Opinión

Las circunstancias hoy se han invertido, marcadamente en forma antípoda: la Argentina ha superado con gallardía las catastróficas consecuencias de las nefastas teorías económicas neoliberales impuestas por el imperante totalitarismo de mercado, por la insaciable voracidad financiera, y en cambio Galicia, y España toda, las está padeciendo hoy a pleno, en carne propia.
Pero hubo otro momento, hace dos décadas, en que las cosas parecían lo contrario. Y en este país donde anidaron tantas generaciones de gallegos emigrantes, el libro de un fecundo escritor de allí, Xavier Alcalá, titulado simplemente Arxentina (Edicions Xerais de Galicia, Vigo, 1990), produjo al ser leído entre nosotros una extraña y sin embargo también fértil sensación, como si épocas y espacios se hubieran trastocado. Porque era un gallego de hoy, el que venía a asomarse a la entonces crítica realidad del país que en un tiempo fuera para ellos la Tierra Prometida.
No era necesario –por estos lados– ser, como yo mismo, hijo de padres venidos de allí, para aceptar tácitamente que Buenos Aires bien puede seguir siendo considerada tanto la quinta provincia gallega como la ciudad que cuenta con más habitantes de ese origen en el mundo, cuya descendencia está de tal modo entretejida con nuestra propia identidad que, muchas veces, no alcanzamos a cobrar cabal conciencia de su debida proporción. (Fue Higinio Martínez quien, durante una Feria del Libro, hizo notar que un tercio por lo menos de nuestra identidad nacional era claramente de ascendencia gallega.)
Ese libro de Xavier Alcalá fue editado también en castellano y, entre nosotros, aún quienes no leen el gallego de sus padres pudieron llevarse entonces una sorpresa mayúscula. No sólo es un ingeniero electrónico gallego quien les habla, sino también un narrador de raza con muchos libros publicados. Casado con una argentina de origen anglo criollo, viajero incansable, dotado de una robusta y sana curiosidad de buena ley, Xavier Alcalá nos devuelve con ese auténtico libro de viajes que sólo tiene por título el mismo bello nombre de nuestro país, una imagen de nosotros mismos tan saludable como honesta. Libro de viajes, dije, pero absolutamente singular. Porque a través de los ojos de este gallego enamorado de la Argentina –pero no ciego–, si somos capaces podemos vernos, como en un benéfico espejo antípoda, auténticamente a nosotros mismos. La historia de los hombres tiene a veces estos instantes de justicia poética y, ahora, buscando las huellas de los destinos de tantos cientos de miles de sus compatriotas que vinieron aquí a hacer la América (en el mejor sentido), inevitablemente el autor se encuentra –y nosotros junto a él– con nuestra propia historia.
Xavier Alcalá recorrió, muchas veces a caballo, todo lo que él definiría como la nación gaucha, es decir ese vasto espacio multinacional geográfico y sociocultural que va desde el brasileño Rio Grande do Sul, pasa por el Uruguay y abarca todo nuestro Litoral y nuestras pampas enormes. Y no sólo eso. Como aquel Bruce Chatwin que en un bellísimo libro de algún modo similar: En Patagonia, buscando a sus ancestros, entre otros aquellos bien afincados colonos galeses, nos enseñó a contemplar con otros ojos a nuestro propio sur, Xavier Alcalá se adentra en ese espacio legendario y magnífico, no sólo más allá del río Negro sino hasta alcanzar la mítica Tierra del Fuego y atisbar nuestra Antártida.
Es nuestra misma sangre y una buena proporción de nuestra historia chica la que nos contempla desde el otro lado del Atlántico a través de esas tocantes páginas. Y no sólo debemos prestarle atención. También debemos agradecérselo.
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