Un espíritu emprendedor heredado de su abuelo Hipólito

| 28 Julio 2019 - 23:15 h.
Náyade, con su abuelo Hipólito, el día de su boda.
Náyade, con su abuelo Hipólito, el día de su boda.
El espíritu emprendedor le viene a Náyade heredado de su abuelo Hipólito, a quien califica como un hombre “muy brillante” para los negocios y también “muy comprometido con todo”.
“Él me transmitió la forma en que debo ver a las personas con las que quiero trabajar, el amor por lo que hago y el buscar el bienestar de todos los que trabajen conmigo”, asegura.
Hipólito Bravo nació en la aldea de Muiños (en Noia) y ya casado y con un hijo, se trasladó a Venezuela, donde fue el representante oficial de Canon en el país, en el área del fotocopiado multifuncional. Buena parte de su vida la dedicó a alquilar máquinas a grandes empresas, pero también fue profesor de matemáticas y programador de computadoras.
Pero lo que más admira de él su nieta es que siempre se mantuvo preocupado por el bienestar de sus empleados, a los que siempre les pago el sueldo, incluso en momentos de crisis como los que lleva años arrastrando Venezuela. Llegó a tener 50 empleados, de los que en la actualidad solo quedan 10, porque algunos fallecieron, otros se fueron del país y algunos ya viven jubilados, pero, a sus 88 años, y aunque delicado de salud, Hipólito“todavía sigue en activo”.
Ahora vive tranquilo en Venezuela junto con su esposa y ninguno de los dos quiere retornar a Galicia, por el miedo a enfrentarse a un clima tan adverso, aunque con cierta “desilusión’ por la situación del país y por la “inseguridad” que se respira. A su edad, ambos “tienen pocas necesidades”, repara Náyade, quien, sin embargo, reconoce que “hay mucha gente que se está muriendo por falta de medicamentos básicos”.
Atrás quedaron los años en los que Hipólito permaneció ligado a la Hermandad Gallega de Venezuela. Su esposa, recuerda Náyade, “cosía y tejía con otras personas de la Hermandad”, aunque las tradiciones gallegas permanecieran por entonces en el baúl de los recuerdos. Ellos vivieron la etapa en la que hablar gallego estaba mal visto y su deseo era integrarse lo más posible en la nueva sociedad. Sin embargo, también realizaban constantes visitas a Galicia. Tanto es así que Náyade recuerda aquellos años de su infancia muy ligados a Galicia y a su bisabuela gallega.
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