EL POLÍTICO, ABOGADO Y PERIODISTA ARGENTINO NUNCA OCULTÓ SU ORIGEN GALLEGO

Gustavo López, sobre sus abuelos: “El gallego era un idioma asociado a la pobreza de la que habían escapado”

| 31 de julio de 2020, 14:21
Gustavo López, junto a la expresidente Cristina Fernández de Kirchner.
Gustavo López, junto a la expresidente Cristina Fernández de Kirchner.

Gustavo Fernando López (Buenos Aires, 8 de febrero de 1957) es un político, abogado y periodista argentino, perteneciente al radicalismo, que nunca ocultó su origen gallego, siendo uno de los más destacados miembros de las segundas generaciones gallegas. Hasta 2003 perteneció a la Unión Cívica Radical y desde esa fecha fundó el Partido de la Concertación Forja, integrante del Frente para la Victoria. 

Egresó como abogado de la Universidad de Buenos Aires en 1980, donde luego se desempeñó como docente. 

Entre 1999 y 2001 fue interventor del extinto Comfer. Fue ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, entre 2003 y 2006, designado por Aníbal Ibarra. Desde el 31 de julio de 2008 ocupó el cargo de subsecretario de la Presidencia de la Nación durante el mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. En la actualidad es vicepresidente del Enacom, el Ente Nacional de Comunicaciones.

Pregunta.¿Dicen que usted es gallego por los cuatro costados? 

Respuesta.Mis dos abuelos vinieron de España, de Galicia. Mi abuelo paterno era José María López Rodríguez, nacido en 1890 en O Vento, comarca de Lalín. Mi abuelo materno, Francisco Fernández Araujo, nació en Villalonga, también en Pontevedra, en el año 1900. 

Ambos llegaron a la Argentina en 1918, escapando básicamente de la hambruna de Galicia. Mi abuelo José se dedicó al comercio, tuvo un negocio de electricidad desde la década del 30, primero por Hipólito Yrigoyen (calle Victoria) frente a Plaza de mayo y luego a la vuelta, por la calle Alsina (calle Santa Clara), negocio que lo sobrevivió. Mi abuelo Francisco se dedicó a los negocios inmobiliarios y tuvo una larguísima actividad en la colectividad gallega, como presidente durante dos décadas de Casa de Galicia, en el Hospital Español, Centro Gallego y muchas otras instituciones que reunían la diáspora en aquella época. 

P.¿En su hogar se mantuvieron las costumbres gallegas? 

R.Me crié con las costumbres gallegas. Vivíamos en una casa grande en la que vivían mis abuelos maternos y mis tíos abuelos maternos. Mi abuelo Francisco (materno) funcionaba como una especie de Pater Familia de muchos gallegos que llegaban a Buenos Aires. Paraban en casa hasta que conseguían dónde vivir. Así pasó con la oleada que vino después de la guerra civil, es decir mis tíos, los hijos de las hermanas de mi abuelo que quedaron en Galicia. Mi abuelo José también mantenía las tradiciones, por eso, las navidades o los fines de año, se comía como si estuviéramos en Galicia. El pulpo no podía faltar, las tortillas, las castañas, etc., todo fuera de estación. Mi madre bailaba clásico y danzas españolas, así que los hermanos de mis abuelos que habían venido a vivir a Buenos Aires, con sus hijos que ya eran argentinos, organizaban bailes, que para mí, fueron imborrables. 

El idioma no se hablaba, por pruritos de la época. A pesar de la presencia de Rosalía de Castro en libros y poemas que circulaban en casa, el gallego era un idioma asociado a la pobreza de la que habían escapado y el castellano era la oportunidad de progreso. Las costumbres las heredaron mis padres y mis tíos y se fueron cortando con las nuevas generaciones. 

P.¿Mantiene algún tipo de vínculo con la colectividad gallega o con Galicia? 

R.Mantengo vínculos con mis primos en Galicia. Mis abuelos y mis padres mantuvieron correspondencia durante toda la vida y yo pude visitar la casa de ambos abuelos, conectarme con los primos de mi edad, y mantener hasta hoy un contacto fluido por ambas partes, los López y los Fernández. Con la colectividad me relacioné durante años, ahora menos, pero mis primos siguen muy relacionados con el Centro Galicia, con el Centro Lalín y el Centro Gallego, participando de las comisiones directivas de esas instituciones. Cuando fui secretario general de la UBA, entre 1990 y 1994, concreté el homenaje a los migrantes, un acuerdo aún vigente entre el Gobierno gallego y la Universidad de Buenos Aires por el que se abrió la Cátedra de Lengua y Cultura Gallega en Filosofía y Letras. Lo sentí como una obligación moral en homenaje a todos aquellos que dejaron todo para empezar de nuevo a miles de kilómetros de sus seres queridos. Mis abuelos nunca volvieron a ver a sus padres, de los que se despidieron en la primera década del siglo XX. 

