Opinión

Elecciones bajo crisis

Roberto Mansilla Blanco | 03 de septiembre de 2012

Euskadi y Galicia irán a elecciones autonómicas anticipadas el próximo 21 de octubre, fecha que ya se ha ganado “por derecho” su importancia política dentro del actual contexto español, muy dictaminado por la crisis económica.
    A pesar de tener la similitud del adelanto electoral cuando en el calendario ambos comicios autonómicos estaban pautados para el 2013, ambos son, a simple vista, contextos disímiles. Euskadi experimentó en 2009 un inédito pacto PSE-PSOE y PP para acabar con la hegemonía del Partido Nacionalista Vasco (PNV) en una coyuntura donde una ETA debilitada aún seguía en acción. Por su parte, Galicia acude al adelanto electoral con un PP hegemónico aunque con aparente menos popularidad y una oposición fragmentada y atomizada, especialmente en el caso del nacionalismo gallego.
    Hoy el contexto es distinto. A finales de 2011, una ETA descabezada anunció el “cese de hostilidades” con claras perspectivas políticas, enfocadas en las elecciones vascas. Su golpe de efecto funcionó políticamente, a tenor de los recientes movimientos de la izquierda abertzale, acosada judicialmente pero ahora cohesionada en torno a la plataforma Bildu y la candidatura de la escritora Laura Mintegi Lakarra.
    Las perspectivas vascas es un retorno al poder del PNV aparentemente sin mayoría absoluta. Esto abre el compás de los pactos políticos, donde es más factible una posible alianza PNV-PSOE o bien PNV-Bildu, que desbancaría al PP del poder. El factor más importante de las elecciones vascas es el previsible ascenso de Bildu, que lo convertirá muy probablemente en el árbitro político de la próxima legislatura. Temas como el estatuto de soberanía, la situación de los presos etarras y las partidas presupuestarias autonómicas cobrarán una importancia capital en un eventual y altamente probable gobierno autonómico PNV-Bildu.
    Menos claro parece el panorama político gallego. La perspectiva de reelección del PP con Alberto Núñez Feijoo parece más clara pero con aparentes escasas opciones de garantizar una mayoría absoluta. Se observa una parálisis en el PSOE mientras el Bloque Nacionalista Galego (BNG) inicia una de sus tantas “travesías en el desierto” con una atomización electoral que fragmenta el voto desde la izquierda.
    Si bien desde diversos sectores se especula con un posible final del gobierno de Feijoo y del PP en la Xunta de Galicia, pocos resortes garantizan la viabilidad de un eventual pacto entre un PSOE en horas bajas y un BNG fragmentado, en especial tomando en cuenta las diferencias existentes durante el bipartito PSOE-BNG que gobernó Galicia en el período 2005-2009. Es, por tanto, posible observar una próxima legislatura políticamente atomizada en el Parlamento gallego.
    En el medio, la crisis económica que afecta a una sociedad que comienza a observar el empobrecimiento de su nivel de vida. Una crisis que no cobra justicia hacia sus verdaderos culpables, una clase bancaria íntimamente casada con una clase política irresponsable de sus actos, a quienes no parece ni afectarle ni importarle esta crisis.
    Al mismo tiempo, debe medirse cuál será el eventual impacto de los comicios autonómicos vascos y gallegos dentro del panorama político estatal. Si el voto supone un revés político para el PP hegemónico en Madrid, este escenario deberá contemplarse en cómo eventualmente influirá en la draconiana austeridad financiera defendida por el gobierno de Mariano Rajoy Brey, supeditado a los designios económicos de la Alemania de Ángela Merkel. Veremos si ambos comicios adelantados logran “adelantar” una hipotética e incierta reacción a la austeridad e impunidad imperantes.

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