Manuel Estévez Caneda, una pieza esencial en la construcción de Avellaneda

| 16 de enero de 2019, 12:34
5.CG Avellaneda.Caneda
El presidente de la institución en 1999, junto al busto de Manuel Estévez Caneda.

Cuando Rudi Varela fue convocado por la municipalidad de Avellaneda para realizar la biografía de Manuel Estévez Caneda (fue publicada en la serie Aportes Historiográficos N° 2, en noviembre de 1997), no dudó en afirmar que “hacer su biografía es hacer la historia de los primeros siete lustros del partido”. Nada más acertado que esto para describir su labor. En efecto, la construcción del templo y de la municipalidad, la pavimentación de la calle Mitre, la creación de algunas escuelas, la organización para combatir el estrago por la fiebre amarilla en 1871 y la creación de las dos primeras sociedades de Socorros Mutuos, encontraron en el genio iluminado de Caneda, su máximo promotor.

Hijo de Antonio Benito Estévez y de Josefa Caneda, nació en Bouzas, Pontevedra, en 1824. Cuando alcanzó los 19 años de edad, suspendió sus estudios y se embarcó con destino a la Argentina, llamado por un primo suyo residente en Buenos Aires.

Comenzó trabajando en calidad de dependencia para el saladero ‘El Relox’, de Felipe Senillosa, Lucio V. Mancilla y Cía. Cuando aprendió el funcionamiento de la industria decidió establecerse por su cuenta.

En 1856, a la edad de 31 años, comenzó su actividad municipal. Tres años más tarde, luego de haber creado la primera escuela de varones en Lomas de Zamora, la dirección general de Correos le confirió la administración en Barracas al Sur. Durante un período de 25 años, Caneda se mantuvo al frente de la oficina casi sin percibir sueldo alguno.

Fue además, el gestor del templo que se erigió en marzo de 1860 y del establecimiento, dos años más tarde, de una Sociedad de Socorros Mutuos, cuya presidencia ejerció en repetidas ocasiones. Durante su administración en los años 1875 y 76 se construyó el panteón que se levanta en el cementerio. 

En 1866, fue designado para dirigir los trabajos destinados a la construcción de las dos primeras escuelas públicas. También estuvo encargado de coordinar el censo que en 1868 se realizó en Barracas y Lomas de Zamora. Ese mismo año, Estévez formó una sociedad anónima para edificar el Teatro Ribadavia.

A finales de 1871, pasó a ejercer la titularidad del Juzgado de Paz. Casi simultáneamente, levantó los cimientos de la primera Casa Municipal frente a la plaza Alsina. Sin embargo, concluir con la obra no fue empresa sencilla. Los esfuerzos de la población y de las autoridades estaban destinados a paliar los estragos que la fiebre amarilla estaba causando en Barracas.

En tales circunstancias, Caneda fue nombrado presidente de la comisión municipal de higiene. En virtud de esta función, no escatimó esfuerzo alguno para aliviar los males que afligían a la sociedad, inspeccionó los establecimientos y casas en los que pudiese haber elementos de propagación, visitó personalmente a los enfermos y hasta cayó también él víctima de la enfermedad.

En el año 1876, fue elegido presidente del consejo escolar del distrito. Prueba de su idoneidad en el cargo fue, según cifras aportadas por Varela en su trabajo, que de cinco escuelas con 367 alumnos de ambos sexos, al declinar su mandato en 1879, presentó una inscripción de 700 alumnos y una nueva escuela.

Cuando 1889 se extinguía, y como consecuencia de su precario estado de salud, decidió abandonar la actividad municipal. Falleció tres años más tarde.

Hoy, Manuel Estévez Caneda es recordado en el nombre de una calle que empieza en la avenida Mitre y termina en la avenida Debenedetti, que tendrá punto final en 1889, como consecuencia de su precario estado de salud. Tres años más tarde falleció. Había sido designado presidente de la municipalidad e intendente siete veces.

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