ELISA VÁZQUEZ DE GEY, AUTORA DEL LIBRO ‘UNA CASA EN AMARGURA’

“La correspondencia reveló que el proyecto de Urbano Feyjóo en Cuba fue esclavitud encubierta”

| 07 Marzo 2016 - 09:43 h.
Portada del libro.
Portada del libro.

Mediados del siglo XIX fue un periodo trágico para Galicia. A la epidemia de peste que asoló la región, debido a las constantes lluvias hay que añadir la maniobra del militar y diputado en Cortes por la provincia de Ourense Urbano Feyjóo, quien, en medio de tan calamitoso escenario desatado en 1853 decide ofrecer a los gallegos como mano de obra barata en Cuba en sustitución de los esclavos africanos. Los engañó concediéndoles un pequeño anticipo y con la promesa de un tiempo de tres meses de aclimatación en la isla, provistos de alimentos y doctores. Las vivencias de ese tiempo olvidado cobran actualidad en el libro ‘Una casa en Amargura’, de la escritora lucense Elisa Vázquez de Gey.

Pregunta. ‘Una casa en Amargura’ (Ediciones B, 2015) es una novela sobre la esclavitud en la Cuba de finales del siglo XIX. Un relato sobre el mundo de los esclavos en las casas de familias criollas habaneras y narra su lucha por la libertad. ¿Cómo era ese mundo?

Respuesta. La historia nace del día a día cotidiano en una casona de la Calle Amargura en la Habana Vieja, pero despliega una trama ambientada en el universo colonial entre 1850 y 1882, es decir los años anteriores e inmediatamente posteriores a la abolición de la esclavitud en la Cuba española. En realidad es una época histórica muy poco transitada desde el punto de vista literario.

En las primeras páginas nos topamos con un suceso inesperado (la muerte de una mujer libre de color, antigua esclava) y una encomienda póstuma que la fallecida deja a sus amigos: les ruega que localicen a dos personas totalmente desconocidas para que estén presentes en la apertura de un curioso testamento. A partir de ahí la trama sumerge a los personajes en una indagación trepidante por archivos de copistas, estudios de síndicos y curiosos domicilios de escribientes callejeros a lo largo de la cual suceden descubrimientos sorprendentes y se desvelan los secretos más escondidos. Es esa misma búsqueda la que pone ante los ojos del lector los entresijos de la vida de amos y siervos en las espléndidas casonas de una Habana a la vez opulenta y miserable, donde la esclavitud se codea con la riqueza más ostentosa. Una Real Villa poblada por ricos españoles, militares, damas de familia criolla, inmigrantes gallegos, chinos adinerados, culíes esclavizados y cautivos africanos.

P. En este libro, desvela un episodio poco conocido de la historia de Galicia y es que, por aquellos años, más de 1.700 gallegos fueron llevados a Cuba y vendidos por Urbano Feyjóo Sotomayor. ¿Cómo se desarrolló este episodio?

R. En efecto, entre los personajes que deambulan por la novela está uno de los 1.744 gallegos que desembarcaron en el Muelle de Caballería de La Habana formando parte de las ocho expediciones de ‘colonos inmigrantes de campo’ que habían sido contratados en las aldeas de Galicia por el empresario orensano residente en Cuba Urbano Feyjóo Sotomayor.

P. ¿Quién era Feyjóo Sotomayor?

R. Pues sorprendentemente Urbano Feyjóo, como decían en el siglo XIX “era gallego de nación”, militar y diputado a Cortes por la provincia de Ourense, pero también accionista de la empresa del Ferrocarril de La Sagua, y rico comerciante. Llegó a administrar en Cuba cinco ingenios, tres cafetales y varias haciendas con los poderes que le habían firmado la familia de su cuñada, los Lapaza de Martiatu.

Cuando advirtió que la entrada de brazos africanos comenzaba a escasear, Feyjóo buscó apoyos políticos y administrativos para fundar una Compañía Patriótico-Mercantil cuya finalidad sería contratar gallegos pobres al irrisorio salario de cinco pesos mensuales y trasladarlos a Cuba para trabajar en el campo.

