Opinión

Europa, Argelia, Venezuela...

Roberto Mansilla Blanco | 01 de abril de 2019

La Unión Europea (UE) se enfrenta a dos crisis políticas en países productores de petróleo y gas natural, como son los casos de Venezuela y Argelia, donde su capacidad de maniobra es visiblemente ambigua.

La crisis venezolana antecede a la argelina. En enero pasado, la invocación del presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Gerardo Guaidó Márquez, de hacer valer su derecho constitucional de proclamarse como “presidente interino” ante lo que considera como la “usurpación presidencial” de Nicolás Maduro Moros tras los controvertidos comicios de mayo de 2018, no deja de ser significativo por contener ciertas similitudes con lo que ocurre actualmente en Argelia.

Desde hace varias semanas, miles de manifestantes argelinos salieron a las calles para protestar contra otra tentativa (la quinta consecutiva) de reelección presidencial del octogenario Abdelaziz Buteflika, en el poder desde 1999. Curiosamente, Buteflika lleva en el poder el mismo tiempo (dos décadas) que el chavismo en Venezuela. Uno de los impulsores de estas protestas es un empresario francoargelino, Rachid Nekkaz, quien acusa al poder en Argel de impedir su candidatura presidencial.

Con sus divisiones internas, pero con finalmente con cierta unanimidad, la UE se volcó casi de inmediato para ofrecer un reconocimiento oficial a Guaidó Márquez como presidente legítimo en Venezuela. No obstante, mantiene el silencio en Argelia. 

Como Nicolás Maduro Moros en Venezuela, Abdelaziz Buteflika es el fiel reflejo del inmobilismo del estamento del poder en el país magrebí, sostenido por las fuerzas armadas y los poderosos servicios de seguridad internos. Así, este establishment del poder en Argelia logró repeler cualquier influencia de las denominadas ‘Primaveras árabes’ que, entre 2011 y 2012, acabó con regímenes corruptos y dictatoriales en Túnez y Egipto, así como propiciado la caída del polémico régimen de Muhamar Gadafi en la vecina y caótica Libia, otro país rico en petróleo y gas natural.

También como en el caso venezolano, este establishment del poder en Argelia logró neutralizar, vía represión y trabas burocráticas, cualquier atisbo de disidencia y de candidaturas opositoras que eventualmente pudieran obstaculizar las expectativas reeleccionistas de Buteflika. Pero la erosión de popularidad del régimen es cada vez más palpable. Como en el caso venezolano, el 2019 ha trazado un aparente punto de no retorno a esta crisis en Argelia.

Por otro lado, está Rusia, actor colateral en el caso argelino, pero directamente frontal en el venezolano. Moscú surte en más de un tercio el consumo de gas natural europeo (datos de la estatal rusa Gazprom, 2016).

El Kremlin mantiene su postura de apoyo oficial a Maduro Moros y Buteflika como presidentes legítimos. Aunque sus movimientos han sido más notorios en el caso venezolano, mostrándose más a la expectativa en el caso argelino. Moscú tiene intereses energéticos, comerciales y financieros en ambos países. 

La dependencia europea del gas ruso y la crisis de Ucrania-Crimea de 2014 obligó a Bruselas a enfocar su atención con mayor claridad en Argelia como socio energético. Y ahora, obviamente, en la posible transición política venezolana. De Argelia viene el 15 por ciento del consumo de gas natural europeo. Toda vez, las crisis diplomáticas entre Venezuela y la UE han persuadido a Maduro Moros a afianzar aún más su destino hacia Moscú.

Resulta complejo pronosticar el desenlace de ambos casos, el venezolano y el argelino. Pero una cosa parece cierta: Europa no mide con igual intensidad dos crisis muy próximas a su entorno geopolítico, mucho más notoria esta proximidad en el caso argelino. Más allá de la política y de las eventuales transiciones, está el factor energético, pieza clave de los intereses geopolíticos exteriores que definen marcos de actuación en los casos de Venezuela y Argelia.

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