JOSÉ RAMÓN ÓNEGA, DELEGADO DE LA XUNTA Y DIRECTOR DE LA CASA DE GALICIA EN MADRID

“En estos once años he procurado desarrollar una política, no de partido, sino de promoción de Galicia en Madrid”

| 23 de abril de 2020, 17:55
José Ramón Ónega, delegado de la Xunta en Madrid.
José Ramón Ónega, delegado de la Xunta en Madrid.

La promoción de Galicia en Madrid está en manos, desde hace 11 años, de José Ramón Ónega, un hombre con formación en leyes a quien apasiona la historia. En su currículum sobresalen sus años como gobernador civil en Zamora y en Vizcaya cuando ETA se dedicaba a sembrar el terror por toda España. Sin embargo, y pese a la crueldad del terrorismo, nada en su dilatada vida adquirió un tinte “tan dramático, tan trágico” como lo que está viviendo a causa del coronavirus. A sus 81 años y a la espera de que se celebren elecciones en Galicia, considera que ha llegado el momento de descansar de su vida pública, a la que siempre se ha entregado “con pasión y sinceridad”.

Pregunta. A sus 81 años y en todo este tiempo de vida, ¿recuerda algo como lo que se está viviendo en la actualidad a causa del coronavirus?

Respuesta. Pues no, de estas características, con este ambiente, con esta perspectiva preocupante, la verdad es que no. Yo he vivido en el País Vasco situaciones de terrorismo muy dramáticas, pero verdaderamente, como esto, con un clima social tan dramático, tan trágico no había vivido nada.

P. Madrid está resultando la comunidad autónoma española más afectada por el coronavirus. ¿Cómo se está viviendo en la capital esta pandemia?

R. En general, el pueblo está preocupado. Para una ciudad de gran intensidad poblacional como es Madrid, que se apoya en las vías de comunicación para acudir al trabajo es un tema muy preocupante, muy dramático, aunque siempre en el horizonte está la esperanza de que se resuelva. Es un problema no solo nacional, sino de Europa y del mundo. Esto no es ningún consuelo, hay que decirlo, y cada país tiene sus instrumentos válidos para luchar contra ello, pero a nosotros nos interesa lo que afecta a nuestro país, a España y, en concreto, a Galicia.

P. ¿Cómo está afectando a los gallegos en Madrid este problema? En este tiempo de confinamiento, ¿mantiene contacto con la colectividad?

R. La colectividad gallega sufre estas consecuencias como cualquier otra. Tenemos el mismo riesgo al salir a la calle. En la Casa de Galicia reunimos a un colectivo importante de gallegos y no gallegos y nos preocupa esta situación. La delegación acoge numerosos actos públicos todos los días y entendí que podía ser una circunstancia dramática y trágica si continuábamos acometiendo el programa, que es bastante intenso todo el año, porque a la Casa de Galicia llegan todos los días sectores gallegos de todas las profesiones que llenan la Casa con exposiciones de arte, conferencias y simposios. Continuar con eso sería un semillero de gran peligro para ese colectivo que visita nuestra casa y por eso se cerró.

P. ¿Cómo se siente cuando día tras día se tienen noticias de nuevos fallecidos y contagiados? ¿Conoce gente de la colectividad afectada por esta pandemia?

R. Nosotros no llevamos un censo de los gallegos, pero en Madrid hay un colectivo importante de ciudadanos de esta Comunidad y algunos, desgraciadamente, han sufrido las consecuencias del virus en sus carnes y les ha afectado a su vida. Hay alguna personalidad, como el doctor Pérez Vázquez, que sufrió el virus con su esposa y en Galicia, precisamente. Viajó a Galicia y allí se murió. Y otros muchos más que puede haber y que probablemente no conocemos.

P. Como cargo político, ¿cómo valora la gestión que los gobiernos central y autonómico están realizando de esta crisis?

R. Yo ahora mismo acabo de escuchar en el Congreso una nueva sesión de debate. Pero yo no quiero meterme en este tema.

P. Sobre el alcalde de Madrid se están vertiendo elogios. ¿Qué está haciendo bien Martínez Almeida?

R. Quiero pensar que todo cargo político, desde el punto de vista institucional, llega con buena intención, partidismos a parte, que también lo hay, porque somos seres humanos. Partidismos y malas inclinaciones, y tendencias políticas, pero a parte de eso hay que pensar que un cargo político está obligado moralmente a ser correcto en su comportamiento y a perseguir el bienestar de la población. Al respecto, no puedo opinar, porque no sé lo que hacen el ayuntamiento ni los ministerios, tengo bastante con la Casa de Galicia y prevenir las circunstancias negativas que pudieran derivarse en nuestra institución de este problema gravísimo que tenemos en este momento. Por tanto, en la política partidista no entro, no quiero meterme, porque eso no es mi papel. Mi papel es administrativo y como delegado de la Xunta mi deber está en defender los intereses de Galicia y estar a las órdenes que me indica mi querido presidente, Feijóo.