Se trataba de un plan de colonización gallega bajo el título de ‘Compañía Patriótica-Mercantil de ayuda a Cuba y salvación de Galicia’ y en el proyecto el empresario afirmaba que “dado el aumento fabuloso del precio del esclavo negro, debido a las condiciones prohibitivas de su transporte y a los peligros de la confiscación por parte de la marina inglesa, las ventajas de esta pacífica importación de asalariados blancos de forma masiva y continua se impone por sí misma”. Con tales razonamientos y no pocas ayudas políticas, Feyjóo consiguió permisos, ayudas y el Privilegio Real para trasladar inmigrantes a la Isla en régimen de exclusividad durante un periodo de 15 años.

P. ¿Cómo era el ambiente político y social en Cuba en la época que describe?

R. Hay que tener en cuenta que se trataba de la Cuba esclavista. ‘La emperatriz del azúcar’, ‘la perla del Caribe’ enviaba cada día buques cargados de oro a España a base del trabajo de africanos esclavos. Las autoridades españolas militares, políticas y eclesiásticas lo tenían claro, al igual que el enjambre de funcionarios civiles de la Isla.

En el año 1853, la marina inglesa patrullaba los océanos impidiendo la llegada de barcos negreros a los puertos coloniales españoles y los casi dos mil ingenios de la Isla, pese a estar parcialmente mecanizados, precisaban brazos. La gran riqueza de Cuba (maderas, cacao, café, tabaco y azúcar, sobre todo azúcar) dependía de brazos negros, pero la trata estaba prohibida, la mano de obra escaseaba y el precio de los esclavos se había encarecido hasta límites insospechados.

Es en este contexto cuando Urbano Feyjóo, político peninsular, acaudalado e influyente, pergeña su ambicioso proyecto de ‘Ayuda a Cuba y Salvación de Galicia’ y propone a las autoridades de la Isla su proyecto de importación de trabajadores. Al conseguir el Privilegio Real para su iniciativa de inmigración comienza un nuevo tipo de trata, esta vez de blancos, oculta bajo el nombre de ‘Patriótica Empresa’.

P. Y en Galicia, ¿cómo era el ambiente por entonces?

R. Hablamos del año 1853, fecha que ha permanecido en la memoria colectiva como la del inicio de la inmigración de gallegos a Cuba. En esa fecha el Gobierno español calificaba a Galicia como “región con graves dificultades económicas, sobrante de población y cuyos habitantes tenían ‘propensión a emigrar’ en la que más de dos tercios de los gallegos en edad de trabajar eran labradores que se afanaban pobremente en una tierra subdividida en pequeñísimas parcelas”.

1853 fue un año trágico para las cuatro provincias: Llovió tanto, y tanto tiempo, que las cosechas se pudrieron. El ganado enfermó de peste. Una epidemia de cólera diezmó la población y la pobreza y el hambre hicieron el resto. “Por caminos, corredoiras, y por las calles de las ciudades –afirmaba Manuel Murguía en ‘Los precursores’–, fallecían de inanición, a bandadas, las gentes sin el menor ánimo para sublevarse”. Y, por dar otro ejemplo, Ramón Pasaron y Lastra en su ‘Informe sobre el estado en que halló a los pobres de Galicia, el hambre que los afligió durante el año 1853, y sobre el establecimiento en cada uno de sus partidos judiciales de una caja de préstamos hipotecarios’ atestigua: “No faltaban alimentos, no. Lo que les faltaba a estos infelices era un real para pan, o especies para cambiar...”.

En medio de tan calamitoso escenario, irrumpe en escena el orensano Urbano Feyjóo Sotomayor. Conocedor de la urgencia de mano de obra barata en la opulenta Cuba e insensible ante el panorama de una Galicia moribunda decide vincular el hambre con las ganas de comer y presenta a las autoridades de la Isla su proyecto de inmigración.

