Opinión

El Día de la Mujer como nunca ha sido

Elena Fernández | 08 de marzo de 2018

Tal vez las macromovilizaciones programadas para hoy con motivo del Día Internacional de la Mujer tengan mucho que ver con intereses ocultos difíciles de descifrar para quien solo trata de vivir su vida responsabilizándose de las tareas que le impone la cotidianeidad, excesivas en muchos casos, por no hablar de abusivas. Tal vez muchas no entiendan, o no entendamos, qué hay detrás de estas manifestaciones para reivindicar derechos a bombo y platillo por mucho que tales demandas –en eso creo que coincidimos todas–, estén más que justificadas. Y eso en un país como España, reconocido entre los desarrollados. ¡Qué decir de los que están en vías de desarrollo, o de aquellos otros sumidos en la más absoluta pobreza, o padeciendo situaciones de crisis que afectan de modo directo a nuestras emigrantes!

Las movilizaciones a las que nos convocan en este Día de la Mujer (sepan los españoles del exterior que los actos conmemorativos de este día en España adquieren tintes de excepcionalidad) llaman la atención por insólitas, inusuales, más que por faltas de justificación. Por eso, algunas nos preguntamos por qué precisamente hoy; por qué este año; cuál ha sido, de un tiempo a esta parte, el desencadenante por el cual hacer visible la discriminación femenina se hace más necesario en este 8 de marzo que en el de 2010, por poner un ejemplo.

Créanme, no hallo razones. Por muy mujer que me sienta, debo confesar que acontecimientos como el que nos tienen preparado para el día de hoy despiertan en mí más indignación que regocijo. Tal vez porque al desconocer su trasfondo, se inclina mi mente a pensar –y a las pruebas me remito– que lo que se reivindica con mucho fervor un año tiende, con el paso del tiempo, a suavizarse, por no hablar de su condena a permanecer en el olvido.

Y eso sí que no lo debemos consentir las mujeres. En eso sí que debemos mantenernos firmes. Contra las corrientes que nos conducen un año de una manera y al siguiente de otra, contra eso, sí que debemos rebelarnos. Porque nuestras reivindicaciones no deben ser flor de un día y están más que justificadas. Porque la mayoría de las mujeres no vamos de farol. Porque de todos es sabido que nuestros sueldos son menores; nuestras horas de labor, más largas; nuestras responsabilidades, mayores; nuestro trabajo, menos reconocido; nuestro día a día, más duro; nuestro futuro, más incierto.

Por todo ello, ¡claro que las mujeres debemos caminar unidas, denunciando abusos! ¡Claro que debemos defender nuestros derechos! ¡Claro que tenemos que rebelarnos contra las agresiones! ¡Claro que tenemos que aprender a exponer nuestras reivindicaciones de un modo concreto! ¡Claro que tenemos que hacer las cosas consensuadamente para evitar que muchas se queden fuera!

Y eso, ¿todos los días del año? Sí. Y desde hoy, todos los años por este día, que no se nos olvide, por favor. De lo contrario, parecería que nos movemos al compás de caprichosos intereses o de posicionamientos ideológicos difíciles de asumir por el conjunto de las mujeres.

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