P.¿Ha visitado la tierra de sus abuelos? 

R.Conocer la tierra de mis abuelos significó cerrar el círculo de mi vida. Estuve en el lugar de donde salieron para que yo llegara a ser quien soy. Tuve todo el tiempo esa sensación: de acá salí siendo José y siendo Francisco y a través de Jorge y Margarita, soy Gustavo. 

P.¿Cómo se inició en la actividad política? 

R.Me inicié en la actividad política a los 16 años, en el colegio secundario. Fui al Nacional Buenos Aires en una época de gran agitación política, entre 1970 y 1974. En el 73, con el regreso de Perón y la apertura democrática, fui uno de los tantos miles de jóvenes que nos volcamos a la política. Admiraba a Salvador Allende y a Raúl Alfonsín. Fui uno de los fundadores de la Juventud Radical Revolucionaria (JRR), nombre muy apropiado para la época política. A mi generación nos golpeó duro el derrocamiento de Allende y, por supuesto, la dictadura militar en Argentina. Seguí militando como pude y en el 82 me sumé al Alfonsinismo de cuerpo entero.   

P.Antes del primer gobierno de Perón, la mayoría de los emigrantes gallegos tenían simpatías por el Radicalismo. Incluso el fundador de la UCR, Leandro N.  Alem, era de origen gallego. Otros destacados descendientes de gallegos fueron Raúl Alfonsín y De la Rúa. ¿Cómo interpreta está simpatía de los gallegos por este pensamiento político? 

R.Hay una relación muy directa entre inmigración y radicalismo. A fines del siglo XIX, el Radicalismo era el partido de los migrantes, de los orilleros, de los conventillos. Era lógico que los inmigrantes, que querían derechos políticos, se volcaran al Partido que representaba esos intereses y como la inmigración gallega fue tan importante, la cantidad de gallegos radicales fue enorme. 

P.A pesar de su militancia en el radicalismo rompe con la conducción de este viejo partido y crea una nueva organización que reivindica el pensamiento original de esta organización. ¿Le costó mucho tomar esa decisión? 

R.Me costó mucho romper con el radicalismo. Fue como romper con un padre, me crié políticamente en esa filosofía y con esas costumbres. El dilema fue el de seguir a las ideas o seguir a una estructura. Por un lado, el radicalismo fue dejando su pensamiento progresista, tanto alfonsinista como yrigoyenista, se fue transformando en un partido conservador, que no me representaba y la irrupción de Néstor Kirchner con la transversalidad rompió los moldes. Muchas de las cuestiones centrales que Alfonsín había planteado y no había podido concretar, las enunciaba Kirchner y su discurso me convocó junto con cientos de radicales a formar otra cosa, a ser parte de la transformación que se iniciaba.

Primero formamos la Concertación Plural, conformada por la mayoría de los gobernadores e intendentes radicales que querían trabajar con Kirchner en posiciones progresistas. Cuando esa coalición se rompió en 2008 con la crisis con las patronales agropecuarias, junto a un conjunto de dirigentes alfonsinistas creamos Concertación Forja, tomando la idea de la concertación y la tradición de Forja, el espacio que desde el radicalismo se unió al peronismo, entre 1935 y 1945. 

Inspirados en Jauretche, Scalabrini Ortiz y Homero Manzi y siguiendo las ideas de Alfonsín, nos fusionamos con los principios de justicia social, independencia económica y soberanía política del peronismo. Kirchner era una síntesis para nosotros. Hoy Forja es un partido nacional, tiene un gobernador, el de Tierra del Fuego y representación política en todo el país. 

P.Recientemente fue nombrado por el presidente, Alberto Fernández, al frente del Enacom. ¿De qué manera las comunicaciones estarán al servicio del conjunto de la sociedad y no de los monopolios? 

R.Alberto Fernández me nombró vicepresidente del Enacom, el Ente Nacional de Comunicaciones. Antes, con De la Rúa había sido interventor del Comfer y luego, en 2007, presidente del sistema de Medios Públicos. Es decir, que Alberto sabía que me designaba por la experiencia en la materia y, por supuesto, por la militancia política para completar una tarea que quedó truncada, la democratización de los medios. 

Hoy el Enacom no sólo se encarga de la radio y la televisión, sino que también se ocupa de la telefonía y de internet. Nuestros objetivos siguen inalterables: la comunicación es un derecho humano básico y la conectividad, el acceso igualitario a internet, es imprescindible para la construcción de ciudadanía y la consolidación de una mejor democracia. Vamos a trabajar en estos objetivos, para tener en los próximos cuatro años una Argentina más justa y equitativa, en la que la diversidad sea garantía de pluralidad y el acceso igualitario a la conectividad, permita tener un país más justo y equitativo.

 

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