Opinión

La procesión ya no va por dentro. Los políticos españoles, policías incluidos, están en procesión en Venezuela. No lo digo por José Luis Rodríguez Zapatero, a quien los venezolanos chavistas y antichavistas llamaron para poner a las partes de acuerdo, sino por otros, como Albert Rivera Díaz o Felipe González Márquez, que van de enviados de una parte a enrarecer el ambiente más de lo que está.

Esta voluntariedad de salir en la foto y de ensuciar más el ya de por sí caldeado ambiente político venezolano, no se hace con la intención de solucionar algo, sino de entorpecer y aparecer como contrario al gobierno venezolano, claramente identificado, que no quede ninguna duda, ante los votantes españoles.

Por eso, de todas estas idas y venidas conseguirán algunos votos de españoles y poner en “entredicho” a todos los que no se han pronunciado abiertamente contra el gobierno de Nicolás Maduro Moros.

Pero el gobierno de Maduro Moros fue elegido democráticamente y no existe “ninguna razón” para estar en su contra. Dudo mucho que la escasez de ciertos productos en Venezuela quite el sueño a Felipe González o a Albert Rivera, y el hecho  de que Leopoldo López Mendoza esté preso por graves delitos contra la democracia debe ser motivo de alegría para cualquiera que se defina como demócrata.

Ahora bien, si la moralidad es la actitud que adoptamos ante la gente (o gobiernos) que nos desagradan, como decía Oscar Wilde, aquí vale todo.

Yo sí conocí la Venezuela anterior a Hugo Rafael Chávez Frías, en la que los niños eran alimentados con el agua en la que se cocía la pasta o con un alimento para perros llamado ‘Perrarina’. También te mataban por unos zapatos o por ‘mirar mal’. No existía jubilación ni asistencia sanitaria. Las elecciones no contaban con ninguna garantía, ‘acta mata voto’, y Felipe González también iba a Venezuela y aseguraba que era estupenda, etc, etc, etc…

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