vasto

Ese vasto baúl

En alguna parte de la ciudad o en un perdido confín, en la soledad de su aposento o bohío, el gemidor amante le escribe al afán de ese fuego interno que incendia pero no consume: “Madrigal ardiente: la lluvia ha salpicado los campos de suaves tonos. La arboleda retiembla y algunas ramas han comenzado a germinar con una desusada fuerza. En alguna parte es primavera y la vida regresa de nuevo empujada por el soplo amoroso que siento por ti”.

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