P. ¿Cómo se desarrolló este episodio?

R. Una vez conseguido el permiso para trasladar mano de obra blanca a Cuba, Urbano Feyjóo se pone manos a la obra y concierta con la empresa Abellá, Braña y Cía. de Ferrol, fletes completos de buques migratorios con matrículas de A Coruña y Vigo.

Entre marzo y agosto de 1854, en seis meses, transporta ocho expediciones de ‘colonos gallegos’, un total de 2.000 hombres (de los cuales llegan a La Habana 1.744), que deposita en ‘centros de aclimatación’ (en realidad inmundos barracones, depósitos de esclavos incorregibles) a la espera de revender sus contratos. Feyjóo, al igual que el ilustre doctor Tomás Romay, defiende el principio de que “un gallego ha de hacer el mismo trabajo que dos negros y al precio que cuesta un esclavo”.

Los inmigrantes son traspasados a hacendados que compran sus contratos y los esclavizan en sus plantaciones e ingenios, obligándoles a vivir en idénticas condiciones que las negradas.

A los dos meses de la llegada de la primera expedición habían fallecido más de trescientos hombres. Viéndose esclavos y a sabiendas de que las condiciones de vida que sufrían no eran las que especificaba el contrato que habían firmado, los gallegos se rebelaron y fueron duramente castigados. Los que lograron huir, se refugiaron en palenques de esclavos fugitivos o deambularon enajenados, harapientos y mendigando comida. A petición de los hacendados, que consideran a los gallegos una propiedad comprada y pagada, el capitán general da orden al ejército de “perseguir a los cimarrones gallegos” por lo que acaban encarcelados, hospitalizados o encerrados en depósitos.

No contaban con que algunos localizaron a escribientes y dictaron cartas que luego enviaron a Galicia. Gracias a esta correspondencia, las familias tienen noticia de lo que está sucediendo y acuden a las autoridades. El proyecto de Feyjóo se revela de esclavitud encubierta y, tanto en Cuba como en España, se alzan voces airadas, que llegan a las Cortes avaladas, entre otros, por diputados de la talla de Ramón de La Sagra.

Ante el escandaloso fracaso de su iniciativa, el promotor deja la empresa en manos de administradores, abandona la Isla y regresa a Madrid donde, asombrosamente, ocupa su asiento de diputado y está presente en todas las sesiones.

P. Los gallegos desplazados, ¿podían imaginarse el futuro que les depararía la travesía o, por el contrario, fueron engañados?

R. Tengo la certeza de que no se imaginaban lo que iba a suceder. Tras la firma del contrato, el empresario les había dado un pequeño anticipo (que la mayoría dejó a su familia), y adelantado el pasaje del barco. Asimismo les había proporcionado dos equipos completos de ropa adecuada para el trópico y prometido tres meses de aclimatación en lugar adecuado, con alimentos sanos y doctores. Eran pobres y analfabetos pero conocían sus derechos y eran conscientes de que habían firmado un contrato de una duración de 5 años para trabajar como campesinos con un salario discreto. Cuando se vieron trabajando 18 horas al día, viviendo entre las negradas y sufriendo castigos corporales, siendo como eran individuos blancos, cristianos y súbditos del reino de España, comprendieron que todo había sido un engaño y que el promotor les había prometido lo que nunca pensó cumplir.

P. ¿Qué repercusión tuvo aquella ‘aventura’ en las víctimas?

R. Más que aventura yo lo llamaría tragedia. Quedaron marcados para siempre. Hay que pensar que a estos hombres nada más llegar a Cuba la Empresa les retiró la documentación. No tenían papeles, no conocían el país, no sabían dónde estaban, dónde tenían que ir, ni a quién acudir. Algunos estaban tan avergonzados de encontrarse en semejante tesitura que huyeron y se escondieron en los palenques de cimarrones; se quedaron allí para siempre. Hubo otros que se sentían humillados y no se atrevieron a volver a Galicia. Muchos estaban enfermos y otros heridos por el trato que habían recibido en los ingenios… Por no hablar de los fallecidos.

