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Miguel Ocampo

En el comienzo, estuvo el árbol. El árbol que no sólo es fuente de vida sino, también, de belleza. El árbol que, por más de una razón, fue y debería seguir siendo sagrado para los hombres. Pero que, para un pintor de raza, se vuelve además primordialmente pintura, es decir color, forma, dimensión, aura, movimiento. Desafío a la pintura, milagro de la pintura.

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