Uno tiene morriña, esa saudade gallega que ansía recuperar lo que fuimos para ser mejores en un presente en el que las culturas particulares se diluyen en lo global despersonalizado. Sin instrumentalizaciones ideológicas o localistas, tan limitadas e hirientes cuando no gozan de generosidad y comprensión, hay que agradecer el esfuerzo de intelectuales esforzados, solidarios, serios, estudiosos como Martín Fernández Vizoso. Nos ofrece el combustible con el transitar por la memoria colectiva de un pueblo de diáspora, de enrumbar hacia la identidad verdadera, tras hacernos recalar en las historias que componen un puzle, un tesoro, en cada una de sus piezas, tras disipar la niebla del olvido.
Estamos delante del ‘Colexio da Nosa Señora da Antiga”. La iglesia se inspira en la de ‘Gesú’ de Roma, iglesia-madre de la Orden Jesuita. Su cúpula nos ofrece diez metros de diámetro y se halla sostenida por cuatro arcos sobre los cuales se sitúan cuatro ángeles que sostienen los ‘emblemas’ de Jesús y del Cardenal. He aquí la Capilla del Santo Cristo donde vemos un ‘Crucificado’, obra de Valerio Cioli, artista de esculturas para la tumba de Miguel Ángel. Un patio abrazado por soportales hermosea su claustro. Como era de esperar, en el centro de cada una de las fachadas luce un escudo, correspondiente al Cardenal, a la casa de Lemos, a la Casa de Alba y a las ‘Escolas Pías’.
La mayoría de ciudades ‘nortinas’ se encuentran situadas en la costa; Calama y el pueblecito de San Pedro, en el interior. Sencillos oasis. Muy cerca, el mineral de Chuquicamata, que tiene viviendas para sus trabajadores y un buen hospital. Desde luego que en la costa se hallan las mejores ciudades. Antofagasta y también Iquique son las principales. Otras poblaciones han quedado al modo de ‘simples salidas del salitre’, tales como Junín y Caleta Buena. Iquique es venerable cuyo origen fueron las prósperas minas de plata de Huantajaya, en la época de la ‘Colonia’. A mediados del siglo XIX surgieron los paseos y las refinerías de azúcar, sus fábricas de licores y manufacturas de tejidos, sus 40.000 habitantes, sus fideos y su Corte de Apelaciones.
El avance vertiginoso de la Inteligencia Artificial provoca una mezcla de asombro y de cierta inquietud, de posibilidades y riesgos. Uno, que ha vivido el periodismo en su transformación, desde el tintero hasta el píxel, no puede dejar de preguntarse qué será de esta noble profesión en este complejo ahora, más hay que reconocer las oportunidades. Y es ahí donde el ‘Decálogo de la IA y la Comunicación’ que EDITORED -Asociación de Editores de Europa e Iberoamérica-, ha propuesto con oportunidad.
Se me permiten a nostalxia, lembro coma se fose onte aquel 24 de xullo de 1985, véspera do noso día grande, cando a TVG acendeu os seus focos en San Marcos. Unha programación regular que comezou con 39 horas á semana; hoxe parece unha minucia, pero daquela era o mundo. E non quedou aí a cousa, non. A Galega, sempre pioneira, foi a primeira canle autonómica en emitir vía satélite en decembro de 1994 coa seu “Galeguidade”, abrindo Galicia ao mundo moito antes de que o “mundo” soubera o que era globalización.
María de León llegó a Redondela con su espíritu cautivador, revestida por una elegancia personal serena, auténtica, y por lo mismo segura de su sabiduría elegante. Los que hemos leído su último libro no podíamos esperar otra cosa de un ser para el que “vivir con sentido” presupone profundiza en los caminos que dan sentido a la existencia: autoconocimiento, mirada, propósito, valores –unidad, verdad, bondad, belleza– y espiritualidad.
Si observamos las laderas de la “puna”, veremos que algunos de los indígenas “quéchuas” y “aimaraes” han labrado sus terrazas de cultivos, captando algunos riachuelos. Ellos han construido toscas viviendas que configuran pequeños lugares suspendidos sobre los abismos. Alejados del mundo, viven ahí, apartados de la influencia de la civilización: sosegados y hieráticos, su mirada alargada de los ojos incaicos, cara enjuta y cierta fraternidad que mantienen desde la época de Atahualpa.
Nos hallamos en Monforte de Lemos, la capital de la denominada “Ribeira Sacra”, donde el poder del Condado de Lemos, desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, legó numerosas huellas en la fisonomía de la ciudad, muchas de ellas pueden ser todavía visibles. He aquí las murallas, pazos y conventos. Sus museos y puentes. Sus plazas y el nombre de sus calles. Excelencia de sus mágicos viñedos y selectos brindis gastronómicos. Anocheceres de ocio en la “rúa Cardeal” y su entorno. Ese tramo del río Cabe que fluye entre “a Ponte Medieval” y “a Ponte Nova”, además de “o Campo da Compañía”.
En los enredos políticos cabe valorar indicios superlativos de egolatrías, ambiciones, avaricias y desentendimientos. Los coches oficiales suelen llevar cristales tintados y eso impide ver los bosques, descender a la realidad de lo cotidiano, entender lo que preocupa al común de los mortales, es decir, a los ciudadanos y votantes, y confundir la A con la B. No es un mal total, pero alcanza límites insospechados. Por eso hay que limpiar las malas hierbas, con prontitud y Justicia, sin miramientos, y encontrar referentes de verdad, la ejemplaridad de los buenos, puntas de lanza con las que significar el camino de las generaciones jóvenes, aquellas que no saben ya lo que significó la Transición, el mayor logro de la sociedad española, la que nos permitió avanzar entre las nieblas con decoro, venciendo intentonas golpistas o el terrorismo. Unos pocos corruptos no deberían poder con un Estado democrático ejemplar.
“Visto en el mapa de América, Chile aparece como un largo ribete amarillo que bordea a la Argentina por el oeste. Se diría una simple coquetería cartográfica para que las fronteras de aquel país no mojen en las aguas heladas del Pacífico. Mirado en un mapa regional, Chile aparece un poco más ancho y dividido en provincias de diferentes colores. Es lo que llaman un mapa político. Su aspecto es deplorable y confuso. Su estudio también”, escribe el geógrafo e historiador chileno Benjamín Subercaseaux en las páginas de su clásica obra Chile o una loca geografía, Editorial Sudamérica, Santiago de Chile, 6ª edición, abril de 1988.