Opinión

A la memoria de José Gobello, luz de porteña sabiduría

Isaac Otero | 10 de febrero de 2014

A través de las emocionadas palabras que en su carta me envía la escritora argentina Isabel Puncel de Dumery, tengo conocimiento de la inexorable pérdida de Don José Gobello, filólogo y escritor, quien fuera durante décadas académico-fundador el 21 de diciembre de 1962 e insigne Presidente de la Academia Porteña del Lunfardo de Buenos Aires. Don José Gobello nació en San Isidro, provincia de Buenos Aires, el 26 de septiembre de 1919, entregándose desde muy joven a la actividad social y política de la Argentina, además de mostrar su apasionado romance con el “habla” popular de Buenos Aires. “El pueblo agranda el idioma” nos enseña, junto con el farolito porteño, el exacto lema de la Academia del Lunfardo.
¡Cuántos inefables recuerdos llegan a mi conciencia desde aquel agosto de 1990 en que nos conocimos en la sede de la Academia, calle Estados Unidos, cerca de la Avenida de Mayo y de Congreso!
Siempre sabiamente humano, año tras año, fue dedicándome sus libros, boletines informativos, comunicaciones y monografías lingüísticas y literarias y tanguísticas. ¡Y qué emoción cuando el 1º de septiembre de 1998 me designaron –presentado por los académicos Enrique Mario Mayochi, historiador, y Juan Carlos Ferraro, escultor– “académico correspondiente” de esta nobilísima Institución Cultural en España! Transcurridos tres años, la feliz incorporación –el 8 de noviembre de 2001– a la venerable Casa de la Lunfardología y del Tango, presidida por Don José Gobello y el célebre musicólogo Ben Molar como secretario. Susana Berta, argentina de los pagos de Balcarce, no era capaz de resistirse a la fascinada impresión de la alegría y el asombro.
En 1953 Don José Gobello publicó Lunfardía, libro con el cual intentó arrebatar al lunfardo de la jurisdicción de la criminología, a fin de situarlo en el plano de la lingüística. A aquella obra le siguieron un numeroso acervo de publicaciones. Rememoramos El lenguaje de mi pueblo, Etimologías, Nueva Antología Lunfarda y Nuevo Diccionario Lunfardo. En aquel augural año 1962 estuvo entre los promotores y fundadores de la Academia Porteña del Lunfardo. Siete años después, en 1969, se aplicó a la investigación filológica en la Universidad de Florencia al lado del lingüista italiano Giovanni Meo Zilio. Inmerso en la llama encendida de la tangofilia y tangomanía, explorando todos los recovecos inmigratorios de la lunfardología y del “idiolecto” del “habla” porteña de Buenos Aires, el entrañable y cálidamente humano Don José Gobello concedió a la canción porteña intensos estudios. Entre ellos, Conversando tangos, Crónica General del Tango, El tango como sistema de incorporación y La deslupanarización del tango.
¡Con qué hondo entusiasmo me firmó –el 8 de noviembre de 2001– aquel primerizo y casi inencontrolable librito Historias con ladrones que Susana y yo encontramos en una librería “de viejo”, en la avenida Rivadavia, a pasos de la Plaza de Congreso! Con su letra menuda escribió: “Para mi querido amigo, en el día de su incorporación en la Academia Porteña del Lunfardo”. Tengo ahora mismo a mi lado su “opera magna”: Nuevo Diccionario del Lunfardo, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1990, obra que cobija como dedicatarios a Martita, su amor de esposa, a su hijo Misael y a la propia Academia.
Hasta la ciceroniana senectud, la inextinguible luz de su sabiduría e inmensa humanidad. Irrepetible, irremplazable, imprescindible figura histórica. Inmarchitable alma de Buenos Aires.

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