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Manuel Suárez Suárez | 25 de noviembre de 2013

LAS CARTAS DEL ABUELO PASCASIO

 

Muy querida nieta Cristina:

Te hago llegar de parte de los abuelos emigrantes los deseos –después del susto que nos diste– de que la salud te acompañe para terminar tu mandato al frente del recuperado navío argentino que avanza imparable venciendo todas las tormentas. Te conocemos bien. Sabemos que por responsabilidad no podés dejar nada para mañana; así que hacé caso de los consejos médicos y no forcés la máquina.

Te pido perdón anticipado por andar siempre a vueltas con nuestras historias de viejos gallegos que dejaron su sudor solidario en las orillas del Plata. Si lo hago es por razón de fuerza mayor al ver que en nuestra hermosa tierra se están sucediendo acontecimientos que nos llenan de tristeza y honda decepción. Entenderás que no podemos callar delante de puñaladas que hieren el ser más íntimo de nuestro paraíso atlántico.

Voy a hablarte solamente de la última trompada que nos metieron y que nos dejó noqueados. Me refiero al siniestro barco pirata que ocasionó la mayor catástrofe medioambiental europea con una espesa marea negra que llegó hasta las costas francesas. Aquel buque de transporte –de nombre falso ya que de prestigio tenía poco– partió en dos y derramó su negro veneno por unas aguas de muy rica vida marina. Te acordarás de las impactantes fotos del accidente y sobre todo de las imágenes de los mágicos ángeles blancos en medio de toneladas de un oscuro masacote contaminante. Aunque no lo creas después de 11 años de instrucción judicial resulta que nadie es culpable del naufragio.

Lo que más nos duele es que el fallo del tribunal ofenda o mejor dicho les meta una patada en el culo a los miles de voluntarios que introdujeron sus manos y sus corazones en aquella asquerosa masa de alquitrán o chapapote como se le denominó en Galicia. Coincidimos con el gran escritor Manuel Rivas –conoce la costa porque vivió en Vimianzo a muy poca distancia de los lugares más afectados– en su agradecimiento a los héroes que nos ayudaron: “A la mayor catástrofe se respondió con la mayor solidaridad. Cientos de miles de manos rescataron el mar y la esperanza”. ¿Estás sorprendida por la tardía sentencia absolutoria?

Los abuelos escuchamos íntegra la sentencia que nos leyó el compañero Valentín Paz Andrade que es un reconocido experto en legislación marítima internacional. El bueno de Valentín no gana para disgustos. Está abatido por el ataque especulador de los “fondos buitre” a su querida Pescanova y ahora recibe el golpe bajo de una sentencia decepcionante. Nos comentó que la culpabilidad recae en los dioses griegos ya que el origen de la empresa armadora no ofrece dudas. Como es bien sabido las deidades del Olimpo tienen un carácter de mierda. Por eso es que encuentra dos responsables claros directos: Eolo y Poseidón. Ambos dioses comparten las responsabilidades delictivas al 50% ya que el barco se partió en dos mitades más o menos iguales.

Bueno, Cristina, sabemos que no lo podés creer. La explicación es que ahora en la civilizada Europa volvemos a echar mano de los mitos fundacionales. Es un atraso y un despilfarro de fondos públicos el andar con procedimientos reglados por normativas imperfectas cuando podemos invocar a la justicia divina que se imparte desde el sagrado Oráculo de Delfos. Los hombres nos equivocamos pero los dioses son infalibles. Nuestro amigo Valentín es tan culto que hasta nos informó del texto usado por el tribunal coruñés para fundamentar sus razonados argumentos: ‘Los mitos griegos’ de Robert Graves. Sus sólidos conocimientos sobre el mar le hacen asegurar que el mejor capitán es aquel que rece piadosamente, antes de salir de puerto, arrodillado detrás del timón.

Dejamos Galicia y nos venimos a la capital porteña. Antes de despedirme te pido no te olvidés del Centro Gallego de la esquina de Belgrano y Pasco. Por suerte, el interventor La Blunda va encaminando la recuperación y se nota que cada vez hay más participación de los socios en los actos culturales. Un ejemplo: el viernes 15 se llenó el ‘Teatro Castelao’ para la presentación de un libro editado por el Centro Betanzos sobre el gran compositor musical Carlos García López-Picos. Vos conocés a la autora de la magnífica biografía, Graciela Pereira. Si hacés memoria, te acordarás de una maestra rubiecita que es flor de canchera. Te visitó junto con la docente universitaria Susana Maceira para hablarte del esfuerzo de los emigrantes que se rompieron el lomo en la Argentina construyendo un hogar de paz y prosperidad.

Ahora sí me despido. Recibí el abrazo del viejo gaita que nunca se olvida de que acá, en esta gloriosa orilla rioplatense encontró un fogoncito para calentar el cuerpo y mantener vivos los recuerdos de la infancia en los bosques fonsagradinos.

Pascasio Fernández Gómez

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