SU PELÍCULA ‘MORRIÑA’ ES UN HOMENAJE A LA EMIGRACIÓN GALLEGA

Esther Goris, la argentina-gallega que triunfa en el cine latinoamericano: “Soy gallega por los cuatro costados”

| 22 de octubre de 2020, 11:29
Esther Goris, durante su interpretación de Evita.
Esther Goris, durante su interpretación de Evita.

Esther Goris nació en Buenos Aires el 5 de marzo de 1963. Es actriz, escritora, cineasta y directora. Su papel de Evita en la película ‘Eva Perón’ le dio premios y proyección internacional.

Su interpretación de Eva Perón es uno de los grandes hitos de su trayectoria profesional. Goris destacó sobre Evita “el coraje de estar a la altura de su propio destino”. Su película ‘Morriña’ es un homenaje a la emigración gallega. Como ella dice, “soy gallega por los cuatro costados”.

Pregunta. ¿Cuéntenos sus orígenes gallegos?

Respuesta. Vamos a decir que soy hija, nieta, bisnieta de gallegos. Toda mi familia nació en Galicia. Toda mi familia inclusive está en Galicia. Soy la única que está en Argentina. La familia de mi madre, Rosalía, nació en Villa de Cruces, eran 11 hermanos y la de mi padre, Severiano, 5. Es decir que tengo una familia numerosísima en Galicia. Alguna gente muy joven de la familia se ha ido a otras zonas del Estado español.

Es muy increíble, pero la primera vez que fui a Galicia un señor que iba por un camino se paró y me dijo: ‘Dicen que eres mi prima ¿Eres de los Goris?’. Yo quedé sorprendida. Le dije que sí, claro. Lo cierto era que en todo el pueblo ya se sabía de mi presencia y, por cierto, tenía muchos familiares.

P. ¿Cómo se conocieron sus padres?

R. Se conocieron allá en el pueblo. Eran amigos. Aunque mi madre estaba muy enamorada de él, mi padre parece que no tanto. Además, había un gran problema; mi padre era de una familia muy pobre y mi madre era de la familia del médico.   Aunque en los periodos de posguerra también eran muy, muy, pero muy pobres. Ellos pasaron todas las vicisitudes económicas después de la guerra española.

P. ¿Luego se reencontraron en la Argentina?

R. El tiempo sigue pasando hasta que, en 1951, mi madre parte del puerto de Vigo en la línea italiana ‘Giovanna C’. Llega a Buenos Aires el 18 de enero: por aquel entonces tenía 28 años. La Argentina estaba gobernada por el general Perón y tenía una economía próspera.

Allí en Buenos Aires la estaban esperando, entre abrazos y lágrimas. Ante una ciudad de Buenos Aires imponente. Mi madre comienza una nueva vida. Al otro día empieza a trabajar como mucama. 

P. ¿Y su padre?

R. Mi padre había emigrado antes, llegó a Buenos Aires el 8 de junio de 1950 en el barco ‘Entre Ríos’. Por ese entonces, tenía 26 años.

Desde que llegó se dedicó a trabajos rurales. Por dormir a la intemperie en los trabajos rurales que realizaba en la Pampa, contrajo la tuberculosis. Eran muchos los inmigrantes gallegos que llegaban sin defensas en sus organismos y contraían la enfermedad. En Galicia la tuberculosis era una enfermedad endémica.

Estuvo internado en el Hospital Muñiz, durante 14 meses. Mi madre, quien era mucama, lo cuidó con muchísimo amor. De modo que un buen día, el 19 de noviembre de 1954 –si ellos me han contado bien–, mi padre se va del hospital. Se viste allí. Mi madre se cambia en la casa de sus patrones. Y se casan.

P. Parece una película.

R. Sí. Ese mismo día se casan. Participa de la fiesta un grupo pequeñito de invitados, los padrinos y ellos. Comieron una comida típica gallega. Luego cuenta mi madre que fueron al cine y posteriormente al teatro. Parece ser que le dio largas al asunto. Ya esa misma noche durmieron en la casa, como caseros. Donde fueron contratados los dos. Es decir que mi madre salió de la casa donde trabajaba como mucama y mi padre sale del Hospital Muñiz, que estaba especializado en enfermos tuberculosos.

P. Luego, ¿dónde se fueron a vivir?

R. Ellos vivían en Monte Grande, en la zona sur del Gran Buenos Aires, en un barrio muy humilde. Luego se mudan a Banfield, donde yo viví a partir de los 3 años. Me crié en Banfield, lugar al que quiero mucho, por supuesto. Aunque a los 20 años estaba viviendo acá en el centro de la ciudad de Buenos Aires, particularmente en el barrio del Once. Había conseguido alquilar una casa antigua, que era muy vieja y casi se venía abajo. Yo lo había decorado con todo esmero. Había pintado los pisos, hasta los azulejos del baño, como para taparle un poco el deterioro que tenía aquel apartamento, del cual pagaba un alquiler bajísimo.

P. ¿Cómo vivían sus padres su carrera artística?

R. Por supuesto vivían con mucho orgullo mis pequeños triunfos. Con mucha alegría cada uno de mis logros. Más adelante, en el año 95, ellos deciden volver a Galicia. Mi padre extrañaba mucho su tierra, mi madre también. Pero mi padre no había día sin que hablara de su tierra. De modo que yo los ayudé, porque ellos tenían mucha culpa de dejarme a mí aquí. Pero yo quería que fuéramos felices y los dejé partir, después me arrepentí un poco.

