PARTICIPARON EN EL ACTO, ADEMÁS DEL AUTOR, ROMAY BECCARÍA, CÉSAR ANTONIO MOLINA Y JOSÉ RAMÓN ÓNEGA, ENTRE OTROS

Participaron en el acto, además del autor, Romay Beccaría, César Antonio Molina y José Ramón Ónega, entre otros

| 8 de junio de 2012, 15:22
José Ramón Ónega, Cesar Antonio Molina y Artura Franco Taboada, durante la presentación.

‘La flor antigua’, la última novela del escritor gallego Arturo Franco Taboada, editada por Pigmalión, fue presentada este jueves en la Casa de Galicia en Madrid en un acto en el que participaron, además del autor, el presidente del Consejo de Estado de España, José Manuel Romay Beccaría; el presidente de la Fundación Sánchez Ruipérez, César Antonio Molina; el catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares y escritor José Manuel Otero Lastres; el representante de Pigmalión, editor y escritor Basilio Rodríguez Cañadas; y el delegado de la Xunta en Madrid, José Ramón Ónega.

Ónega dio la bienvenida a los participantes y al público y leyó unas palabras remitidas por Romay Beccaría, quien excusó su ausencia en el acto, debido a un viaje inaplazable, pero quiso participar en la presentación transmitiendo sus impresiones de la obra, de cuya lectura dijo haber disfrutado. Recordó que Franco Taboada es arquitecto y que arquitectura y literatura “han hermanado siempre bien”. Apreció que la novela habla de muchas ciudades, cita a muchos escritores y novelas, toca muchos temas y en ella desfilan muchos personajes. “Somos lo que leemos”, afirmó Romay Beccaría, quien por esa razón se confesó “preocupado por los bajísimos ratios de lectura” de los jóvenes en el país.

Rodríguez Cañadas afirmó que Franco Taboada es un profesional de indudable prestigio del que opinó que con esta obra está rubricando una voz propia y consolidándose en la literatura, con el respaldo de críticos y lectores. Otero Lastres calificó la obra de novela histórica y resaltó que cuenta una historia entrelazada, coherente, que ofrece gran unidad temática y narrativa y maneja un lenguaje muy rico.

También César Antonio Molina vinculó la ciudades y la arquitectura con la literatura y halló que “el relato de Arturo es muy consustancial con su persona” y que “basándose en cierta realidad construye ese lugar que pudo ser y no fue”. “El libro es como la arquitectura que conozco de Arturo, muy limpio, muy lineal y nada barroco. Es un relato lleno de vida que se lee muy bien”, añadió.

Por su parte, el autor explicó que, tras su anterior novela, ‘El legado del obispo nigromante’, quería salir del ambiente lúgubre y gótico en el que transcurre e irse a un mundo más colorista, al Caribe. Franco Taboada relató cómo le surgió la idea de ‘La flor antigua’ a través de estímulos externos como otra novela y un poema de Rubén Darío sobre el volcán Momotombo, en Nicaragua, hasta donde viajó. Se refirió también al “atractivo extraordinario” de la epopeya española en América, de la que dijo que da idea el hecho de que “en menos de setenta años los españoles construyeron en América más de doscientas ciudades con su correspondiente estructura administrativa, desarrollada por unos pocos españoles y el resto indígenas”.

 

Sinopsis

La novela, prologada por el Premio Nadal y Premio Nacional de Narrativa Alfredo Conde, cuenta la historia de un profesor de universidad especialista en Urbanismo Colonial que, decepcionado con el escaso horizonte de crecimiento intelectual que le ofrece su situación, recibe un mensaje inesperado, una invitación a colaborar en unas excavaciones que se van a realizar sobre los restos de una ciudad enterrada bajo la lava y la ceniza del volcán Momotombo, en la actual Nicaragua. Esta oportunidad le brinda al profesor una ocasión única: analizar sobre el terreno los posibles restos de una de las primeras ciudades coloniales en estado original; una Pompeya del Nuevo Mundo.

Investigando sobre la época en la que sucedió la catástrofe, en 1686, el profesor se tropieza con un hecho de armas de gran trascendencia para el porvenir del Imperio Español. La primera revolución, golpe de Estado en el Nuevo Mundo, contra los intereses de la corona. Los hermanos Contreras, nietos del gobernador Pedrarias Ávila, intentando hacerse con los tesoros que cruzaban el istmo desde el Pacífico a Portobello en el Atlántico, estaban abriendo la puerta a la piratería europea que iba a hostigar a España durante tres siglos.

 

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