MARÍA DE GRACIA ALMAZÁN, VICEPRESIDENTA DEL CENTRO GALLEGO DE TENERIFE

“Todo lo que se pueda hacer de publicidad anunciando el nuevo año Xacobeo y el retorno en Tenerife, habrá que hacerlo”

| 17 Enero 2020 - 14:53 h.
María de Gracia, con el álbum de láminas que pintó del ‘conxuro’, el pasado 4 de diciembre.
María de Gracia, con el álbum de láminas que pintó del ‘conxuro’, el pasado 4 de diciembre.

La emigración gallega está repleta de hombres y mujeres ejemplo de pundonor y capacidad emprendedora, que han sabido desarrollar proyectos en ambientes alejados de su lugar de origen. Esa representatividad sale a la luz a poco que se ahonde en sus vidas y una de las rescatadas del pleno del Consello de Comunidades Galegas celebrado el pasado diciembre en Compostela, así lo avala. Se trata de María de Gracia Almazán Vieira, vicepresidenta del Centro Gallego de Santa Cruz de Tenerife, sastra de profesión, quien lleva a gala el haber vestido a Sylvester Stallone en ‘Rambo’ y a Leo Bassi en su interpretación de ‘Yo, Musollini’, en Madrid.

Nació en Pontevedra, pero su carácter parece más bien sacado del ambiente del sur. Por su espíritu alegre y su disposición abierta y dicharachera se podría pensar que María de Gracia nació en Andalucía, o en Canarias. Y aunque nada de eso es cierto, tampoco va una muy desencaminada al pensar que algo de tierras cálidas tiene y se le ha pegado a la vicepresidenta del Centro Gallego de Santa Cruz de Tenerife. Y es que, si María de Gracia es hija de pontevedrés, también lo es de una sevillana que se quedó viuda muy joven y con tres hijos (uno de ellos con una enfermedad cerebral) a los que sacar adelante en plena postguerra española. La muerte del padre de familia en la guerra civil trastocó tanto los planes familiares que María de Gracia –y aquí se afianza la segunda sospecha– se vio obligada a tomar las riendas del clan y trasladarse con solo 17 años a trabajar como modista a Canarias, donde consiguió crear su propia empresa.

La historia es más que curiosa. Cuenta que, siendo muy joven, un buen sastre de Pontevedra, fundador de la empresa ‘La gran tijera’, con el que ya hacía ‘negocios’ a pesar de su corta edad y con el que mantenía “una amistad muy bonita”, se enamoró “locamente” de ella y que, debido a la diferencia de edad que existía entre ambos, llegó incluso a dar la vuelta al mundo para tratar de olvidarla.

“Yo no sabía lo que era enamorarse, pero entendía que se trataba de una persona que me tenía afecto. Nuestra educación no estaba al nivel de saber lo que era la vida amorosa, pero yo le cogí afecto también”, comenta.

Sabido es que el amor es fiero y persiste en su empeño hasta encontrar la ocasión, y a este buen sastre se le presentó la suya un día en que María de Gracia –que de las cosas del amor sabía bien poco por entonces, pero se dejó ir, asegura– le propuso que la llevara a Canarias, donde residían unos tíos que se acercaban a Galicia de vez en cuando a visitar a la familia. Aprovechó el hombre el ofrecimiento y para Santa Cruz de Tenerife se fueron los dos, ya casados, dispuestos a emprender una vida juntos y a trabajar en aquello que sabían hacer: la costura. Ella contaba 17 años de edad, estaba apunto de terminar el bachiller, y él, 54.

A poco de llegar, se apresuró a trasladar a la isla a su madre y a sus hermanos, y a los 17 años tuvo su primer hijo de un total de ocho que nacieron en una década y colmaron aquel matrimonio de gallegos, afianzado en la emigración.

No hubo tiempo para lamentos. Ni se le hubiese pasado por la cabeza semejante cosa a una mujer tan valiente y con tanta energía. Al contrario, “es bueno tener los hijos muy joven, que es la edad propia de tenerlos”, asegura, porque, a esas edades, “no tienes sentimiento de dependencia, sino que caminas con ellos casi con la misma energía”. El caso es que “hacíamos todo juntos, aquello parecía un cuartelillo”, relata.

Sus cuatro varones y cuatro mujeres compartieron infancia con los proyectos empresariales de esta mujer que, en 1963, creó su propio negocio y llegó a formar un taller con más de 40 modistas –el primer taller textil industrial que se creaba en Canarias, dice–, donde se confeccionaban trajes regionales, de carnaval y para empresas.

La sorpresa se le presentó un buen día en que le llegó de Venezuela el encargo de confeccionar trajes para el Ejército por valor de 170 millones de pesetas. Aquella propuesta le superó y “se la pasé a una empresa de Málaga”, asegura. Pero entonces, “ya empecé a crecer”, y aquello “era como una aventura diaria”, dice la mujer, que se reconoce “muy creativa y trabajadora”.

