Las recetas viajan sin pasaporte, no reconocen fronteras. Las que llegaron al puerto de Buenos Aires en las maletas de los inmigrantes, ya habían incorporado como ingredientes productos americanos. La amiga Raquel Rosemberg, periodista y editora a la que recordaremos siempre con cariño, escribió: “… dicen que América fue conquistada, pero yo siempre digo que hubo un movimiento inverso, y es que América conquistó al mundo a través de su cocina. Si uno recorre distintos países de Europa se da cuenta de que los ingredientes latinoamericanos han salvado poblaciones enteras de la hambruna y participan de innumerables recetas. Por eso tenemos que tener una mirada diferente. Tenemos que salir de la postura de Tercer Mundo y empezar a ser protagonistas. Tenemos que mostrar todo lo que sabemos y podemos hacer”. Sin duda, nos cuesta entender cómo eran las cocinas de nuestros ancestros sin los productos americanos, ni la de América sin los europeos.
O destino, ese fío de liño –resistente, inmaculado e condutor dunha sabedoría ancestral que adquire a forza mítica do fío de Ariadna ou a unión do fío vermello– que Ramón Villares Paz, historiador e catedrático galego leva décadas debullando con precisión de ourive, acaba de trazar un círculo perfecto sobre a xeografía espiritual de Galicia. Apenas uns días despois de que o reitor magnífico anunciase a xenerosa doazón do seu arquivo persoal á Universidade de Santiago de Compostela –ese legado de sesenta e seis caixas que gardan a memoria de cincuenta anos de rigor intelectual–, a Fundación Otero Pedrayo coroa a súa traxectoria co Premio Trasalba 2026.
Como lo realizó don Alonso de Ercilla –el épico autor de La Araucana–, dejamos la tierra firme a través del canal de Chacao, si bien hubiéramos podido elegir la partida desde Puerto Montt, por mar. De improviso, nos topamos con una alargada costa sembrada de islas; tan extensa que podríamos creer que forman parte de un continente. Henos ante el prodigioso collar de islas de Chiloé. Chacao fue el “desaguadero” de un viejo lago que ocupaba completamente el golfo de Reloncaví. Cuando se hundió la región, Chiloé quedó metamorfoseada en isla: la “Isla Grande”, que llaman los “chilotes”. Pues, en verdad, 8.394 quilómetros cuadrados es, por ejemplo, una extensión suficiente para dar cabida a tres Ducados de Luxemburgo. Es, empero, la región chilena con menor densidad de población.
Parafraseando con optimismo al gran Octavio Paz, escritor y poeta mexicano, pero alejándonos de su dramatismo esencial, puede decirse que el periodismo es una de las respuestas que el hombre ha inventado para verificar la vida.
La ciudad de Tui tuvo una gran significación en los aconteceres de la Galicia Medieval y Moderna como “plaza fuerte” durante la guerra de “Restauración Portuguesa”. Al inicio de 1809 padeció enormes y numerosas pérdidas a causa de la invasión francesa por parte de las tropas del mariscal Soult, porque la habían designado “cuartel general”. He aquí una encrucijada de severos caminos entre el sur de Galicia y el norte de Portugal. Porque, en efecto, por estos lugares pasaba la “via XIX” del “itinerario” del romano Antonino, la cual –partiendo de Bracara Augusta– se dirigía a Lucus Augusti y a Brigantium, constituyendo siempre un insólito “centro de comunicaciones” y con sus singulares puertos fluviales durante la Edad Media.
Siempre que aludimos a la ciudad chilena de Valparaíso, existen dos adverbios de lugar que nos persiguen: “arriba” y “abajo”. Porque, claro es, los “porteños” no conciben otro aspecto topográfico que el de consultar los horóscopos de los cerros. La mayoría conocemos la parte baja de la ciudad, mientras que ignoramos esa segunda mitad, mucho más extensa, que se dilata en las alturas. Así comprendemos que el pensamiento de los “porteños” ha sido, día y noche, “subir”. Porque los cerros son empinados, de modo que incluso los automóviles han de hacerse cruces para alcanzar los barrios altos. Al igual que en la populosa ciudad gallega de Vigo –también en las italianas de Génova y Nápoles– Valparaíso es una población “vertical”.
La cocina cultural, o tradicional, sus platos, no nacieron para presumir en alfombra roja, ni para ser admirados, transformados en maquetas impecables, sin manchas de salsas ni grasa; nacieron para suplir con ingenio necesidades, para nutrir el cuerpo y el alma, para curar en la diáspora el mal de lejanía, o la morriña.
Lalín ten o premio de Gastronomía máis prestixioso de España, que leva o nome de Álvaro Cunqueiro (1911-1981), escritor, xornalista e gastrónomo mindoniense. O realismo dunha terra de paisaxes que semellan un tapiz multicolor, onde a xeografía se admira sobre un lenzo quebrado por lindes de pedra, corredoiras asfaltadas e ríos que portan a memoria do Deza, únese á súa tradición cultural no máis amplo sentido: é culto que se cultiva na horta e no espírito; o culto que observa o horizonte desde o Monte do Toxo; é culto o desmonizante do Corpiño; é culto o que practican os lalinenses ca súa intelixencia natural, que analiza, procesa, estuda, conxectura e conclúe na mesa e na aula, con retranca sabrosa.
