RECOGE RECUERDOS DE SU FAMILIA Y DE SUS AÑOS EN CUBA EN ‘SÁNDALO’, SU NUEVA NOVELA

María Xosé Porteiro: “De la emigración gallega no sabemos nada, pero debemos sentirnos muy orgullosos”

| 15 Junio 2019 - 15:09 h.
María Xosé Porteiro.
María Xosé Porteiro.

Nació en el seno de una familia de emigrantes, pero vivió ignorante de tal circunstancia hasta su retorno a España. Tenía 14 años y llevaba desde los cuatro residiendo en La Habana. Sus padres, un gallego y una asturiana que se habían conocido en Madrid, partieron con ella rumbo a la capital isleña en 1956 con la intención de trasladarse más tarde a Detroit (Estados Unidos), donde alcanzar mayor prosperidad gracias a la industria del automóvil. Por entonces, “la parada en Cuba era normal”, se trataba de un país “muy avanzado” para la época y nada hacía presagiar el cambio de rumbo que les estaba reservado. Pero estalló la Revolución y con ella dieron al traste todas las expectativas familiares, hasta el punto de que se hizo necesario retornar.

En la aldea lucense en la que se instalaron, un mes de enero de 1966, “el choque fue horrible”, recuerda María Xosé Porteiro. “¡Qué raro era todo!”. En medio de la lluvia y de la oscuridad que envuelve a Galicia en la época invernal, se sintió como “un bicho raro”, expuesta a la mirada de los vecinos, que no ahorraban expresiones desafortunadas e incluso un tanto desacertadas acerca de lo que consideraban había sido su situación en la isla y que ella encajaba con cierta incredulidad. Porque “yo estaba gordita, y de hambre, nada”, asegura.

Lo peor de todo fue el idioma, del que solo tenía referencias por un episodio del que había sido testigo poco tiempo atrás, que hizo brotar lágrimas de nostalgia a su padre al escuchar en la radio el poema ‘Airiños da terra’, de Rosalía de Castro, en el que las terminaciones en ‘iño’ le llamaron la atención por aquel entonces.

En gallego “me perdía”, “no entendía a mi abuela”, “ella estaba ansiosa por contarme cosas de Galicia y de la familia y yo no entendía nada”. Como no entendía tampoco el porqué de aquel cambio en su vida ni la prisa por abandonar La Habana.

Ahora, todos esos recuerdos de aquel entonces se agrupan en su memoria y cobran vida en su nueva novela, titulada ‘Sándalo’ (Editorial Galaxia), en la que, con tintes biográficos, vierte sus experiencias y acontecimientos familiares con la intención de provocar nuevos relatos que contribuyan a poner en valor el verdadero alcance de la emigración gallega; ese fenómeno social que recorrió Galicia de norte a sur en los últimos dos siglos, dejando a su paso un reguero de sufrimiento y desolación, pero también de nuevas oportunidades.

Con su nuevo trabajo, en el que recrea episodios de amor, pasión traición, sexo, guerra…, lo que pretende es “despertar curiosidades” y “crear conciencia de la importancia de la emigración como hecho sociológico”, al tiempo que “indagar sobre lo que supuso la emigración a nivel individual, para “saber quiénes somos”, y tener conciencia de que los gallegos (y lo dice por experiencia) “somos los más cosmopolitas del mundo mundial”.

‘Sándalo’ surge en María Xosé Porteiro de sus años como delegada de la Xunta en Buenos Aires (entre 2007 y 2009), donde la periodista, política y escritora, se encuentra con su propio “espejo” al escuchar los testimonios de la colectividad residente en la capital argentina. “En ese momento, me di cuenta de que lo que yo había vivido como una cuestión personal era también una cuestión política, social, y que todos formábamos parte de lo mismo”. Todos como parte de una realidad que bien debería ser contada, porque de la emigración gallega, que es tan grande como la irlandesa, la italiana o la judía, “no sabemos nada”. Es por eso que anima a todos aquellos que tengan historias como las suyas a que las cuenten, porque “son historias maravillosas”.

María Xosé Porteiro, quien se define como “una periodista que escribe novelas”, nació a comienzos de los años 50 en lo que se conocía como ‘la colonia del Mao’, en el madrileño barrio de Lavapiés. Pero sus “únicos” recuerdos de infancia se remontan a los años que pasó en Cuba, a donde llegó con sus padres –un lucense que trabajaba como obrero de la industria del automóvil en Madrid y una asturiana de Tineo, empleada en una tintorería– como parte de aquella última oleada de españoles que optaban por la isla para labrarse un futuro más próspero al otro lado del Atlántico, toda vez que Venezuela se había convertido por entonces en el país de moda de acogida.

