Opinión

En las últimas semanas, Europa observa con atención el drama de la llegada de numerosas embarcaciones con personas escapando del caos y la pobreza. Las costas mediterráneas desde Ceuta hasta Grecia, pasando por Sicilia, Macedonia y Albania, han sido testigos en estos últimos días de miles de personas que escapan de conflictos como los de Siria y Libia, así como de las secuelas de la pobreza y otras calamidades.
Este escenario recrea las imágenes de refugiados que huyen del caos hacia una ‘próspera’ Europa sumida en sus propias contradicciones y crisis. Alemania espera recibir este año aproximadamente 800.000 nuevos refugiados, toda vez en Macedonia se debió declarar el estado de emergencia ante la oleada masiva de inmigrantes ilegales, refugiados de conflictos para nada lejanos.
Estas escenas comienzan a ser frecuentes en el paisaje europeo. Pero las instituciones europeas se muestran escasamente capacitadas, o bien concientizadas, en atender este drama social. Un drama que no es ajeno en perspectiva histórica pero tampoco, ni mucho menos, en las causas que obligan a estos nuevos refugiados a huir de sus propios países.
¿Qué ha hecho Europa para evitar el caos sirio o la inestabilidad libia? El que escapa del horror oscurantista del Estado Islámico en Siria o de la pobreza en Mali, ¿acaso no termina siendo detenido, deportado o segregado en la ‘civilizada Europa’ que lo acoge? ¿Cómo, cuándo y en qué medida Europa realmente está preparada para aceptar la diversidad, la convivencia y la integración no sólo de los refugiados que vienen sino de sus propios inmigrantes internos, muchos de ellos marginalizados en suburbios?
Los refugiados y las pateras seguirán siendo una triste realidad a las orillas del Mediterráneo. Ese mismo Mediterráneo, con Grecia como símbolo paradigmático, que vive azotado por la dictadura de una ‘troika’ cuyo chantaje hace caer gobiernos so pena de no recibir ‘rescate’. Y que no quiere ver que el drama social lo tiene en casa y en su vecindario, cruel consecuencia de su indiferencia e incomprensión.

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