UN TOTAL DE 94 RETORNADOS PARTICIPAN EN UN PROGRAMA CON ALUMNOS DE SECUNDARIA

Aprendiendo historia de la emigración con sus protagonistas

| 24 Enero 2018 - 14:46 h.
Un grupo de estudiantes del Instituto Rosalía de Castro de Santiago, junto con uno de lo retornados que participan en el programa.
Un grupo de estudiantes del Instituto Rosalía de Castro de Santiago, junto con uno de lo retornados que participan en el programa.

Galicia cuenta con una amplia historia de emigración. Diferentes países y diferentes épocas, pero un nexo en común: dejar atrás la vida que se conoce para intentar mejorar lejos de la tierra de origen. Casi siempre se sale con la idea del retorno y unas veces llega enseguida, otras, después de décadas y en otras no sucede nunca.

Los protagonistas de este proceso migratorio ganan y pierden muchas cosas por el camino. Ganan experiencia y diversidad cultural, pero pierden el arraigo, lo que en la mayor parte de los casos les hará sentirse emigrantes todo su vida, tanto en el país de acogida como, tras el retorno, en la tierra que los vio nacer.  

Transmitir a los jóvenes el conocimiento y experiencia de su vida como emigrantes es uno de los principales objetivos del programa ‘Fálame da Emigración’ de la Fundación Abanca que este año comienza su tercera edición. En las dos anteriores, un total de 94 voluntarios de diferentes centros ‘+ 60’ de Abanca participaron en este proyecto ofreciendo charlas y trabajando con 1.286 estudiantes de secundaria de 18 centros diferentes.

Durante todo este trabajo, los mayores y los estudiantes intercambiaron experiencias y opiniones y los más jóvenes conocieron de primera mano las circunstancias que llevaron a la emigración y al retorno. Este proyecto también ha llevado a los estudiantes a indagar los casos de migración de su propia familia y a investigar causas, motivos y circunstancias que llevaron a sus antepasados a dejar su tierra de origen, en muchos casos para no volver.

En el proyecto ‘Fálame da Emigración’ participan aquellos emigrantes que han regresado a Galicia y ahora comparten con los alumnos de secundaria su experiencia como José Paz Barreiro que emigró a Panamá –donde ya estaba su padre– en 1950, cuando tenía 14 años. Desde allí se fue a Venezuela, un país que le dio muchas oportunidades. Con mucho sacrificio y esfuerzo ­–contó a los alumnos– logró salir adelante. Trabajaba de día y estudiaba, de noche, bachillerato. Finalmente, hizo la carrera de psicología y en 1971 comenzó a trabajar en la universidad. Una vez jubilado, y tras 57 años como emigrante, regresó a su tierra natal. José Paz explica que el problema de la emigración es la adaptación de las costumbres del país de acogida y asegura que pudo estudiar, graduarse y graduar a sus tres hijos “no por mi inteligencia, sino por constancia y por habilidad para adaptarme al país”. “Y cualquiera que haga el esfuerzo y tenga inteligencia adaptativa puede hacerlo”, aseguró José Paz, quien reconoce que volver a Galicia le está costando más de lo que se podía imaginar.

De emigraciones largas también sabe Ana Pérez Pérez, que vivió durante 52 años en Alemania. Los problemas económicos le obligaron a irse a Alemania, donde ya vivían otros dos hermanos suyos. Primero trabajó en una fábrica de ganchos y luego en Sony, donde hacía trabajos de soldadura en cadena para los televisores. Ana Pérez contó a los escolares que la vida en Alemania fue muy dura al principio, ya que no conocía el idioma y solo se relacionaba con gallegos e italianos. En Alemania se casó y tuvo dos hijas que siguen viviendo allí. Ahora, vive a caballo entre Ourense y Alemania.

Durante 45 años Benito Vila Tejo vivió en Argentina, conocida como la quinta provincia gallega. Procedente de Ribadumia, en 1957 llegó a Buenos Aires, donde ya vivía su hermano. Allí trabajó en un hotel y luego de cajero de un banco. Cuando se jubiló estuvo como portero en un edificio. Vila Tejo, que se casó por poderes, se integró perfectamente con los otros gallegos y presidió durante años el Hogar de Ribadumia. La mala situación económica que vive Argentina hace que en 2002 la familia regrese a España.

Pero en ‘Fálame de Emigración’ también participan emigrantes cuya estancia en el extranjero fue más breve, como el caso de Elías Martínez que con 23 años se fue a París. La suerte le acompañó, ya que en el viaje le hablaron de un posible trabajo en la fábrica de Citroën. Regresó para casarse en España y ya con su mujer volvió a Francia donde tuvieron un hijo. Tras seis años en la capital francesa, la familia regresó porque sus planes eran regresar y sabían que si el crío empezaba a hacer su vida allí, sería más complicado.

 

Proyectos escolares

‘Fálame da Emigración’ va un paso más allá y los escolares, además de conocer de primera mano las historias de vida de estos emigrantes, tienen que indagar en las historias de emigración de su propia familia como Pedro Ferreiro, del Instituto de Secundaria Lucus Augusti de Lugo, quien cuenta la historia de su bisabuelo José Rodríguez, quien con 14 años viajó solo a Cuba para reencontrarse con sus padres que ya se habían ido dos años antes. Allí trabajó en hostelería hasta que fue el dueño de un café y se casó con una gallega dueña de una casa de comidas. En primavera del 36, la mujer quiere regresar a Galicia para dar a luz. José es reticente por la situación política en España y porque todavía no habían resuelto las ventas de sus negocios. Finalmente, cedió, regresaron y estalló la guerra, con lo que se quedaron en España y nunca más regresaron a La Habana.

También cuenta la historia de sus bisabuelos María Dores Tizón, del Instituto Arcebispo Xelmírez de Santiago, quien explica que su bisabuelo salió del puerto de Vigo con destino a Argentina en 1933 y se pone en su piel por una travesía tan larga. “¿Podéis imaginar lo que sentiría mi bisabuelo al ser la primera vez que veía el mar y pasar 15 días encerrado en el barco pensando cómo estaría su familia y qué le esperaba a él en un país tan lejano y desconocido?”, se pregunta esta joven que explica que su bisabuelo estuvo seis años allí y regresó a Galicia, donde la situación del rural no había mejorado y por eso su abuelo decidió emigrar. En este caso, primero a Suiza y luego a Alemania, donde trabajó durante seis años en la construcción.

En su trabajo, esta estudiante también expresa su alegría por que sus padres no tuvieran que emigrar y se muestra esperanzada con no tener que hacerlo ella.

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