A finales de 1854, el Gobierno nombró un capitán general en Cuba con orden urgente de zanjar, de una vez por todas, la cuestión de los gallegos. Era preciso facilitar el retorno de quienes deseasen abandonar la Isla y reinsertar a los que optasen por permanecer en ella.

El capitán general, Gutiérrez de la Concha, resolvió el asunto urdiendo un plan de choque en cuatro etapas:

En un primer momento regresaron a Galicia, por propia voluntad, algo menos de trescientos hombres. A continuación se suprimió el trabajo de los convictos en el ferrocarril y ofrecieron sus puestos a los gallegos de Feyjóo, ahí se ocuparon quinientos hombres. En una tercera fase se propuso alistamiento en el ejército español a aquellos que tenían alguna experiencia militar; se incorporaron a filas cerca de doscientos cincuenta. Finalmente, el ‘Diario de Avisos’ publicó una oferta de reclutamiento para servicios municipales: en limpieza, repartos, puerto, recogida de basura, alumbrado de gas, … que empleó a 120 hombres.

Si se echan bien las cuentas los que restan de los 1.744 gallegos que llegaron a La Habana en las ocho expediciones de Feyjóo, o ya estaban difuntos o se habían apalencado con negros huidos. Son los cimarrones ojiazules con los que tanto se fabula en Cuba.

P. ¿Hubo alguna respuesta política para frenar tal desastre?

R. Las Cortes, tras largas e inflamadas discusiones y no pocos rifirrafes políticos, zanjaron la cuestión: los inmigrantes quedaban libres de las obligaciones contratadas con la empresa y se les ofrecía la posibilidad de regresar a Galicia o de quedarse en Cuba. La compañía se liquidaría, el promotor se libraba y los trabajadores no tendrían derecho a reclamación.

El empresario nunca reconoció su culpa y no pidió perdón.

P. ¿De qué documentos se sirvió para crear este relato?

R. He utilizado fuentes históricas cubanas y españolas. Y periodísticas (la prensa habanera se hizo eco puntualmente del asunto y día a día publicaba noticias sobre el proyecto de Feyjóo, la llegada de barcos con gallegos, la rebelión, detenciones, encarcelamientos…). Por supuesto he tenido acceso a ejemplares de los contratos, a las listas de los inmigrantes, y a un ejemplar del proyecto de ‘La Patriótica Empresa’. También la memoria que el propio Urbano Feyjóo redactó para justificar el fracaso de su iniciativa. En la biblioteca de las Cortes se conservan las actas de las sesiones y también están depositadas las cartas que los gallegos enviaron a sus familias donde daban cuenta del trato que estaban recibiendo.

Las fuentes, las instituciones y las personas que me han inspirado están citadas en www.unacasaenamargura.com, que es una web dedicada a la novela y muy especialmente a la esclavitud doméstica femenina habanera del sigloXIX.

P. ¿Qué fue lo que le animó a sumergirse en este aspecto concreto de la historia de la emigración gallega?

R. El total convencimiento de que episodios como éste han existido pero se desconocen por haber sido silenciados tanto en Galicia como en España.

P. ¿Cuánto tiempo estuvo indagando en este asunto?

R. La fase de documentación de una novela histórica como ‘Una casa en Amargura’ es complicada, larga y dificultosa. Estuve trabajando en ella alrededor de 4 años. Viajé a varios países de África para documentar la esclavitud francesa y española, a la Isla de La Reunión, donde transcurre la primera etapa de la vida de la protagonista, varias veces a Cuba para conocer la historia colonial y el contexto esclavista y por supuesto también me documenté en Galicia.

P. ¿Se plantea seguir escribiendo sobre la emigración?

R. Posiblemente sí. Aunque no seguiré con el siglo XIX. Tal vez Argentina en los años 30… el tiempo lo dirá.

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