La pasada huelga general es una muestra de cómo el sistema se perfecciona para que los plebeyos, cada vez más pobres, se maten entre sí, y el poder, cada vez más rico, ni siquiera sea señalado como culpable. Aunque hubo personas bienintencionadas en el oportunista paro general (hubo motivos para una docena más los últimos años), fue ésta una huelga burguesa orquestada por el PSOE para recuperar el gobierno y así hacer lo mismo que el PP, pues es tan injusta la España de Rajoy como la de Zapatero. Los de abajo se pelean entre sí como Caínes -los piquetes sindicales, pequeños comerciantes, trabajadores autónomos, policías- y se exigen entre ellos una solidaridad que ninguno ejerce en su vida real y que no se atreven a pedir a sus amos: las grandes corporaciones y grupos financieros que ayer dictaban a Zapatero y hoy hacen lo propio a su sucesor, votos mediante. En esta misma semana, los gallegos hemos sabido que en el proceso de fusionar y privatizar nuestras cajas de ahorro han desaparecido montañas de millones de euros, una parte perdido por la malvada gestión de sus directivos y la otra parte porque esos mismos directivos lo han robado directamente poniéndose sueldos millonarios para premiarse por su malvada gestión. Todo este proceso corrupto con los ahorros –dinero limpio, constante y sonante que ‘existía’- de cientos de miles de gallegos se ha mantenido inalterable con el PSOE y el PP, como el fraude fiscal de los rentistas, y nadie se ha echado a la calle por esto.
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