P. ¿Cómo sigue la historia?

R. Después de allí, mi madre comienza a producir plantas de flores. Iba con un canasto a venderlas a la feria. Es así que se pone un puesto y luego compra un negocio. Yo recuerdo que cuando era chica mi madre regresaba de la feria con una gran alegría. En España a las mujeres –por lo menos en la casa de mi madre– no las dejaban sentarse en la mesa.

Mi madre por el hecho de poder trabajar, ganar su dinero y manejar su vida, hacía que fuese enormemente feliz. Ella estaba muy enamorada de mi padre. De modo que mi madre fue muy feliz en la Argentina. Mientras que mi padre la ayuda trabajando como jardinero. Este fue el trabajo que él hizo desde los 6 años, hasta el día de su muerte. Murió a los 88 años de una muerte muy linda, con mi madre dándole un beso. Sus últimas palabras fueron: “Me siento mal”. Se recostó y falleció.

P. ¿Ahora cuéntenos sobre su vida?

R. Yo tuve la suerte de poder acceder a una educación que mis padres no pudieron. Si bien es cierto que trabajaba también. Estudié la carrera de Letras, en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Por ese entonces empecé también a estudiar teatro al mismo tiempo. Tenía que trabajar para poder estudiar, de modo que tenía una vida bastante ocupada. A pesar de la represión de aquellos años, participaba de un grupo de jóvenes que nos oponíamos al Gobierno del general Videla.

En mi profesión tuve bastante suerte porque comencé a trabajar como actriz muy temprano. Es cierto que después hubo que tener una gran paciencia, persistencia, una gran tolerancia a la frustración, que es lo que tiene que tener todo artista.

P. ¿Cómo fue el retorno de sus padres a Galicia?

R. Mis padres vivieron felices en Galicia cultivando la tierra. Tenía una huerta maravillosa. Yo los iba a visitar cuando mis trabajos me lo permitían. Cultivaban desde las famosas nabizas hasta las fresas, etc. Tenían frutales de lo que se te ocurra. De esa huerta podían vivir allí, sin necesitar nada del exterior. Salvo el aceite y la sal, como me decía mi madre. Allí fue donde estuvieron viviendo los últimos años. Desde el año 95 hasta que mi padre falleció en 2011. Es entonces que mi madre decide volver a la Argentina.

Mi madre, pese al dolor que le provocó la muerte de mi padre, fue muy feliz al poder estar conmigo. A sus 70 años cursa los estudios primarios. Yo quise contratarle un profesor. Inclusive profesores amigos que hubieran podido ir a verla. Pero ella quiso ir todos los días al colegio y salió abanderada a los 70 años.

Falleció hace un año y medio. Tuvo una bella vida. Pudo cumplir sus deseos, casarse con el hombre que amaba y tener una hija que la quería mucho.

P. ¿Cómo fue su primera visita a Galicia?

R. La primera vez que fui a Galicia fue en el año 1990. Yo no conocía mi familia. Cuando yo nací, mis padres ya eran muy grandes y hacía tiempo que estaban casados. Mi madre no podía tener hijos y finalmente nací, casi como por milagro.  Voy a Galicia por primera vez en el año 1990. Fui a trabajar a España en una gira con el espectáculo ‘Tango Varsoviano’, una obra de Alberto Félix.

P. ¿Cómo les fue con esa obra musical? 

R. Era una obra que habíamos ensayado durante un año en el ‘Teatro del Sur’. Lo trabajamos en un sótano, porque en ese momento el ‘Teatro del Sur’ era un pequeño sótano donde se hacían obras maravillosas. Este ‘Tango Varsoviano’ estuvo en los mejores festivales de teatro alternativo de arte del mundo. Recorrimos esta obra por toda España, menos por Galicia.

P. ¿Cómo llegó a Galicia?

R. Entonces cuando mis compañeros se fueron, los despedí en Madrid. Esa misma tarde vinieron a buscarme unos tíos y me llevaron a Galicia. Recuerdo que había mucha niebla. Entré en Galicia como de una manera casi mágica, como los cuentos de hadas o la literatura gótica. Fue inolvidable.

P. ¿Cómo nació la idea de filmar ‘Morriña’?

R. Quería hablar de la lucha de los inmigrantes en Argentina y tomé como ejemplo a mis padres. Conseguí un subsidio muy pequeñito y puse yo otra parte del dinero.

La idea era filmar una parte en Buenos Aires y otra parte en Galicia. Pero una semana antes de comenzar el rodaje en la Argentina falleció mi padre. Yo creo que con la emoción de venir a verme hacer esa película. De modo que en lugar de venir él aquí, fui yo a su sepelio a despedirme de él. Cuando lo enterramos, yo le dije a mi madre, pues esta película la vamos a hacer igual. Contraté un camarógrafo en Santiago de Compostela y ahí comenzamos a filmar ‘Morriña’. 

P. ¿Qué es la morriña es su vida? 

R. Es la melancolía, es un lujo que no puedo darme. Porque hay tanto dolor, tanta hambre, tanta en mis ancestros, que ya con que haya sol y que pueda comer y pueda bailar un pasodoble, ya es motivo suficiente para estar feliz.

P. ¿Qué recuerdos tiene de la colectividad gallega?

R. Recuerdo con mucha felicidad cuando era chica y mis padres me llevaban a bailar a los centros de gallegos. Especialmente, al Centro de La Estrada, de donde eran originarios.

Recuerdo que mi mamá llevaba comida preparada o mi padre preparaba un asado. Comíamos y luego se levantaban las mesas con los caballetes y se bailaba el pasodoble. Yo era tan feliz. Mis padres bailaban muy bien. Y yo me sentía muy orgullosa y muy feliz, cuando mi padre me sacaba a bailar.

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