El doctor Raúl Alfonsín recibió el título de Hijo Adoptivo y el Gran Collar de Pontevedra

| 18 de diciembre de 2018, 12:30
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Banquete en honor al entonces presidente electo, Raul Alfonsín, como motivo de su visita al Centro.

La vecindad entre la sede de la calle Moreno y el comité nacional del partido al que pertenecía, además de las especiales condiciones políticas imperantes a fines del 70 y principios del 80, hicieron del doctor Raúl Alfonsín un asiduo concurrente al salón comedor de la Sociedad.

Por otra parte, la privacidad de la que podía gozar en el Centro le permitía, al término de sus comidas, desarrollar largas jornadas de trabajo.

Su presencia en las instalaciones de la Sociedad, bien acogida como descendiente de gallegos vecinos de la Comarca, cobró, con el tiempo, así una inusitada frecuencia y dio lugar a una buena relación que luego se profundizó y extendió.

El 17 de noviembre de 1983, los alcaldes del Partido de Lalín, acompañados por el embajador de España, José María Messía y Jiménez, visitaron al ya entonces presidente electo Raúl Alfonsín. En ese acto manifestó que “los gallegos lloran con facilidad, pero esa emoción es buena. Hicieron a esta patria grande porque fueron artífices de su propio futuro. Tenemos que seguir aprendiendo del esfuerzo, del sacrificio, de la honradez, del sentido de trabajo y de la ética, de quienes vinieron sin nada e hicieron nietos presidentes”.

El 10 de diciembre de ese mismo año, asumió la presidencia de la República Argentina. Al acto, en representación oficial de España, asistieron el entonces presidente del Gobierno, Felipe González; Manuel Fraga Iribarne y el entonces alcalde de Lalín, José Cuiña Crespo. Este último, por especial invitación de Alfonsín.

Cuiña Crespo volvió cinco años más tarde como presidente de la Diputación Provincial de Pontevedra para cumplir lo resuelto por esa Corporación: Testimoniar el reconocimiento por la “mejor lección de galleguidad” -decía– otorgarle al doctor Alfonsín el Título de Hijo Adoptivo y Gran Collar, de la Provincia de Pontevedra como reconocimiento a la “mejor lección de galleguidad”.

    

Altos merecimientos

Cuiña Crespo concluyó solicitándole la gentileza de aceptar el ofrecimiento que se le hacía de todo corazón, porque aunque no se correspondía dignamente con sus altos merecimientos, se trataba de  las máximas distinciones que le era noble otorgar. Con este reconocimiento los representantes de la Administración saldaron una cuenta con una de las figuras que más ha impulsado el sentimiento gallego.

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