Médico retornado de Maracaibo, ejerce su profesión en A Estrada

Emilio Porto: “Estoy seguro de que más del 90% de los venezolanos están contentos con la intervención de Trump”

La intervención de Trump en Venezuela a comienzos de 2026 pone el foco sobre un país que supera los ocho millones de habitantes desplazados, de los cuales, más de 22.000 han encontrado acomodo en Galicia. El médico Emilio Porto Fernández figura en la lista. Hijo de gallegos, de Arnois (A Estrada), en 2009 abandonó Maracaibo y regresó a sus orígenes, donde respira “tranquilidad”.
Emilio Porto: “Estoy seguro de que más del 90% de los venezolanos están contentos con la intervención de Trump”
Emilio Porto
Emilio Porto, en Arnois, la parroquia de A Estrada donde nacieron sus padres.

Conocedor de la situación en su país, se muestra esperanzado respecto a su futuro, aunque más bien a medio o largo plazo, y solo se plantearía regresar si con sus conocimientos y experiencia pudiese contribuir a “mejorar la salud” de la población que sigue allá.

Pregunta. ¿Cómo se vive la situación actual de Venezuela desde fuera de sus fronteras?

Respuesta. De modo un tanto confuso en general, lo que provoca incertidumbre, pero estoy convencido de que, después de 29 años de ‘chavismo’, más del 90% de la población está contenta con lo que ha sucedido con Trump, aunque se haya hecho de manera poco ortodoxa.

P. Neutralizar a Nicolás Maduro parecía la solución al problema de Venezuela. Dos meses después de su extracción, ¿qué consecuencias percibe de esta maniobra?

R. Maduro no fue elegido democráticamente en las últimas elecciones, y seguro que en las anteriores, tampoco, porque nunca tuvo la popularidad de Chávez y, pese a no conocer la idiosincrasia del país ni hacer nunca campaña, sacó más votos que él. Maduro es de esas personas que parecen muy tontas, pero que en el fondo son muy inteligentes. Se hace el tonto y el payaso delante del público, pero lo que se ve al final es que todo forma parte de un maneje en el que están metidos él, su esposa, sus sobrinos... y, por supuesto, Delcy; su hermano; el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, y también Diosdado Cabello.

P. Maduro ya no dirige el destino de Venezuela, pero el poder sigue en manos de los poderosos del régimen a los que cita. ¿Qué puede pasar a partir de ahora?

R. No sabemos hacia dónde va a ir el país. Lo que sabemos es que en Venezuela hay un grupo de poder político y militar muy fuerte que va a ser muy difícil de desbancar, y con guerrillas urbanas actuando. El peor cáncer que ha tenido Venezuela es el ser un país petrolero. Si hubiésemos hecho lo que los árabes, que han sabido sembrar el petróleo y ahora también viven del turismo, la cosa sería distinta. Ellos invirtieron en viviendas, en salud. Pero en Venezuela se acabó con la agricultura, la pesca, la ganadería. Solo quedó el petróleo. Por eso, la situación política es muy complicada.

P. ¿Ve a Trump preocupado por el futuro de los venezolanos?

R. Lamentablemente, a los únicos que nos tiene que importar el pueblo venezolano es a nosotros mismos. Nadie que esté cerca se va a preocupar por nosotros si no lo hacemos nosotros mismos.

P. ¿Confían en que la intervención vaya más allá de la extracción de Maduro y de la explotación del petróleo?

R. La intervención abre un foco de esperanza en quienes quieren que se ponga un poco de orden en el país. Venezuela tiene una situación privilegiada en el Caribe; tiene una riqueza en minerales que nadie va a desaprovechar y que hasta ahora se vendían sin ningún tipo de seguimiento. Que los americanos están por el petróleo, pues sí, y van a buscar un rédito económico, como lo van a buscar los españoles. Repsol ya envió representantes al país, porque, como todos, estarán interesados en explotar el petróleo venezolano.

P. Se supone que, a partir de ahora, las empresas estadounidenses sobre todo jugarán un papel importante en el desarrollo económico de Venezuela. ¿Qué esperan de estas empresas?

R. Desde que Venezuela empezó a ser un país petrolero, los estadounidenses siempre han estado ahí; han invertido, han extraído petróleo, han hecho negocio. Latinoamérica siempre ha sido el patio trasero de Estados Unidos y es lógico pensar que ahora quieran invertir. A la gente en ese país le encanta ser autónomo y no depender del Gobierno. Eso es muy americano. Conozco el caso de un ciudadano estadounidense que se arruinó tres veces y otras tres volvió a remontar. Así que, probablemente estos sean los empresarios que se dediquen a reinvertir en Venezuela, van a sacar todo el petróleo que quieran. Vendrán a sacar, pero también dejarán algo, y pasará como antiguamente que, a pesar de la corrupción, había mucho dinero y todo funcionaba mucho mejor.

