ÚLTIMAMENTE TRABAJABA Y VIVÍA UNA BUENA PARTE DEL AÑO EN SU TIERRA DE ORIGEN

José Solla, pintor gallego universal afincado en Mar del Plata, falleció a los 93 años en la capital marplatense

| 10 de septiembre de 2021, 14:05
Cuadro de Solla para GM
Cuadro que José Solla regaló a Galicia en el Mundo en julio de 1993 durante una visita a la redacción.

José Solla Crespo, pintor gallego afincado en Mar del Plata, falleció en horas de la mañana de este jueves a los 93 años en la capital marplatense, víctima de una dolencia de la que no pudo recuperarse. Natural de Castro, en Marín, donde nació en 1927, residía desde 1950 en Mar del Plata, a pesar de que “de España nunca me separé por completo”, según aseguraba el propio artista. De acuerdo a la información que proporcionó su familia, será velado este viernes de 10 a 12 en la cochería de Hipólito Yrigoyen 2046 y luego será enterrado en el cementerio de la Loma.

Solla era considerado un pintor de dos orillas: había nacido un 31 de octubre de 1927, en Marín, pero desde los 22 años residía en Mar del Plata. En esta ciudad estudió en la Escuela de Artes Visuales Martín Malharro. Y completó sus estudios de arte con el maestro Demetrio Urruchúa.

Sus frecuentes viajes, exposiciones y un cambio fundamental en su pintura a partir de la década de los setenta, lo vinculan por completo con sus raíces, añadía el propio pintor, que apuntaba que su lazo con Galicia seguía siendo tan fuerte que últimamente trabajaba y vivía una buena parte del año en su tierra de origen. El verano europeo lo pasaba en su casa de Bueu (Pontevedra) y la temporada local se instalaba en la ciudad balnearia argentina. En Mar del Plata fundó la Galería de Arte Solla, sobre la calle Falucho, un espacio que su familia pretende continuar abierto.

La última muestra en Mar del Plata se produjo el verano pasado en el Museo de Arte Juan Carlos Castagnino: expuso la muestra que llamó ‘Palmira’, según informa el diario ‘La Capital’. Y en 2019 expuso en el Museo de Arte Contemporáneo de Mar del Plata varias de sus obras bajo el nombre de ‘Rosalía’. Allí, el público pudo disfrutar de las obras de este artista marinense, que según él mismo confesó, “dejan constancia de su particularidad a través de un lenguaje definido, cuyo sonido habla de Galicia, de la galleguidad, de la poesía, esa que nace de la sorpresa y la intensidad, la fragilidad y la hondura, la sensualidad y la mística”. El propio Solla hizo de anfitrión del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, cuando visitó esta muestra en septiembre de 2019.

La muestra ‘Rosalía’, que contó con el auspicio de la Xunta de Galicia, la dedicó a su hijo, fallecido un tiempo antes. “El hacer tranquiliza y cura. El tiempo va quedando atrás y la pintura hace olvidar su marcha. No me quejo, busco la libertad y denuncio el tabú y el miedo. El hombre debe ser libre y expresarse en libertad”, dijo en el catálogo de aquella muestra.

Sobre la obra de Solla, el presidente Feijóo dijo: “La naturaleza de Solla destila galleguismo al igual que destila argentinismo y siempre está bañada de mar, de agua salada por el Atlántico, sin importar desde qué orilla empiece a ser recorrido”. Marcó así la voluntad de este artista plástico por unificar las dos regiones.

Durante una visita que realizó José Solla en agosto de 2018 al secretario xeral de Emigración de la Xunta, Antonio Rodríguez Miranda, éste ensalzó la figura de Solla como ejemplo de la aportación de la emigración gallega a la cultura universal. Ambos volverían a reunirse en noviembre de ese año en Mar del Plata para ultimar la exposición que se celebraría al año siguiente en el Museo de Arte Contemporáneo de esa ciudad.

‘Galicia en el Mundo’ conserva uno de sus cuadros, que el propio pintor obsequió al periódico en una visita que realizó en julio de 1993. José Solla escribió una cariñosa dedicatoria al pie de la obra: “Para mis amigos de Galicia en el Mundo con sincero afecto. Vigo, julio 93”.

 

 

Trayectoria

Prácticamente toda su trayectoria artística, ha transcurrido en Argentina, donde residió desde 1950, si bien fue recobrado para Galicia en la década de los ochenta, realizó varias exposiciones que confirmaron a un pintor cuajado, imaginativo, lírico, erótico a veces, excelente conocedor de la mejor tradición europea y del arte autóctono hispanoamericano, que ha absorbido para darle una expresión muy personal. José Solla estudió en la Escuela Superior de Artes Visuales Martín A. Malharro, con el profesor Demetrio Urruchúa, maestro de tantos excelentes artistas de origen gallego. Realizó su primera muestra en 1964. Concurrió a las Bienales de Pontevedra de 1973, 1974 y 1976. En la segunda edición internacional de este importante certamen consiguió la Medalla de Oro. Otros galardones los obtuvo Solla en Caserta, Italia; en Buenos Aires, Mar del Plata y Salta, en Argentina.

La exposición que confirmó su categoría de pintor cuajado y personalísimo la realizó en el Centro Cultural de Caixavigo, en 1990, dentro de la serie de Grandes Artistas Gallegos. Está representado en museos de Suramérica, Brasil, México, Chile, Estados Unidos, Italia, y en los de Pontevedra y Vigo.

Solla es a un tiempo lírico y expresionista. Sus paisajes, habitualmente marinas, más intuiciones que representaciones, son de una levedad exquisita, danzante, de materia delgadísima y sentidos a modo mural. Las composiciones de figuras, en cambio, son barroquizantes, abigarradas, con fuerte carga erótica y un mundo de esperpéntico, claro que deliberado. Se apoya en un dibujo de gran soltura, lo que le permite complejidades sorprendentes, con evasiones a lo onírico. Seres imaginarios, inspirados en mitologías precolombinas, pueblan espacios ideales y son como trasnadas en las que al fin está el gallego soñador, evocativo, que Solla llevaba dentro desde su infancia mirando a la ría de Pontevedra.

Era un acuarelista consumado, de grafismo directo en la mancha, capaz de crear mundos ideales en los que hay pájaros totémicos y seres alados que deambulan por espacios sugeridos por una imaginación desbordante. Un pintor multiforme, inconfundible, atractivo, de obra muy bien hecha, porque sabía refrenar el torrente de su imaginación para asentarlo en ámbitos diferentes, donde lo grotesco se humaniza y lo humano se desborda en mitologías imprecisables.

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