Se instalaron en la parte más antigua del barrio habanero del Cerro, fundado por gallegos en el siglo XIX, con viviendas de tipo colonial y en el que la colectividad tuvo oportunidad de prosperar y demostrar su capacidad de iniciativa.

Fue debido a ese traslado a tan temprana edad que siempre se consideró “una niña cubana a todos los efectos”, aunque, a veces, por su aspecto –“Yo era rubita y de ojos claros” entre una población donde primaba la raza negra, confiesa–, le llamaban “la galleguita”.

Se recuerda como una niña que jugaba y que para nada se sentía diferente al resto. Su vida estaba en la calle, en el colegio, en el instituto y con sus amigos, y algo también en el Centro Gallego de la capital, ese basto inmueble de socialización erigido por el esfuerzo y el tesón de la colectividad gallega al que iban con frecuencia a comer, pero del que solo conserva en su memoria la idea del teatro y de la grandiosa escalinata.

Por su prestigio, a sus instalaciones acudían a diario las más adineradas personalidades del momento, incluso “aquellos que carecían de orígenes gallegos”, relata.

Con más de 60 delegaciones repartidas por la isla, “era como una gran embajada” de Galicia en Cuba, y llegó a tener “más presupuesto” que el que atesoraba el gobierno de la ciudad de La Habana, desvela Porteiro, quien pasó años recopilando información acerca de la presencia gallega en la capital cubana.

Todos esos recuerdos se agolpan en su mente con motivo de su episodio en Buenos Aires que, pese a sus vivencias personales y a su familiaridad con los asuntos relacionados con la emigración (fue ponente del Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior por el Grupo Socialista), le “cambia la mirada” y siente la necesidad de visitar Cuba, “para recolocarme”, dice, porque en ese momento había tomado conciencia de lo que en realidad significaba la emigración gallega. Ese sentimiento se acentúa al acercarse al habanero cementerio de Colón, donde, en sus panteones –el de ‘Hijos de Ortigueira’ es el más grande de ese camposanto– hay mucha más gente enterrada de Galicia que en el propio territorio, lo que le da idea de la “dimensión” de la emigración gallega, relata.

Un análisis sosegado de la realidad, le permite a María Xosé Porteiro reconocer que la emigración supuso “un trauma” para los que se fueron, pero también para los que se quedaron, “que se enfadaron” con aquellos porque se marchaban rumbo a “una salvación”, mientras ellos se quedaban sufriendo una dictadura. “De lo que no se daban cuenta –repara– es de la tragedia” que vivieron muchos de ellos; los que perecieron por el camino y los que tuvieron que construir “familias de la nada”. Eso por no hablar de la heroicidad que suponía para una mujer de finales del XIX o principios del XX salir ella sola de su aldea con rumbo a La Habana o Buenos Aires. “Lo que le podía pasar por el camino…¡dejémoslo ahí!”, relata, a modo de pincelada de su condición feminista.

Pero, si la emigración fue un trauma, mejor hablar de “trauma productivo”, tanto para Galicia como para los lugares de asentamiento. “Cuba, Argentina…, no serían las mismas sin el aporte de los gallegos”, del mismo modo que Galicia tuvo en el exterior lo que no podía tener dentro: la más grande sede social, el mejor plantel de enseñanza, grandes científicos y políticos, coro, banda, himno, bandera, escudo... 

Del éxodo, que nos dio fama de “brutiños”, pero también de “muy trabajadores”, “podemos estar orgullosos”, porque salir al exterior permitió al gallego conocer sus verdaderas capacidades. “La cultura del trabajo, la capacidad de mezclarse con otras razas, los valores… todo eso es nuestro”, y la prueba está en que “gran número de dirigentes políticos de América Latina son de origen gallego”.

Pero eso no se reivindica ni se reconoce, “no se agradece ni se valora”, de ahí que se sienta mal cuando percibe cómo se trata hoy en día a aquella emigración gallega, que si bien debe ser “desmitificada”, nunca debería caer en el olvido.

