DE LA CAMPA, RODRÍGUEZ MIRANDA Y ROMAY BECCARÍA, ENTRE OTROS, ASISTIERON AL ACTO

Las colectividades gallegas en Madrid organizaron un funeral por Fernando Amarelo de Castro

| 17 Febrero 2017 - 14:40 h.
El acto se cerró con la entonación del himno de Galicia.
El acto se cerró con la entonación del himno de Galicia.

La cripta de la Catedral de la Almudena en Madrid acogió el funeral por Fernando Amarelo de Castro organizado por las colectividades gallegas en Madrid y oficiado por el cardenal Rouco Varela, quien calificó al ex secretario xeral de Relacións coas Comunidades Galegas no Exterior como “un gallego ilustre, e identificado con signos y señales de esas tradiciones gallegas”, según informa el escritor cubano gallego Miguel Ángel Alvelo, quien además de mostrar su “sentido cariño, y afecto por la viuda, María del Carmen Freire Castaño, e hijos”, aseguró que “la muerte es un misterio sin resolver” que “nos inunda en un valle de tristeza sin piedad, pero hay una esperanza en Dios”, aunque aseguró que “esta palabra no está de moda”.

La ceremonia contó con la presencia de Ildefonso de la Campa, director general de Migraciones; Antonio Rodríguez Miranda, secretario xeral de Emigración de la Xunta de Galicia; José Manuel Romay Beccaría, presidente del Consejo de Estado; José Ramón Ónega, director de la Casa Galicia de Madrid; Juan Velarde Fuertes, presidente de la Real Academia Estudios Morales y Políticos; Eduardo de Quesada, cónsul general de España en Bombay; y Carlos de Blas Armada, quien fuera cónsul general de España en La Habana entre 1997 y 2000, y fundador de la Enxebre Orde da Vieira; así como el presidente de la Federación de Asociaciones Gallegas en Madrid, Ovidio Cadenas.

Según las declaraciones recogidas por Miguel Ángel Alvelo, Romay Beccaría calificó a Amarelo de Castro como una “persona culta, afable, con una gran capacidad de relación y que supo ejercer de gallego comprometido con las colectividades gallegas de Madrid con las que contribuyó, durante muchos años, a la formación de la presencia institucional de colectivos gallegos en Madrid en estrecha colaboración con Enrique Santín, Carlos de Blas y algunos otros”.

El presidente del Consejo de Estado recordó que Amarelo de Castro fue “el hombre de Fraga para la emigración” y “visitó innumerables veces todos los países del mundo en los que hay colectividades gallegas significativas y se ganó el afecto de todo el mundo que veían en él a un hombre comprometido y dispuesto siempre a cualquier sacrificio que pudiera significar una mejora de los gallegos en el exterior o simplemente el consuelo de su presencia”.

Beccaría también habló de los reconocimientos que obtuvo el exsecretario para as Relacións coas Comunidades Galegas del Exterior, “muchísimos relacionados con el mundo de la emigración y los centros gallegos en el exterior, pero yo destacaría su designación como Gallego del Año por ‘El Correo Gallego’ en una de sus ediciones y la Gran Cruz del Mérito Civil, que es una de las más importantes distinciones que concede el Gobierno de España”.

Por su parte, el actual secretario xeral de Emigración, Antonio Rodríguez Miranda, destacó que “su ímprobo trabajo fue pieza fundadora y fundamental para el reconocimiento oficial de la relevancia de las comunidades gallegas en el exterior en el pasado, presente y futuro de nuestra tierra”.

El responsable de Emigración en la Xunta también señaló que “a él se debe el diseño básico de muchas de las líneas de actuación, en pro de las y los gallegos residentes fuera, que aún ahora se desarrollan desde la Administración autonómica, e incluso en la del Estado”. “La consolidación y crecimiento de esa gran red universal sobre la que reposan los sentimientos y lazos de las y los gallegos repartidos por el mundo es, en gran medida, producto directo del cariño y pasión con los que Fernando Amarelo de Castro llevó a cabo su tarea en la Xunta, y también en otras organizaciones públicas y privadas”, aseguró Rodríguez Miranda, quien explicó que “buena parte, en fin, del justo reconocimiento que la sociedad gallega ha hecho, hace y hará, a sus paisanos y paisanas en el exterior, es consecuencia del abnegado trabajo de un hombre que, sin duda ninguna, forma ya parte imborrable de la historia de Galicia, con mayúsculas. Galicia y ‘galeguidade’ no serían lo mismo sin don Fernando”.

Por su parte, De la Campa aseguraba que “para mí, en particular, fue mi mentor, mi maestro, mi amigo”, mientras que Ónega lo calificaba de “amigo y “gran embajador de Galicia”.

De Blas Armanda destacó su faceta de “gran impulsor de la Enxebre Orden de la Vieira” y Eduardo de Quesada lo calificó como “un gran gallego y muy trabajador”, a la vez que recordaba que en su etapa de cónsul en La Habana había coincidido con él en diferentes actividades con la colectividad gallega en Cuba.

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