“He trabajado tanto…, pero al mismo tiempo no tengo sensación de tragedia por lo que he trabajado, porque lo he hecho con satisfacción”, confiesa.

Una vez en Canarias, se vinculó con la colectividad gallega en Santa Cruz de Tenerife porque su marido hizo piña con los gallegos en la isla. Por aquellos años, “se hacían las reuniones en una casita”, pero hoy en día cuentan con una propiedad (el Centro Gallego, fundado en 1963) en la que realizar actividades de todo tipo para mantener vivo el espíritu gallego en esta isla del Archipiélago.

“Fraga lo visitaba mucho y me cogió mucho aprecio, porque yo era muy activa. Era muy atento conmigo”, dice, con orgullo, la vicepresidenta, que dedica los viernes del centro a ensalzar el mito de las meigas y a llenar la sala de personas dispuestas a escuchar el ‘conxuro’ y la conferencia en la que participaban especialistas en diversas materias.

 

Expansión de la entidad

Con el tiempo, dejó reflejado el ‘conxuro’ en láminas “como si fuera un viacrucis”, y lo tiene registrado como propiedad intelectual. “Cada lámina significa una cosa”, dice María de Gracia que a su condición de modista añade la de pintora. Su intención ahora es “hacer postales y carpetas con las láminas en papel de pergamino y de cartulina”, con el fin de sacar algún dinero que repercuta en la entidad asociativa, de la que tiene el número de carné 165. Porque “queremos agrandar la casa”, dice, además de poner un ascensor y reactivar el restaurante con un buen cocinero gallego, ya que el centro está en un lugar próximo al colegio de médicos y de arquitectos y donde existen muchas empresas. La reciente renovación del restaurante, que cuenta con 150 sillas, y con la que han puesto el primer pilar del proyecto, ha sido muy importante para caminar por la senda de la expansión, y disponer de un buen cocinero sería vital para la entidad, da a entender.

“El local está muy bien preparado, y si se activa, se financiaría mejor el Centro”, que cuenta con 180 socios, informa la vicepresidenta.

 

Menos gallegos

La presencia de gallegos en la isla tinerfeña ha ido disminuyendo con los años, pero todavía tiene su impronta. En otro tiempo, había muchos más, reconoce, pero la crisis frenó el empleo y ello supuso la salida de buena parte de la colectividad. Alrededor de 7.000 gallegos residían en el sur de Santa Cruz de Tenerife antes del desplome de la construcción, desvela, y hoy en día se observa “un bajón grande. Quedan muchos en la hostelería, pero no es como antes”; “tampoco quedan muchos empresarios gallegos”, corrobora.

Su espíritu alegre y dicharachero se lo traslada María de Gracia a todos los gallegos en la isla, ya que, “cuando me tropiezo con alguien, los recibo en positivo y con alegría. No he visto al gallego tristón que viene a protestar”, asegura. Sobre todo, los que acuden al Centro, que lo hacen para participar de las actividades que se programan, como clases de cocina, taichí, y aquellas que tienen que ver con el Día de Galicia o el Día das Letras, además de actividades para jóvenes, entre las que tiene éxito la gaita gallega.

En Navidad se organiza una cena para indigentes a la que acuden alrededor de 200 personas, pero “yo quiero hacer algo que se repita, que vaya cogiendo tradición”, comenta. Mientras trabaja en esta idea, su intención ahora, y tras acudir al pleno del Consello de Comunidades Galegas, se centra en difundir entre los habitantes de Tenerife el Xacobeo 2021 y los planes de la Xunta para los retornados, utilizando para ello los medios de comunicación, lo que reconoce como medidas muy interesantes por parte de la Administración gallega. “Todo lo que se pueda hacer de publicidad anunciando el nuevo año Xacobeo y el retorno, habrá que hacerlo”, comenta.

Retirada del estrés que supone la rutina diaria como sastra –cuenta con tres empresas en Tenerife y una en Madrid, que dirige su nieto–, ya solo realiza togas y trabajos específicos para espectáculos. Como el que acaba de hacer para Sylvester Stallone en la última película de ‘Rambo’ o el que le encargaron para Leo Bassi en la interpretación de Mussolini en Madrid. “Me avisan para ciertos trajes especiales de los principales actores y me vienen corriendo y me ponen muy nerviosa”, asegura María de Gracia, quien, emocionada, revela que le acaban de encargar el vestuario para una película de una productora de Galicia que lleva por título ‘Druidas’.

Más acciones:
MÁS NOTICIAS
  • Colección Cronicas de la Emigración

Boletín de noticias

Si quiere recibir información actualizada de Crónicas de la Emigración, envíenos su correo electrónico.
Suscribirse al boletín

Álbumes de Fotos

Hemeroteca