 

Ignorancia y utilización

Uno de los problemas a los que se enfrenta la emigración gallega es precisamente ese, el haber caído en el olvido. La mayoría de la gente, la “ignora”, y desde la política, “se la utiliza, y ellos se dejan utilizar”. Así lo percibe como consecuencia de los casi dos años que pasó en Argentina como delegada de la Xunta. Si bien es cierto que los emigrantes “sufrieron mucho”, con la llegada de la democracia, “se les restituyeron sus derechos”, entre ellos, la posibilidad de votar, lo que dio pie a que, en un momento determinado, se quisiera “comprar su voluntad”. Esta denuncia que Porteiro realiza a propósito de la entrevista, le lleva a lanzar a los emigrantes el mensaje de que tienen que comprender que “son libres para votar” lo que quieran y que no deben permitir a nadie que les diga que tienen “derecho a una pensión a cambio de un voto”, porque “eso emana mal concepto del emigrante”, que tiene que salir de una vez por todas de la “queja permanente” y reconocer lo que Galicia ha hecho por la colectividad desde la implantación de la democracia. En ese sentido, reconoce que no tiene “nada mitificada a la emigración”, y que lo que tiene es un “conocimiento y un sentimiento” que le llevan a expresar aquello que lleva tiempo observando.

Y es que sus años en Buenos Aires le echaron por tierra dos mitos respecto a la emigración gallega: por una parte, la tan traída y llevada deuda de Galicia con la diáspora, y, por otra, el echar mano de la nostalgia permanente. “El emigrante siempre siente que Galicia está en deuda con él”, pero “yo no estoy de acuerdo con eso”, porque se lleva años compensando a los que están allá solo “a cambio de que se sientan gallegos”. “Yo también me siento gallega y pago mis impuestos”, dice, y aunque no pretende incitar a que se les exija abonar nada, sí a que reconozcan que “está habiendo una retribución”.

Lo de la nostalgia tampoco tiene justificación para Porteiro, porque, más que el corazón partido, los emigrantes “debemos tener el corazón multiplicado por dos”, porque “yo considero que he perdido una parte, pero he ganado otra”.

Por eso, apuesta por “poner toda la historia de la emigración en valor”, pero también por “desdramatizar el drama creado, que busca la ayuda perpetua, y empezar a pensar qué pueden hacer por nosotros”. Porque, “la emigración gallega se vincula con Galicia emocionalmente, pero no se siente responsable de lo que pasa aquí”. Y eso ha quedado de manifiesto con la crisis vivida en España en el último periodo. Si en los años del ‘corralito’, Galicia “se volcó” con Argentina, “cuántos empresarios bien situados de allá han venido a invertir a Galicia” cuando estábamos en crisis, se pregunta. “La ciudadanía es un derecho, pero también un deber moral, al que nadie puede obligar, es cierto, pero se les podía ocurrir” ayudar cuando las cosas no van bien, reclama.

 

Implantar el voto rogado “fue un error”

Conocedora de la realidad política y social de la emigración, la exdelegada de la Xunta en Argentina también transmitió su idea acerca del conflicto suscitado tras la implantación del voto rogado. Al respecto, se muestra a favor de seguir manteniendo el acuerdo alcanzado en lo que atañe al voto municipal, “porque lo que lo ocurre en la vida de una ciudad lo sabe quien vive en ella”. Cosa distinta es lo que pueda pasar con las políticas autonómicas o nacionales, que “repercuten” directamente en el emigrante, en aspectos como la sanidad, el retorno, etc. En ese sentido, sí apuesta por facilitar el voto para evitar que el porcentaje de participación sea tan reducido, porque implantar el voto rogado “fue un error” y Rubalcaba ya alertó de ello en su momento, asegura. Pero “el Bloque tenía mucho interés, el PP tenía mucho interés, y el PSOE debía de tenerlo también, pero a mí, que estaba en ese tema, no me lo había dicho nadie”. 

Revertir este error requiere de consenso de los grupos políticos, pero un consenso necesario, porque “hay que tener una cosa clara: o son ciudadanos o no lo son, y si son, tienen que darse las facilidades para que puedan votar”, apostilla esta periodista, a la que le apasiona su profesión por encima de todo, pero que se confiesa con un “talento político innato”. 

A la espera de su próxima novela –la primera, editada por Ir-Indo, se titula ‘Cobardes’–  María Xosé Porteiro asegura que ha sido “muy feliz en el Parlamento gallego y en el Congreso” –lugares ambos en los que ha ocupado escaño–, porque la política autonómica y estatal le apasiona, y la política internacional, “más que chuparme los dedos”. 

 

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