“La antigua ciudad episcopal tudense, una de las siete capitales del Reino de Galicia hasta 1833, se halla situada sobre una rocosa colina, al borde del río Miño, en la frontera con Portugal. De míticos orígenes griegos, aparece, en la época romana, con el nombre de Castellum Tyde como cabeza de la comarca de los Grovios, perteneciente al Conventus Bracarensis. Fue capital en la época de los suevos y visigodos, en donde acuñaron moneda de oro. El rey Vitiza tuvo su corte y palacio en la inmediata entidad menor de Pazos de Reis”, leemos en las páginas del bello e imprescindible libro La Catedral de Tui. Historia y Arte, cuyos autores son Domingo Cameselle Bastos y Ernesto Iglesias Almeida, con fotos de Pío García, y publicado en ‘Edilesa’, León, 2004.
Si el tiempo cabe en un vaso de las horas, bébelo despacio; si nace en un reloj de cuco, disfrútalo como un canto; si lo impone un reloj de pulsera, lúcelo con elegancia; mas si lo dicta un reloj de sol, entrégate a su luz con paciencia. En esta diversidad de medidas subyace una verdad antigua: no somos meros prisioneros de la cronometría, sino habitantes de un flujo constante. Reflexiono sobre el pasar de los días, es una cierta melancolía del pasar, anhelo de porvenir, circunstancia del cumplir años de un maestro amigo, Alfredo Conde
Sor Salud se fue con el año. Con este primer cuarto de siglo del segundo milenio después de Cristo. Hace ya algún tiempo que las noticias llegaban con una cierta parsimonia de sabor amargo, mas se referían a ella, como siempre, como una persona esencial, como una de las personalidades gallegas más influyentes y decisivas a escala internacional. Se hablaba de una emigrante con vocación universal, coraje y valores cristianos cuya obra educativa y solidaria es poco conocida aquí –salvo en Ourense– pero enormemente popular en México, pues su obra al frente de los Colegios Miraflores –con una unidad en la ciudad de las Burgas– es el paradigma de la buena educación, de la que alcanza a las élites pero que atiende a los más necesitados, y esto es quizás menos sabido.
En Valparaíso, a la luz del sol, casi nunca matinal, contemplamos un agrupamiento de irregulares viviendas que coronan los cerros, que se internan dentro de un vaho azul debido a las quebradas muy hondas. Los cerros salen ahora a abrazar el mar. Todo se extiende por ‘El Almendral’ y se abre paso frente al ‘Barón’. ¡Hermoso collar de perlas que engarza el ‘camino plano’! Más lejos, los balnearios de Recreo y Viña del Mar; siguiendo la costa, he ahí Reñaca, Montemar y Concón. Al oeste, Valparaíso lleva un saliente y un faro: Punta de Ángeles. En la zona alta, alrededor del faro, nos hallamos ante el barrio de Playa Ancha que nos regala un acervo de antiguos ‘chalets’, estilo 1900, con un jardín romántico, fértil en papayos, parrones y palmeras que el viento sacude entre remolinos de polvo.
“Santiago de Chile y Valparaíso –a criterio del geógrafo e historiador chileno Benjamín Subercaseaux– tienen una unidad geográfica y una dualidad psicológica”. Porque, en verdad, situadas a unos veintisiete minutos geográficos de distancia norte-sur, continúan siendo dos ciudades distintas y lejanas. De un lado, el relieve quiso que estas distancias se acrecentaran a causa de las altas cadenas y hondos valles que las separan. Y por otra, el actual ferrocarril con su extenso trazado en semicírculo a lo largo del valle de Aconcagua ayudó a formar en el viajero una dualidad artificial de tanto recorrer comarcas ajenas al punto de partida como al de llegada, terminando por creer que ambas ciudades distaban millas y millas de incomprensión mutua.
Como ella misma escribiría, la biografía de Nélida Piñón estaba hecha de piedras sólidas, de bases elocuentes, y de un profundo e inquebrantable amor por Brasil y por Galicia; un afecto visceral por Borela, por Cotobade, y por sus amigos.
Estamos en Gerês-Xurés, la Reserva de la Biosfera Transfronteriza. He aquí los testimonios de la relación entre el ser humano y la Naturaleza, entre valles y colinas. Son los bosques y los extensos altiplanos donde se perpetúan marcas de esta simbiosis que se extravía en la infinitud del tiempo. Aquella que dilata sus tesoros en medio de los tesoros naturales que otorgan forma a la propia identidad de este admirable y hermoso territorio en que confluyen diversos escenarios bucólicos y geórgicos, aptos para descubrirlos en la geografía de Galicia y Portugal.