El ‘estrecho de Le Maire’ (que los Nodales quisieron llamar ‘de San Vicente’). La ‘caleta de San Mauricio’ (de ex ‘Tierra’ y ‘cabo de Mauricio de Nassau’). Las ‘islas de Barneveldt’ y ‘cabo de Hornos’, que para los Nodales fue ‘de San Ildefonso”, escribe el historiador Juan E. Belza en su magnífica obra Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, Instituto de Investigaciones Históricas, Argentina, Tierra del Fuego, 1978.

Tras la publicación de El Jardín de la Casa de Rosalía y La magnolia de Valle-Inclán y el Pazo del Cuadrante –ambos libros editados en 2016 por la ‘Fundación Rosalía de Castro’ y la Diputación de Pontevedra, respectivamente–, el botánico y ensayista Carlos Rodríguez Dacal nos brinda ahora Rosalía en Verde. Xardíns, Monumentos e Plantas, ‘Fundación Rosalía de Castro’, 2021. “Este Rosalía en Verde vén dalgún xeito completar aquel impresionante traballo ó tempo que dá conta da proxección da autora tanto a nivel galego como a nivel internacional”, escribe Anxo Angueira, presidente da ‘Fundación Rosalía de Castro’.

 

“O bordón, a cabaza e a vieira”. He aquí los tres símbolos del peregrino por antonomasia. Uno solo, no obstante, identificaba al caminante quien –después de haber alcanzado su meta– regresaba a su lugar de procedencia. Nos referimos a la ‘cuncha’: un elemento que, andando y andando los siglos, se metamorfoseó en símbolo de generosidad. Una virtud que, desde el instante en que se llegaba al término del ‘Camiño’, debería acompañar al caminante el resto de sus días. Transcurridos siglos y siglos, la ‘cuncha de vieira’ se convirtió en un símbolo más de la ‘ruta xacobea’. Un hecho que inició su popularidad a partir del creciente auge de las peregrinaciones durante los siglos medievales del XI y XII.