Tribuna Abierta de José Francisco Armas Pérez

“El que calla, otorga”

El dicho es sabio. Si usted, ante una acusación infundada, un bulo malicioso o ya más friki, fake news, calla, está dando a entender que lo que se ha dicho es verdad o por lo menos lo acepta. Nada de eso.
17.JOSE FRANCISCO ARMAS EN VENEZUELA
José Francisco Armas.

Me viene a la memoria un pasaje de una conversación entre dos ilustres pastores de mi pueblo. Uno comentaba que estaba denunciado porque sus cabras habían causado daños. El otro, más ducho en los menesteres judiciales, le aconsejaba que delante del juez, nunca dijera: “mentira señoría”, sino “incierto señoría”. La precisión tiene su aquel en la que no voy a incidir, aunque les aconsejo que lo hagan.

Entrando en materia: el jueves pasado se celebró en el Cabildo Insular de El Hierro un pleno ordinario en el que tuve el “honor” de ser citado y me viene a la cabeza la máxima de que “siempre es bueno que hablen de ti, aunque sea mal”. Dicen que Salvador Dalí dijo: “Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí, aunque confieso que me gusta que hablen mal porque eso significa que las cosas me van muy bien”. La opinión del artista refleja un nivel de vanidad propio de los elegidos, limitado para el común de los mortales, pero sí diré que depende de quién venga el comentario, así será el efecto que produce. Dicho en manera coloquial: “La patada duele según el burro que la dé”.

En ese Pleno se dijo que mi persona viajará a Venezuela en representación del Cabildo, y aunque no se diga expresamente, cualquiera que escucha puede interpretar que lo hago con los gastos pagados. Absolutamente falso tanto una opinión como otra.

En el mismo instante en que el portavoz hacía esa afirmación le envié un mensaje aclarando lo siguiente: “Te quiero decir que yo nunca he ido por cuenta del Cabildo a Venezuela. Siempre y ahora yo me pago mis gastos. Solo quiero aclarártelo”.

Producto de este circunstancial contacto, tuvimos una conversación muy amena y educada, como no podía ser de otra manera, y que quiero agradecer.

Y, sin embargo, ahí es donde empieza lo verdaderamente preocupante.

Porque a pesar de esa conversación directa, clara y además mantenida en un tono ameno y correcto se permite que la misma idea, deformada, insinuada, siga circulando.

Al día siguiente comenzaron a aparecer publicaciones ya sin dar nombres, afirmando exactamente lo mismo, donde no se rectifica, se rodea. No se aclara, se sugiere. Publican:

- “Mientras tanto, los consejeros se enteran por invitaciones enviadas desde Venezuela de quién representa al Cabildo.

- Dos directores de área, nombrados a dedo, como representantes de la isla”.

Cuando hay carroña, revolotean los buitres. Y en este ecosistema de redes, el daño se multiplica y tiene el efecto que tiene y como no somos idiotas, sabemos de qué hablamos.

Por ello no callo, no otorgo. Por eso digo: es incierto.

He sido invitado a un acto en Venezuela para presentar un magnífico trabajo de recopilación oral de la historia de casi un centenar de compatriotas. En la invitación indican mi nombre con el puesto que desempeño, como es lógico. Eso no implica que viaje en representación oficial ni que mis gastos los asuma institución alguna.

Si en la invitación hubiese figurado “abogado del Ilustre Colegio de Santa Cruz de Tenerife”, ¿significa que voy en representación del Colegio? Evidentemente no. Esto es mala fe, es una noticia falsa, es un acto chapucero.

¿Pero qué queda detrás de todo esto? Lo que queda es daño, dolor, impotencia, sufrimiento en el afectado, sus familias, sus amigos; duda sobre la credibilidad y los buenos principios; destrucción de una vida correcta.

A esto se suma el triste espectáculo de esos seres sin nombre que se denominan a sí mismos como “anónimos”, como si detrás del antifaz no hubiese nadie, donde ellos mismos se borran como personas, y que desde ese triste anonimato y perfiles falsos insultan, acusan, dicen toda cantidad de estupideces sin el más mínimo respeto a nada; viven en la selva de la ignominia y metidos en charcos de mierda.

Así es, mi querido amigo, ese es el efecto buscado por los bulos y las mentiras.

Vemos cómo proliferan denuncias y querellas, y haciendo alarde de ello se publican en las redes, multiplicándose por cualquier cantidad de noticias con matriz falsa. Ya no importa cuál sea el resultado, eso da igual; el daño, el dolor, el desprestigio ya están hechos. A partir de ese momento, pasas de ser una persona respetable a un elemento bajo sospecha, porque un/a gaznápiro/a se siente valiente detrás de su ordenador o de su teléfono inteligente.

Y entonces, ¿qué puede hacer? Muy poco, amigo/a lector/a. Quedará usted bajo sospecha, porque el paso del tiempo desvía la atención, y aquello no importa, lo que interesó, que fue publicar el comentario, la denuncia, la mentira, cumplió su cometido. Porque lo que interesa es el malgareo, el ruido fácil, la confusión interesada, de ensuciar sin importar a quien ni las circunstancias.

Ese es el verdadero problema. ¡Qué pena!