Opinión

Las islas Cíes, la ‘Costa da Vela’ y el ‘ocaso de los dioses’

Isaac Otero | 19 de septiembre de 2016

En las islas Cíes la playa de mayor longitud es la de Rodas, la espléndida de Nosa Señora, la ‘nudista’ de As Figueiras o la hermosa ‘cala’ de A Cantareira. Exploramos las islas Norte y la isla del Medio, entrelazadas ambas por un reducido dique que dio origen a una laguna de agua salada, junto con el luminoso arenal de Rodas. Hacia el monte Faro nos dirigimos para emprender la subida y gozar de la inigualable visión de la naturaleza. Una pronunciada pendiente y en zigzag nos ha preparado para alcanzar los 175 metros sobre el nivel del mar. Sobre esta cumbre nos hallamos para visitar el faro de Cíes con datación de 1852.

La isla del Medio nos convida a confraternizar con el Centro de Interpretación de la Naturaleza. He aquí la playa de Nosa Señora, la Piedra de la Campana –perforada por los impetuosos vientos atlánticos, rebosantes de salitre– y el observatorio de aves. Ante nuestra mirada, cuervos marinos, aunque, sobre todo, las chillonas gaviotas patiamarillas. Ésta es la colonia de mayores proporciones de esta especie en el conjunto de la Península Ibérica. Luego sentiremos la presencia del faro ‘da Porta’: una ‘señal marítima’ que custodia el estrecho de idéntico nombre, y desde el que observar plenamente la solitaria isla de San Martiño –sólo accesible en barco–, donde está situado el faro ‘dos Bicos’.

Tiempo después, nos vamos hacia el norte, casi en el extremo de la isla de Monteagudo, donde encontraremos el cuarto faro de este enclave: el denominado ‘O Peito’. Si bien ubicado cerca del lugar más elevado del archipiélago, el alto de Cíes –de 193 metros sobre el nivel del mar–, el camino que nos acompaña es gustoso y liviano. Además ahora tenemos el privilegio de ver las ruinas de un antiguo asentamiento arqueológico y un nuevo observatorio de aves. Ya estamos en el punto más próximo a la tierra. Porque este lugar dista únicamente 2,5 quilómetros de la ‘Costa da Vela’ y del admirable Cabo Home. Al norte oteamos el perfil de la isla de Ons, fiel guardián de la ría de Pontevedra.

Retornamos, al fin, al centro de nuestra partida. Subimos entonces al Alto del Príncipe, a 111 metros sobre el nivel del mar. Y nos apoyamos en la caprichosa geometría de la roca cuyo nombre responde al familiar de ‘la Silla de la Reina’. Tal como si esta piedra fuera un balcón natural, nos asomamos al océano Atlántico. Y examinamos el contraste entre las dos vertientes de las islas: con paredes de acantilados casi verticales en la cara oeste y suavísimas dunas y playas en la este.

Caminando por esta parte de las Cíes, es inevitable acordarnos de Camariñas o de A Pobra do Caramiñal, puesto que en el complejo dunar de Figueiras–Muxieiro también crece la ‘camariña’: un arbusto protegido y en peligro de extinción, de bayas negro-azuladas, que les otorga su nombre a estos dos municipios de la provincia de A Coruña. ¿Y por qué no nos atrevemos a recoger ‘a herba de namorar’? Asimismo es conocida como ‘clavel marino’, como si estuviésemos en Santo André de Teixido, para cumplir uno de los rituales trenzados a este mágico santuario. ¡Planta que trae suerte con los amores! Inmersos en tanta paz, mística comunión de vida, el alma de sangre y nubes del crepúsculo marino nos entrega la nívea estela de nuestra embarcación en el adiós supremo a las islas Cíes, la despedida o el wagneriano “ocaso de los dioses”…

 

 

Más acciones:

Crónicas de la Emigración en la red

Boletín de noticias

Si quiere recibir información actualizada de Crónicas de la Emigración, envíenos su correo electrónico.
Suscribirse al boletín

Hemeroteca