P. ¿Qué aporta esta Casa de Galicia en Madrid a la Comunidad gallega? ¿En qué le beneficia?

R. La Casa de Galicia lleva bastantes años de funcionamiento. Tenemos un amplio programa cultural. Las empresas gallegas tienen allí su casa; los productos gallegos se pueden promocionar desde aquí y desde este escenario se puede mostrar Galicia como destino turístico.

La Delegación de la Xunta en Madrid es un órgano administrativo, de representación y de contacto con personas de procedencia común que visitan la Casa y con los que establecemos un cierto grado de confianza. Personas de diversas profesiones a las que todo lo que nos une es el ser gallegos. Insisto en que la Casa de Galicia en Madrid es la sede institucional de la Xunta en la capital de España y su objetivo es la difusión en Madrid de todo lo gallego.

Hay cuatro campos fundamentales de trabajo: el institucional, como delegación de la Xunta en Madrid; el cultural, con exposiciones de arte, presentaciones de libros, conferencias, música, etc.; el económico, ya que las empresas gallegas tienen en la Casa de Galicia en Madrid un lugar desde el que dar a conocer y promocionar sus productos; y también el turístico, ya que contamos con una oficina permanente de la Xunta en las instalaciones desde la que poder mostrar Galicia como destino turístico.

Todo el mundo sabe que siendo gallego tiene la Casa de Galicia a su disposición y todas las asociaciones gallegas tienen una sala para reunirse y celebrar actos públicos.

Unos 25 embajadores de todo el mundo visitaron la Casa hasta el momento y me invitan a las fiestas de las embajadas y yo acudo en representación de la Xunta y de mi presidente, el señor Feijóo.

P. Usted es licenciado en Derecho y doctor en derecho y siempre estuvo vinculado a la Administración del Estado. También fue gobernador civil en Zamora y en Vizcaya, aquí concretamente, entre 1982 y 1984. ¿Qué recuerda de aquellos años en la provincia vasca y en un momento en el que el terrorismo de ETA pegaba fuerte?

R. Yo pasé de una provincia como Zamora, limítrofe con nuestra querida Galicia, al País Vasco. En Zamora había unas personas fantásticas que recibían al gobernador con gritos de ¡Viva el gobernador civil! –me emociono ahora al recordarlo– y me dedicaban calles que todavía no han cambiado de nombre. De norte a sur de la provincia tengo avenidas con mi nombre, lo que no significa nada personal, sino la bondad de ese pueblo de Zamora, tan noble y tan caballeroso y con unas dotes impresionantes de ciudadanía que dedicaban respeto al gobernador civil. De allí me pasan al País Vasco, con un panorama totalmente distinto y con una situación del terrorismo en plena efervescencia. Pero, no obstante, yo les hice ver la singularidad que los pueblos de España tenemos cuando afrontamos los problemas. Entonces no me he sentido tampoco mal. En el País Vasco conservo amigos y con el Gobierno vasco he tenido buenas relaciones. La situación era dramática, era tremendamente dramática, porque ver caer a un guardia civil o a un policía o a cualquier otra persona a manos del terrorismo es un drama que no se olvida jamás. De aquella etapa conservo el haber servido al Estado, que es mi profesión como funcionario del Estado, tratando de aplicar los conocimientos y las capacidades que uno tiene, sean pocas o muchas, al servicio del ciudadano, que es en definitiva el motivo por el que se acepta un puesto y por el que uno se vincula a situaciones dramáticas como el caso que estamos contando.

P. En su dilatada vida también ha tenido tiempo de dedicarse a la literatura y a la historia. ¿Qué le han aportado ambas ramas del saber? ¿Por qué ese interés en ahondar en cuestiones que tienen que ver con la historia de Galicia?

