Opinión

El Nobel del Imperio

Manuel de Castro | 15 d octubre d 2012

En Portugal empezó el primer imperio de la Europa moderna, justo cuando China renunció a serlo sin verter una gota de sangre. Luis de Camôes adorna con profundos versos (Os Lusíadas) la epopeya marina por el Índico y los viajes de Vasco de Gama, mito absoluto del imaginario de nuestros hermanos lusos. Gama fue, ciertamente, una mala bestia cruel y violenta como lo fue Pizarro, Napoleón, Leopoldo II o los generales yanquis que arrollaron Vietnam o, más recientemente, Irak. Europa se ha dedicado a joder, sólo se puede decir así. Durante dos mil años, este continente tan Viejo como los demás se ha nutrido de saquear el resto del mundo, ha recibido mil veces más de lo que ha dado y aun así, en el momento de mayor riqueza y paz militar que conoce este frívolo y etnocéntrico pedazo del orbe, existen más que nunca en la historia millones de pobres y explotados que no pueden alcanzar ni esa riqueza ni pueden vivir en paz. Los imperios nacen de la fuerza pero también del mesianismo, una bajeza moral e intelectual de los pueblos imperiosos que conduce al racismo y al clasismo. Por eso el imperio europeo, al borde de extinguirse atropellado por otro, se revuelve contra sus propios súbditos. Justo cuando la fractura social es más grave que nunca, el imperio se premia a sí mismo con el Nobel más estúpido, falso y desacreditado, el de la paz. En una magnífica y erudita revisión del mito imperial portugués, la investigadora Isabel Soler advierte en ‘Derrota de Vasco de Gama’ un curioso detalle: ‘Os Lusíadas’, que cantan la grandeza del primer imperio marítimo europeo, fue publicado en España en 1580, el mismo año que Felipe II entró en Lisboa, el año más decadente del imperio portugués.

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