P. Y todo ese movimiento empresarial y económico, ¿cómo va a repercutir en la población?

R. Los ciudadanos de a pie, como yo, no logramos entender en profundidad lo que hay detrás de todo esto, porque no somos políticos, ni economistas, ni politólogos. Lo que sí es cierto es que en este momento la gente, en Venezuela, por una parte, está muy contenta, porque liberar presos es un avance, pero por otra, lo está pasando mal; no tienen derecho a servicios médicos de calidad ni a otro tipo de servicios públicos. Están arruinados moral, social y económicamente, por lo que va a costar mucho levantar el país. Así que, si los americanos quieren un beneficio económico, eso debería redundar en la población.

P. ¿Cuándo podría comenzar a percibirse un cambio?

R. A corto plazo es imposible. Tal y como está la nación de arruinada y con esas cuotas de poder tan cortocircuitadas, de momento, no habrá un cambio. El primer paso se ha dado con la extracción de Maduro, lo que es señal de lo que va a venir, pero no se sabe cuándo.

P. Trump parece más un diseñador de estrategias a corto plazo que a medio o largo. ¿Confía en que sea paciente en el caso de Venezuela?

R. La extracción tan rápida de Maduro no fue improvisada; Trump lo viene preparando desde hace tiempo. Imagino que el Gobierno estadounidense tiene un plan de acción a medio plazo para Venezuela, porque a corto es imposible de llevar a cabo. Primero hay que sentar las bases.

P. ¿Cuál cree que es la intención última de Trump respecto a Venezuela?

R. Establecer un gobierno más democrático del que hay; más a su modo. La idea era establecer una junta de gobierno mixta que tratase de canalizar unas elecciones más vigiladas, más honestas y más acordes con los que necesita el país.

Lo que no se puede pretender es acabar de raíz con todo, porque los chavistas cuentan con grupos armados, e incluso la población también está armada, con granadas, ametralladoras... Cambiar el Gobierno de golpe, no puede ser. Se irá arreglando poco a poco, pero habrá que esperar bastante. Será necesario que pase una generación entera para que la gente que entre en el poder tenga otra preparación, otros valores. No sé si yo lo veré, mis hijos, espero que sí.

P. Si la situación cambia en Venezuela, ¿se plantearía retornar?

R. Si me requirieran como profesional, con la experiencia que tengo, no lo dudaría, me iría un tiempo allá, porque tengo un deber moral con mi país. Los médicos que hemos tenido la oportunidad de salir podríamos contribuir a mejorar la salud allá. Pero, fuera de eso, hice el ejercicio mental de volverme y me da miedo, entre otras cosas, porque allá no existo. Tenía pensado renovar el pasaporte, pero me asesinaron administrativamente, porque mi DNI se lo dieron a otra persona, así que no tengo cédula de identidad y tendría que entrar de manera ilegal. Aquí vivo tranquilo, me despiertan los pájaros por la mañana.

“A mi hija la secuestraron 4 policías y su madre pagó un rescate de 8.000 euros”

Circunstancias personales y familiares sitúan desde 2009 al médico venezolano Emilio Porto en la parroquia estradense de Arnois. Su padre, carpintero de profesión, abandonó el lugar con rumbo hacia Caracas en 1953 pero más tarde regresó en busca de su novia. Se casó con ella y se la llevó a Maracaibo, donde tuvieron dos hijos. En la vejez, retornaron a Galicia y construyeron una casa en la aldea, donde hoy reside el doctor, junto con su segunda esposa, que se vino a Galicia un año después que él.

P. ¿Por qué se decidió a abandonar Venezuela?

R. En mi caso, fueron circunstancias familiares y personales las que me empujaron a dejar mi país. Mi padre, que había retornado a Galicia después de años en Venezuela, enfermó y cuando vine a verlo, tocó quedarse. Aquello ocurrió en una buena época porque el país empezaba ya a deteriorarse: comenzaban a faltar productos, habíamos pasado por una crisis severa, se paralizó la industria petrolera y la inseguridad también nos empujó a tomar la decisión. Fue una decisión difícil, pero con el tiempo reconozco que fue buena.

P. ¿Cómo le resultó la adaptación a Galicia?

R. Lo que más me costó fue reciclarme como médico. Tuve que hacer el MIR a los 52 años, con chicos que podían ser mis hijos, y fue un poco duro, entre otras cosas, porque en Venezuela yo trabajaba en el sector privado y hay diferencia con el sector público, así como en el manejo de la profesión en general. Pero yo vine a aprender y ahora puedo decir que fue una experiencia enriquecedora y hoy soy colaborador docente de los MIR que hacen la especialidad de medicina familiar.

P. Parte de su familia continúa allá‚ ¿qué le cuentan sobre la situación actual?

R. Este Gobierno lo que hace es repintar lo que ya ocurría. Hay la misma inseguridad. A mi hija, que vivió un tiempo en Europa y decidió volver, la secuestraron cuatro policías para pedirle un rescate a su madre y esta tuvo que pagar 8.000 dólares. Una persona que no es millonaria, ni una opositora política; solo es una médica que trabaja, honesta. O sea, una ciudadana corriente. Mi hija tiene 25 años y ahora quiere salir del país, pero no tiene medios. Mi hijo también ve la situación complicada. No salen de casa, tienen inseguridad y tienen que mostrar un perfil bajo, nunca pueden llevar un móvil en la mano, ni un reloj. Todo tiene que estar escondido.