R. Todos tenemos algún fallo y alguna pasión. La mía es la historia. Creo que conociendo la historia se puede conocer la política actual, porque los pueblos no nacen espontáneamente, sino que tienen una deriva, una forma de ser, un nacimiento y un desarrollo, y eso hay que conocerlo para saber un poco las soluciones que hay que adoptar. Mi pasión por la historia es evidente, me nace simplemente de esa pasión de conocer España y las distintas regiones o autonomías: las pasiones que las castigan, los méritos que tienen y los hallazgos y fracasos que les acompañan; de ahí viene mi pasión por la historia y el haber escrito algunos libros, como ‘Los judíos en el Reino de Galicia’, con el que parece que desperté en un momento dado en la historiografía de nuestra región alguna pasión por el pasado. Desde entonces han surgido estudios, algunos, fundándose en lo que yo inicié, y que yo a su vez inicié en otros anteriores, como es lógico, porque en la investigación histórica caben todos todas las pasiones. La historia es mi pecado personal, porque me gusta saber cómo se han valido las generaciones anteriores para resolver los problemas, en España en general, pero en Galicia en particular, que todavía creo que tiene aspectos muy importantes que descubrir porque somos un gran pueblo, que será siempre un referente en la historia de España

P. De lo que ha estudiado e investigado sobre Galicia y los gallegos, ¿qué es lo que más le ha impresionado?

R. Es una pregunta difícil de contestar. El pueblo gallego es un pueblo sensacional. Que esto lo diga un gallego parce que es lo normal, pero no, es que el pueblo gallego tiene unas virtudes y unos condicionamientos de tipo social, de forma personal de ser, que son difíciles de igualar por los otros pueblos de España. No digo que los otros sean menos, pero el pueblo gallego, los celtas, esa raíz celta que emana en esas situaciones difíciles, complejas, es la simiente que nos dejaron los colonizadores en su momento y los primeros pobladores y también los siguientes. El pueblo gallego tiene una fuerza que no suele manifestar, porque somos un pueblo humilde, y pasión por descubrir los valores positivos de la vida. La forma de ser, el sentido de la ciudadanía, el saber estar, eso se da en Galicia. Somos un pueblo genial en ese aspecto, como pueblo, como entidad pública y como protagonistas de un proceso histórico.

P. El pasado marzo, antes de que se anunciara que se iba a decretar el estado de alarma, Asomega (Asociación de Médicos Gallegos) le concedió la insignia de Oro de la institución. ¿Qué supone para usted este premio?

R. Me han comunicado oficialmente que me han concedido la insignia, pero después de todo esto, a saber cuándo la podré recoger. Tengo otras también. La gente es tan positiva en su forma de actuar, tan generosa, que se acuerda de un ciudadano humilde de Mosterio-Pol, Lugo, como soy yo para concederle el honor de hacerle partícipe de esos valores que representan la querencia del pueblo hacia las élites que dirigen sus destinos y eso siempre agrada. Esa es la satisfacción que uno tiene al recibir estas pruebas de afecto y de amistad.

P. Uno de los fundadores de la asociación falleció el pasado mes a consecuencia del coronarivus, un hombre vinculado a la colectividad. Se trata del médico José Manuel Pérez Vázquez. ¿Qué recuerda de él?

R. Éramos muy amigos, como también del actual presidente, Julio Ancochea. Pérez Vázquez era un referente no solo para mí sino para todos los gallegos en Madrid. Era un gran médico que curó a importantes personalidades en Madrid, y de otras partes de España y era un gran profesional y una gran persona. Lo emocionante es que quince días antes fuimos a comer juntos, me dejó con su coche en casa y todavía conservo de él esa mirada privada subjetiva de su bondad. Recuerdo a su mujer y a sus hijos… Hablar de Pérez Vázquez es como referirse a alguien de la familia.

P. Después de 11 años en el cargo, ¿qué balance hace de este tiempo cómo delegado de la Xunta en Madrid?

R .Si el señor Feijóo me conservó en el cargo durante 11 años es que no lo hacemos del todo mal. Bromas aparte, he procurado, a través de la Casa y como delegado de la Xunta, buscar los acentos que el pueblo gallego necesita y con la confianza que me ha otorgado el presidente Feijóo, el haber desarrollado una política no de partido, sino de promoción de los intereses de Galicia en la capital del Estado. No es que presuma, pero valoro un poco haber continuado la labor de mis antecesores, que fue muy positiva, y potenciada por mí con las distintas iniciativas que he venido desarrollando en estos últimos 11 años. Mi proyecto era sacar adelante la imagen de Galicia para insertarla en el contexto de las demás autonomías de España.

P. Galicia está pendiente de celebrar elecciones. En el supuesto de que Feijóo revalidara la mayoría absoluta, ¿estaría dispuesto a continuar en el cargo?

R. Yo llevo 11 años como delegado en Madrid y la edad, y un poco también el cansancio… en este momento me gustaría pasar a la jubilación definitiva.

Es mucho tiempo al servicio de la función pública, los servicios públicos siempre los he realizado con pasión, con sinceridad y con entrega total, pero ahora querría descansar. 

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